– No. ?Que le paso a Wilcox?

Ferguson sonrio de nuevo y, a pesar de la negativa, bajo las manos.

– Y yo que cono voy a saber. ?Se ha ido a alguna parte? Espero que al infierno. -Ensancho la sonrisa con gesto burlon.

– A Newark -dijo Brown.

– Pues Newark es el mismisimo infierno -respondio Ferguson.

El teniente entorno los ojos. Tras una breve pausa, Ferguson dijo:

– Nunca lo he visto por alli. Maldita sea, llegue a Pachoula ayer mismo por la noche. Desde Jersey es un viaje bastante largo. ?Dice que Wilcox estaba en Newark?

– El te vio. Te persiguio.

– ?Alto ahi! Yo de eso no se nada. La otra noche un blanco pirado empezo a perseguirme, pero no logre verle la cara. En ningun momento se acerco lo suficiente. De todas formas, lo perdi de vista en un callejon. Llovia mucho. No se que le paso. Ya sabe, en mi barrio hay persecuciones a todas horas. No es extrano tener que largarse por piernas en un momento dado. Y le aseguro que no me gustaria estar en el pellejo de un blanco que ande solo de noche por alli, ya me entiende. Es un lugar muy poco recomendable. Alli la gente te arranca el corazon para canjearlo por una raya de coca.

Volvio la mirada hacia Cowart.

– ?No es asi, senor Cowart? Claro que si, te arrancan el corazon.

Matthew Cowart sintio una ira tan repentina como abrumadora. Miro a Ferguson y la rabia y la frustracion lo embargaron. Se acerco a el y le hinco el boligrafo en el pecho.

– Me mentiste -le espeto-. Me mentiste antes y me estas mintiendo ahora. Tu lo mataste, admitelo. Y tambien mataste a Joanie. Los mataste a todos. ?A cuantos? ?A cuantos, maldita sea?

Ferguson se irguio.

– No diga insensateces, senor Cowart -respondio con fria serenidad-. Ese hombre -senalo a Brown- le ha llenado la cabeza de cosas absurdas. Yo no he matado a nadie. Ya se lo dije el otro dia. Y se lo repito ahora.

Volvio la vista hacia el policia.

– No tiene con que amenazarme, teniente. Absolutamente nada que pueda sostenerse mas de un minuto ante un tribunal, nada que cualquier abogado no pueda hacer picadillo. No tiene nada de nada.

– Yo lo tengo todo -dijo Cowart.

Ferguson le lanzo una mirada furibunda y el periodista noto un calor repentino en la cara.

– ?Cree tener en sus manos algun dato relevante sobre la verdad, senor Cowart? Pues no, no lo tiene.

Ferguson apreto los punos con fuerza.

Brown avanzo echando chispas.

– ?Que te den por culo, Bobby Earl! Vendras conmigo a comisaria. Vamos…

– ?Me esta arrestando?

– Si. Para empezar, por el asesinato de Joanie Shriver, por segunda vez. Y tambien por obstruccion a la justicia, por ocultacion de pruebas y por mentir bajo juramento. Y como testigo material de la desaparicion de Wilcox. Con eso tendremos de sobra.

El rostro de Brown parecia de acero. Introdujo la mano libre en el bolsillo de la chaqueta y saco unas esposas. Elevo el arma a la altura de la cara de Ferguson.

– Ya conoces el tramite. De cara a la pared con las piernas abiertas.

– ?Me esta arrestando? -repuso Ferguson dando un paso atras. Elevo el tono de voz, la ira volvia a embargarlo-. Ya fui exento de ese crimen. Y el resto no son mas que tonterias. ?No puede detenerme!

El teniente le acerco el arma al entrecejo.

– Mirame -dijo lentamente, el gesto desencajado de rabia-. No deberias haber dejado que te encontrara, Bobby Earl, porque ahora todo ha terminado para ti. En este preciso instante. Se acabo.

– No puede acusarme de nada -insistio Ferguson, riendose friamente-. Si pudiera, habria venido aqui con todo un ejercito. No habria traido a un miserable periodista cuyas preguntas idiotas no llevan a ninguna parte. -Escupia las palabras como insultos-. Quedare en libertad, teniente, y usted lo sabe. -Se rio-. Libre como un pajaro.

Pero las palabras de Ferguson contradecian los movimientos nerviosos de su cuerpo. Inclinaba los hombros hacia delante, el ir y venir de sus pies era constante, como si estuviera preparandose para recibir un golpe en un combate de boxeo.

Brown se percato de ello.

– Dame un motivo -dijo-. Sabes que me encantaria.

– No pienso ir con usted -dijo Ferguson-. ?Tiene una orden?

– Vendras conmigo -siseo Brown-. Quiero ver como vuelves al corredor de la muerte, ?me oyes? Ese es tu sitio. Esto se acabo.

– Nunca se acabara -respondio Ferguson, retrocediendo.

– ?Nadie ira a ninguna parte! -exclamo una voz quebrada.

Los tres hombres se volvieron.

Cowart vio los dos canones de la escopeta antes que a la menuda y enjuta abuela de Ferguson. Apuntaba con el arma a Tanny Brown.

– Nadie ira a ninguna parte -repitio-. Y mucho menos al corredor de la muerte.

Brown desvio rapidamente su pistola hacia el pecho de la mujer, agazapandose mientras lo hacia. Ella llevaba un fantasmal camison blanco que ondeaba en torno a su figura cada vez que se movia. Tenia el pelo recogido y los pies descalzos. Era como si hubiera cambiado la comodidad de su cama por una pesadilla. Apretaba la culata del arma bajo el brazo, apuntando al policia, exactamente igual que habia hecho el dia que disparo a Cowart.

– Senora Ferguson -dijo el teniente en voz baja, ya en posicion de tiro-, por favor baje el arma.

– No te llevaras al chico -repuso ella con ferocidad.

– Senora Ferguson, calmese y entre en razon…

– No me hables de entrar en razon. Te digo que no te llevaras a mi chico.

– No me ponga las cosas mas dificiles de lo que ya son.

– Me importa un bledo que sean dificiles. He tenido una vida dificil. A lo mejor morir sera mas facil.

– No hable de ese modo, senora. Dejeme hacer mi trabajo. Todo saldra bien, ya lo vera.

– Ahora no intentes engatusarme con buenas palabras, Tanny Brown. Lo unico que has hecho ha sido traer problemas a esta casa.

– No -replico Brown con suavidad-, no he sido yo quien ha traido los problemas. Ha sido este chico suyo.

Brown habia ido imprimiendo a su discurso el acento sureno, como si intentara hablar el mismo idioma que un extranjero desorientado.

– Tu y ese maldito periodista. Tendria que haberos matado antes. -Se volvio hacia Cowart y le espeto-: Usted solo ha traido odio y muerte.

Cowart no respondio. Penso que habia algo de verdad en lo que decia la anciana.

– No, senora -continuo calmandola Brown-. No he sido yo ni ha sido el periodista. Ha sido su chico. Usted lo sabe.

Ferguson se aparto a un lado, como calculando el alcance de la onda expansiva del disparo. Su voz sono con una cruel serenidad.

– Vamos, abuela. Matalo. Matalos a los dos. -La anciana compuso una expresion de asombro-. Matalos. Adelante. Hazlo ya -continuo Ferguson, retrocediendo en direccion a la anciana.

Brown dio un paso adelante, con el arma aun preparada para disparar.

– Senora Ferguson -dijo-, la conozco desde hace mucho tiempo. Y usted conocia a mi gente, a mis primos; antes ibamos juntos a la iglesia. No me obligue a…

Ella lo interrumpio con resentimiento.

– ?Todos me dejasteis sola hace muchos anos, Tanny Brown!

– Matalos -susurro el nieto, acercandose a ella.

Brown giro la cabeza hacia Ferguson.

– ?Alto ahi, cabron! ?Y cierra el pico!

– Matalos -repitio Ferguson.

– No esta cargada -dijo Cowart de pronto. Continuaba clavado en la misma posicion, deseando desesperadamente ponerse a cubierto pero incapaz de que su cuerpo reaccionara ante el miedo-. Utilizo la ultima

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