– Entendido -respondio, tratando de imprimir alguna firmeza a su voz-. ?Cree usted que va armado? ?Y que nos esta esperando?
Brown se encogio de hombros.
– Es probable que vaya armado. Pero no creo que nos este esperando agazapado. Hemos venido muy rapido, seguramente tanto como el. No me parece que este preparado, todavia no. Pero no olvide una cosa: este es su territorio.
– Ya.
Tanny Brown respiro hondo. Al principio su voz habia sonado fria y distante, pero ahora traslucia agotamiento e inquietud, quizas indicio de un final inminente.
– ?Lo ha entendido? -le pregunto a Shaeffer-. No quiero que Ferguson escape por la puerta de atras y se oculte en la zona del pantano. Si se mete ahi no lograremos encontrarlo. El se ha criado aqui y…
– Lo detendre -dijo ella. No agrego «esta vez lo hare», aunque era lo que tenian en mente los tres.
– Bien -continuo Brown-. Cowart y yo iremos por delante. No tengo una orden, asi que improvisare sobre la marcha. Primero llamare a la puerta y me anunciare, y luego entrare. No se me ocurre otro modo. Al cuerno los procedimientos legales.
– ?Y que pasa conmigo? -pregunto Cowart.
– Usted no es policia, de modo que no tengo control sobre sus actos. Si quiere acompanarnos, hacer sus preguntas, lo que sea, adelante. Lo unico que no quiero es que despues aparezca un abogado alegando que he vulnerado los derechos de Ferguson, otra vez, por traerlo a usted conmigo. Asi que usted va por su cuenta. ?Entendido?
– Entendido.
– ?Le parece bien? ?Lo entiende?
– Si, esta bien -asintio Cowart. Iban separados en busca de lo mismo. Uno llamaria a la puerta con una pistola, el otro con una pregunta, ambos buscando las mismas respuestas.
– ?Piensa arrestarlo? -pregunto Shaeffer-. ?De que lo acusara?
– Bueno, primero le sugerire que nos acompane para que podamos interrogarlo. A ver si viene voluntariamente. Si se niega lo arrestare otra vez por el asesinato de Joanie Shriver, y ademas por obstruccion a la justicia y por mentir bajo juramento, como ya les dije ayer. Por las buenas o por las malas, vendra con nosotros. Una vez lo tengamos a buen recaudo, aclararemos todo lo ocurrido.
– ?Va a pedirselo o…?
– Intentare ser educado -respondio Brown, y una leve y triste sonrisa asomo a la comisura de sus labios-. Pero tendre el arma amartillada, el dedo en el gatillo y el canon apuntando a la cabeza de ese hijoputa.
Shaeffer asintio.
– No se saldra con la suya -anadio Brown en voz baja-. Mato a Joanie y a Bruce. Y a saber a cuantos mas. Esto se tiene que acabar aqui.
Hubo un tenso silencio.
Cowart penso: «Llega un punto en que las pruebas que exige un tribunal de justicia dejan de importar.» Unos rayos de luz atravesaron timidamente las ramas de los arboles, lo bastante para revelarles las formas del camino.
– ?Y usted, Cowart? -pregunto de pronto el teniente-. ?Lo tiene todo claro?
– Lo suficiente.
Brown asintio y abrio la puerta.
– Perfecto -dijo, incapaz de disimular cierto tono burlon-. Entonces, vamos alla.
Al bajar del coche al estrecho camino de tierra, encorvo ligeramente sus anchas espaldas, como dispuesto a enfrentarse a una tempestad. Por un instante, Cowart lo observo avanzar a paso firme y penso: «?Como pude suponer en algun momento que entendia lo que hay realmente dentro de el o de Ferguson?» Ahora, ambos hombres le parecian igual de misteriosos. Desecho ese pensamiento y se dio prisa en alcanzar al teniente. Shaeffer se situo al otro lado y mientras los tres marchaban en linea, la niebla matutina amortiguaba sus pasos formando una especie de volutas de humo gris alrededor de sus pies.
Cowart fue el primero que diviso la casa, en un pequeno claro al final del camino. La bruma procedente de la cienaga la envolvia con un halo misterioso y fantasmagorico. Dentro no habia luces; al primer vistazo no percibio ningun movimiento, aunque suponia que habian llegado a la hora de levantarse. «Seguro que la anciana se levanta antes del canto del gallo -penso-. Y tambien seguro que se queja de que el pobre bicho no cumple con su obligacion.» Aminoraron el paso a la vez y se ocultaron en las sombras de los arboles para inspeccionar la casa.
– Esta ahi -susurro Brown.
– ?Como lo sabe?
El teniente senalo hacia la parte trasera de la cabana. Cowart vio que por detras sobresalia el capo de un coche. Aguzo la vista y distinguio entre la suciedad el azul y amarillo de la matricula: Nueva Jersey.
– Ademas, es su tipo de coche -susurro Brown-. Un par de anos. Fabricado en Estados Unidos. Apuesto a que no tiene nada que llame la atencion. Completamente anodino. El tipo de coche que pasa inadvertido, como el que tenia antes.
Se volvio hacia Shaeffer y le puso la mano en el hombro, apretandolo. Cowart advirtio que era el primer gesto afectuoso que le dedicaba a la joven policia.
– Solo hay dos puertas -anadio en susurros pero conservando la firmeza-. La delantera, donde estaremos nosotros. Y la trasera, donde va a estar usted. Ahora bien, si no recuerdo mal, hay ventanas en el lateral izquierdo, ahi… -Senalo el lado de la casa mas cercano al bosque-. Alli estan las habitaciones. Yo cubrire todas las ventanas de la derecha. Usted vigilara la puerta trasera, pero piense que el puede intentar huir por la ventana. Tengalo presente. Y mantengase alerta. ?De acuerdo?
– De acuerdo -respondio ella, y tuvo la sensacion de que le temblaba la voz.
– Quiero que permanezca ahi, en su puesto, hasta que yo la llame. ?De acuerdo? La llamare por su nombre. Mantengase callada y agachada. Usted sera la valvula de seguridad.
– Esta bien.
– ?Ha participado alguna vez en una mision como esta? -le pregunto Brown-. Supongo que debi preguntarselo antes. -Sonrio.
Ella nego con la cabeza.
– He hecho varias detenciones. Conductores borrachos y bribones de tres al cuarto, y un par de violadores. Pero nadie como Ferguson.
– No hay muchos como Ferguson para practicar -bromeo Cowart.
– No se preocupe -repuso Brown con tono tranquilizador-. Es un cobarde. Si, muy valiente con ninas y adolescentes asustadas, pero incapaz de enfrentarse a personas como usted y yo… -Cowart tuvo ganas de recordarle a Wilcox, pero se contuvo-. Tengalo en cuenta. No va a haber nada que… -anadio con su acento sureno, un tono relajado pero incongruente con lo que estaba diciendo-. Bueno, vayamonos antes de que acabe de amanecer y la gente empiece a despertar.
Shaeffer asintio y echo a andar, pero al punto se detuvo.
– ?Hay perro? -pregunto con inquietud.
– No. -Brown hizo una pausa y repitio las instrucciones-. Cuando usted llegue a la esquina, yo ire hacia la puerta del frente. Usted cubrira la parte de atras. Cuando yo haya llegado a la puerta lo sabra, no voy a ser muy sigiloso.
Shaeffer cerro los ojos un instante, respiro hondo y se armo de valor. Se dijo: «Ni un solo error esta vez.» Miro la desvencijada cabana y penso que en un lugar tan reducido no habria espacio para errores.
– Vamos alla -dijo, y avanzo a paso ligero por el claro, ligeramente agachada, surcando el aire humedo y la neblina.
Cowart la observo aproximarse a la esquina de la casa, pistola en mano, apuntando hacia abajo pero preparada.
– ?Esta viendolo, Cowart? -pregunto Brown, y su voz parecio llenar algun vacio interior del periodista-. ?Tomara nota de todo?
– De todo -respondio, y apreto los dientes.
