bala conmigo el otro dia. No esta cargada -insistio con su farol.
La anciana se volvio hacia el.
– Si piensa eso es que usted es un estupido. -Miro con frialdad al periodista-. ?Quiere apostar la vida a que no tenia mas cartuchos?
Brown continuaba apuntando a la mujer.
– No quiero disparar -le advirtio.
– A lo mejor yo si -respondio ella-. Solo te digo una cosa: no volveras a llevarte a mi nieto. Antes tendras que pasar por encima de mi cadaver.
– Senora Ferguson, usted sabe lo que el chico ha hecho…
– No me importa lo que haya hecho. Es lo unico que me queda y no pienso dejar que lo apartes de mi otra vez.
– ?Usted llego a ver lo que le hizo a aquella nina? -pregunto Cowart de repente.
– Me da igual -contesto la anciana-. Eso no es asunto mio.
– Ella no fue la unica -se obstino Cowart-. Ha habido otras. En Perrine y Eatonville. Ninas negras, senora Ferguson. Tambien ha matado ninas negras.
– No se nada de ninguna nina -respondio con voz ligeramente temblorosa.
– Y tambien ha matado a mi companero -anadio Brown en voz baja, como si hablando mas alto corriera el riesgo de que la situacion se descontrolara por completo.
– No me importa. No me importa nada de todo eso.
Ferguson se escudo detras de la anciana.
– No dejes que se muevan, abuela -dijo. Y desaparecio por el pasillo central de la casa.
– No pienso permitir que se vaya -dijo Brown.
– Entonces o tu me disparas a mi o yo te disparo a ti -respondio la vieja.
Cowart vio que Brown tenia el dedo sobre el gatillo. Tambien vio que la punta del arma temblaba ligeramente.
El silencio y la tenue luz de la manana inundaban la habitacion. Ni la anciana ni Tanny Brown se movieron.
«Brown no disparara -penso Cowart-. Si hubiera querido ya lo habria hecho. Al principio, cuando vio por primera vez la escopeta. Ahora ya no lo hara.» Miro a Brown y supo que una marejada de sentimientos lo inundaba.
El teniente tenia el estomago encogido y notaba una desagradable acidez en la lengua. Miro fijamente a la anciana, observando su fragilidad de mujer consumida por la edad y, al mismo tiempo, su voluntad de hierro. «?Matala! -se dijo. Y penso-: ?Como podrias hacer algo asi?» Intentaba sopesarlo todo en su cabeza, pero la balanza se inclinaba precipitadamente de un lado a otro.
Ferguson volvio a la sala. Esta vez ya iba vestido del todo: sudadera gris, vaqueros y zapatillas de deporte. Llevaba un pequeno petate de lona en la mano. Hizo un ultimo intento.
– Venga, abuela, matalos de una vez. -Pero su voz no denotaba confianza en que la anciana fuera a hacerlo.
– Marchate -le dijo ella con voz gelida-. Marchate y no vuelvas nunca mas.
– Pero abuela… -dijo el, sin carino ni tristeza, solo con cierto tono de fastidio.
– No vuelvas a Pachoula. No vuelvas a mi casa. Nunca mas. Estais todos llenos de una maldad que me supera. Marchate a otra parte a hacer lo que sea. Yo lo he intentado -dijo amargamente-. Tal vez no lo haya hecho muy bien, pero he puesto todo mi empeno. Habria sido mejor que murieras de pequeno y asi no habrias causado tanto dolor aqui. Ahora coge tu dolor y llevatelo para siempre. Es todo lo que puedo darte ahora mismo. Marchate. Todo lo que pase a partir de que salgas por esa puerta sera asunto tuyo, ya no tendra que ver conmigo. ?Entiendes?
– Abuela…
– No mas sangre, ya no mas, despues de esto -dijo ella con determinacion.
Ferguson se rio y respondio con tono de indiferencia.
– Esta bien. Si esa es tu decision, me voy. -Se volvio hacia Cowart y Brown. Sonrio y dijo-: Pense que acabariamos hoy, pero me temo que no podra ser. Tal vez en otra ocasion.
– El no se va -dijo Brown.
– Si, si se va -repuso la anciana-. Si lo quieres, tendras que buscarlo en otra parte, pero no en mi casa. Mi casa, Tanny Brown, no es gran cosa, pero es mia. Y tu te llevaras este condenado asunto a otra parte, igual que el. Te digo lo mismo a ti. Vete. Esta es la morada del Senor y quiero que continue siendolo.
Brown asintio con la cabeza e hizo un gesto de aquiescencia, pero no bajo el arma, sino que continuo apuntando a la abuela mientras el nieto pasaba por su lado, casi rozandolo, y se dirigia a paso cauteloso hacia la destrozada puerta. Los ojos de Brown lo siguieron, y su pistola temblaba ligeramente como queriendo seguirlo tambien.
– Marchate ya -dijo la anciana. Su voz denotaba profunda tristeza y sus ojos enrojecieron con lagrimas de sufrimiento. Cowart penso: «Ferguson tambien ha matado a su abuela.»
Ya en la puerta, Ferguson volvio la vista atras.
Brown, con furia y frustracion, le dijo:
– No te preocupes, volvere a encontrarte.
– Aunque lo haga, eso no significara nada porque volvere a quedar en libertad -le respondio Ferguson-. Siempre quedare libre, Tanny Brown. Siempre.
Que fuera o no un mero alarde carecia de importancia. Las palabras fueron pronunciadas y resonaron en el espacio que los separaba.
Cowart penso que aquello era el mundo al reves: el asesino quedaba libre y el policia no podia moverse. Quiso hacer algo, pero no supo que. El miedo y la amenaza lo obnubilaban como una terrible pesadilla. «Tengo que hacerlo», se ordeno, y se dispuso a decir algo, pero en ese momento vio que los ojos de Ferguson se abrian como platos. Despues oyo el grito estridente y al borde de la angustia.
– ?Quietos!
Era Andrea Shaeffer, agachada y en posicion de tiro, con los brazos extendidos, la pistola amartillada y apuntando a Ferguson. Estaba tres metros por detras de la anciana, en el pasillo que conducia a la cocina, por la que habia entrado sin que nadie la oyera.
– ?Baje la escopeta! -ordeno, tratando de camuflar la ansiedad con el volumen de su voz.
Pero la anciana no obedecio. En lugar de bajar el arma, se dio la vuelta con movimientos entrecortados, como en las peliculas antiguas, y busco a la detective con el canon de la escopeta, dispuesta a disparar.
– ?Sueltela! -grito Shaeffer. Los dos canones, como ojos de depredador, la apuntaban al pecho. Sabia que la duda solia ir acompanada de la muerte y en esa ocasion no podia fallar.
Cowart abrio la boca y farfullo algo indescifrable.
– ?Dios mio, no! -exclamo Brown, pero sus palabras se perdieron en el eco de la detonacion: Shaeffer habia disparado.
La pistola dio una sacudida en sus manos pero ella, repentinamente frenetica, la domino. Tres disparos sacudieron la quietud de la manana, tres fogonazos que iluminaron fugazmente las habitaciones de aquella cabana pequena y oscura.
El primero elevo a la anciana y volvio a dejarla en el suelo, como si no pesara mas que un suspiro. El segundo dio contra la pared, de la que salieron despedidos fragmentos de yeso y madera. El tercero hizo anicos una ventana y se desvanecio en el aire de la manana. La abuela de Ferguson levanto los brazos y la escopeta cayo estrepitosamente al suelo. La anciana cayo hacia atras, golpeandose contra la pared y quedando inerte en el suelo, con los brazos extendidos como en actitud de suplica.
– ?Dios mio, no! -volvio a gritar el teniente Brown, y corrio hacia la mujer, luego vacilo.
Aparto la vista de la mancha carmesi que se extendia por el camison de la anciana y se fijo en Cowart, que estaba inmovil, pasmado, con la boca entreabierta. El periodista pestaneo, como si acabara de despertar de un mal sueno y dijo para si «Dios mio»; y de repente se volvio hacia la puerta destrozada.
Ferguson habia desaparecido.
Cowart senalo la puerta y farfullo sin palabras, solo con agitacion y desconcierto. Brown corrio hacia alli.
Shaeffer entro en la habitacion con las manos temblorosas, la mirada clavada en la mujer agonizante.
