Brown salio al porche y el silencio lo asusto; el mundo parecia un paisaje informe de niebla y luces del alba. No se oia nada. Ninguna senal de vida. Escudrino el patio y luego se asomo al lateral de la casa, desde donde diviso a Ferguson corriendo hacia el coche aparcado detras.

– ?Alto! -le grito.

Ferguson se detuvo, pero no para rendirse: en la mano derecha empunaba un revolver de canon corto. Disparo dos veces y las balas silbaron cerca del teniente. Brown se sorprendio al percibir que las detonaciones eran las del arma de Wilcox. Un maremoto de furia estallo en su interior.

– ?Alto, hijo de la gran puta! -volvio a tronar, y salio corriendo por el porche, devolviendo los disparos.

Sus balas no alcanzaron a Ferguson, pero impactaron en el coche, una de cuyas ventanas estallo. Aquel fragor diabolico inundo el aire de la manana.

Ferguson volvio a disparar mientras corria hacia la hilera de arboles que habia al fondo del descampado. Brown tomo posicion en el extremo del porche y se ordeno afinar la punteria. Respiro hondo y con los ojos enrojecidos de furia y dolor vio pasar por la mira de la pistola la espalda del asesino. «?Ahora!»

Y apreto el gatillo.

La pistola se movio en su mano y el tiro se desvio, impactando contra el tronco de un arbol.

Ferguson se volvio, miro a Brown y disparo otra vez antes de desaparecer en la oscuridad del bosque.

En cuanto Brown salio por la puerta, Shaeffer corrio hacia la anciana. Se arrodillo, con la pistola aun en la mano, extendio la mano libre y palpo suavemente el pecho de la mujer, como un nino cuando toca algo para comprobar si es real. Al levantar la mano tenia los dedos manchados de sangre. La anciana respiro por ultima vez con un sonido sordo y entrecortado al inspirar. Despues exhalo el ultimo suspiro. Shaeffer se quedo mirandola fijamente y luego se volvio hacia Cowart.

– No tenia opcion… -dijo.

Esas palabras sacaron del trance catatonico al periodista. Cruzo la habitacion y recogio la escopeta del suelo. La abrio rapidamente y comprobo que las dos recamaras estaban vacias.

– Vacia -dijo.

– Oh, no -respondio Shaeffer.

El le entrego la escopeta.

– Oh, no -repitio ella en voz baja-. ?Mierda! -Miro al periodista en busca de consuelo. De pronto parecia tremendamente joven-. No tuve opcion -repitio.

En el exterior, oyeron el estampido de los disparos.

Cowart se agacho instintivamente. Entre las detonaciones, el silencio era mas profundo y denso, y el se sintio como un nadador en medio del oceano. Cogio aire y corrio hacia la puerta. Shaeffer lo siguio.

Vio a Brown en la esquina del porche, disparando ansiosamente con su revolver ya vacio. El gatillo resonaba en vano, hasta que el teniente comenzo a recargar su arma.

– ?Donde esta? -pregunto Cowart.

Brown repuso:

– ?Y la anciana?

– Ha muerto -respondio Shaeffer-. Yo no sabia…

– Usted no podia evitarlo…

– La escopeta estaba vacia -anadio Cowart.

Brown lo miro con gesto de resignacion. A continuacion se incorporo y senalo hacia el bosque.

– Voy tras el.

Shaeffer asintio con la sensacion de estar siendo arrastrada por una corriente invisible. Cowart tambien asintio.

El teniente bajo del porche de un salto y se lanzo a cruzar el claro a paso ligero, camino de las sombras que comenzaban unos cincuenta metros mas alla. Fue acelerando el ritmo a medida que avanzaba, de modo que, al llegar a la oscura vegetacion que habia engullido a Ferguson no corria muy deprisa pero si lo suficiente para compensar los minutos que el asesino le llevaba de ventaja.

Era consciente de que los otros dos iban jadeando tras el a unos metros de distancia, pero no les presto atencion. En lugar de esperarlos, se adentro en la frondosidad del bosque, con la mirada fija en un estrecho sendero, sabiendo que su presa no tardaria en aparecer en medio de la espesura. Se dijo: «Este tambien es mi territorio. Yo tambien me he criado aqui. Lo conozco tan bien como el.» Continuo avanzando.

El calor iba creciendo, absorbiendoles la energia a medida que se internaban en la marana de ramas y enredaderas. Sin abandonar el estrecho sendero, Shaeffer y Cowart seguian a Brown con el impulso de su determinacion. El teniente avanzaba sin parar, intentando anticiparse a los movimientos de Ferguson.

De vez en cuando aparecian senales de que Ferguson tambien iba por aquel sendero: Brown vio una huella en la tierra humeda y Cowart encontro un desgarron de la sudadera gris enganchado en un espino.

La tension y el sudor les nublaban la vista.

Brown recordo la guerra, y penso: «Yo he estado en sitios mucho peores que este.» Sintio una mezcla de temor y emocion y continuo. Shaeffer avanzaba con dificultad, sin poder apartar de su cabeza la imagen de la anciana abatida en el suelo de la cabana, mezclada con un recuerdo difuso de Wilcox desapareciendo en la oscuridad de aquel barrio siniestro. Penso que la muerte se estaba burlando de ella; cada vez que intentaba hacer lo correcto, le ponia la zancadilla y ella caia de bruces en el error. Tenia muchas cosas que corregir pero no sabia como.

Cowart tenia la sensacion de que con cada paso se iba adentrando mas y mas en una pesadilla. Habia perdido su libreta y su boligrafo; una mata de zarzas se los habia arrebatado de la mano, produciendole un corte que le escocia de un modo irritante. Por un instante se pregunto que hacia alli. Luego se dijo: «Escribir el ultimo parrafo.»

El suelo era cada vez mas blando y los zapatos se les quedaban pegados a la tierra. Hacia un calor denso y humedo. El bosque tenia un aspecto mas espeso y tupido a medida que se acercaban al pantano, como si ambos lucharan por la posesion de la tierra. A esas alturas los tres estaban llenos de mugre y barro y tenian rasgones en la ropa. Cowart penso que en algun lugar la manana debia de ser despejada y acogedora, pero no alli, no bajo aquel entramado de ramas que tapaba el cielo. Ya ni siquiera sabia cuanto tiempo llevaban persiguiendo a Ferguson. Cinco minutos, una hora, un dia… tal vez la vida entera.

De pronto Brown se detuvo, se arrodillo y les indico que se agacharan. Ellos se acuclillaron junto a el y siguieron la direccion de sus ojos.

– ?Sabe donde estamos? -pregunto Shaeffer entre susurros.

El teniente asintio.

– El lo sabe -respondio senalando a Cowart.

El periodista respiro hondo.

– Cerca de donde encontraron el cuerpo de la nina -dijo.

Brown asintio.

– ?Ve algo? -pregunto Shaeffer.

– Aun no.

Guardaron silencio y escucharon. Un pajaro levanto el vuelo entre las ramas de un arbusto. Se oia un ruidito en otro arbusto. «Una serpiente», penso. Temblaba a pesar del calor. La brisa que soplaba sobre la copa de los arboles parecia muy lejana.

– Esta alli -dijo Brown.

Senalo un claro del denso lodazal de bosque y pantano. Los rayos de sol iluminaban un pequeno espacio abierto en el camino. El claro, rodeado por un laberinto de follaje, tenia unos diez metros de largo. Lograron divisar por donde continuaba el sendero, entre dos arboles alejados, como un agujero de oscuridad.

– Atravesaremos ese claro -dijo Brown en voz baja-. Despues no se tarda mucho en llegar al agua. El agua se extiende a lo largo de kilometros, hasta el proximo condado. Ferguson tiene dos opciones: una, continuar pese a la dureza del camino y llegar al otro lado, suponiendo que lo logre sin perderse y sin que le pique una serpiente o lo devore un cocodrilo o algo asi, pero tendra frio y estara mojado y sabe que yo lo estare esperando; y dos, hacer lo que en realidad quiere hacer: volver sobre sus pasos, acabar con nosotros, coger su coche y no parar hasta la frontera de Alabama.

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