conversacion agradable.»
– Esto no es parte de los cayos, ?verdad? -comento por decir algo.
– No.
– ?Usted crecio alli abajo?
– Si, mas o menos. Naci en Chicago pero nos trasladamos alli cuando yo era pequena.
– ?Por que decidio hacerse policia?
– ?Es una entrevista? ?Piensa escribir un articulo sobre mi?
Cowart le hizo un gesto desdenoso con la mano, pero se dio cuenta de que posiblemente tuviera razon. Era probable que acabara incluyendo los pequenos detalles cuando se sentara a relatar todo lo ocurrido.
– No. Solo trataba de entablar una conversacion normal. No tiene por que responder. Podemos quedarnos en silencio, a mi no me supone ningun problema.
– Mi padre era policia, detective en Chicago hasta que le dispararon. Despues de su muerte nos trasladamos a los cayos. En busca de refugio, supongo. Yo pense que tal vez me gustaria el trabajo de policia, asi que me matricule despues del instituto. Lo llevo en la sangre, supongo. Y eso es todo.
– ?Cuanto tiempo lleva…?
– Dos anos en coche patrulla. Seis meses en atracos y robos. Tres meses en homicidios. Ya esta. Esa es mi historia.
– ?Los asesinatos de Tarpon Drive han sido su primer caso importante?
Ella nego con la cabeza.
– No. Y, por cierto, todos los homicidios son importantes.
Shaeffer no supo si Cowart se habia tragado el farol o se habia percatado, pero el se centro en la ensalada, que era unos trozos de lechuga iceberg con un tomate cortado y salsa Thousand Island. Pincho un cuarto de tomate con el tenedor y lo levanto.
– Nueva Jersey numero seis -dijo.
– ?Como?
– Tomates de Nueva Jersey -explico el-. De hecho, seguramente no esten maduros pero por el aspecto este podria tener un ano, por lo menos. ?Sabe lo que hacen? Los recogen cuando aun estan verdes, mucho antes de que maduren. Por eso estan duros como una piedra. Al cortarlos no se descomponen, no se salen las semillas ni la pulpa; asi los quieren los restaurantes. Por supuesto, nadie se comeria un tomate verde, de modo que le inyectan un colorante rojo para que luzcan mejor. Los venden por miles de millones a los locales de comida rapida.
Ella lo contemplo. «Ya no sabe lo que dice -penso-. Bueno, no es de extranar. Su vida se ha ido al traste. -Se miro la mano-. Tal vez tenemos eso en comun.»
Guardaron silencio. La taciturna camarera les llevo la cena. Cuando Shaeffer ya no pudo contenerse mas, pregunto:
– Ahora digame que demonios cree que va a pasar.
Empleo un tono de voz bajo, casi de conspiracion, pero cargado de apremio por saber. Cowart se aparto ligeramente de la mesa y la miro antes de responder:
– Creo que vamos a encontrar a Ferguson en casa de su abuela.
– ?Y despues?
– El teniente lo detendra por el asesinato de Joanie Shriver, otra vez, aunque sea inutil. O por obstruccion a la justicia. O por mentir bajo juramento. O quiza como testigo material de la desaparicion de Wilcox. Por cualquier cosa que se le ocurra. Entonces usted y el cogeran todo lo que sabemos y lo que no sabemos y comenzaran a interrogarlo. Y yo escribire un articulo y esperare a que explote la bomba. -La miro-. Al menos Ferguson estara controlado y no por ahi haciendo de las suyas. Es el unico modo de frenarlo.
– ?Y sera asi de facil?
Cowart nego con la cabeza.
– No -respondio-. Sera peligroso y arriesgado.
– Ya lo se -repuso ella muy tranquila-. Solo queria asegurarme de que usted tambien lo supiera.
Volvieron a guardar silencio durante unos instantes incomodos, hasta que Cowart dijo:
– Todo ha ocurrido muy deprisa, ?verdad?
– ?A que se refiere?
– Parece que haya pasado mucho tiempo desde que Sullivan fue ejecutado en la silla. Pero solo han pasado unos dias.
– ?Hubiera preferido que durara mas? -pregunto ella.
– No. Quiero que termine.
– ?Y que pasara cuando todo termine?
Cowart no dudo en responder:
– Que tendre la posibilidad de volver a lo que hacia antes de que empezara todo esto. Solo la posibilidad. -Se guardo la respuesta que consideraba mas exacta: «Tendre la posibilidad de estar a salvo.» Solto una risita sarcastica-. Lo mas probable es que me linchen de mala manera en el proceso. Y a Tanny Brown. Tal vez a usted tambien. Pero… -Se encogio de hombros dando a entender que ya no le importaba, lo cual era mentira.
Para Shaeffer, la gente que pretendia que las cosas volvieran a ser como antes solia ser tremendamente ingenua.
– ?Confia usted en el teniente Brown? -pregunto.
Cowart titubeo.
– Creo que es un hombre peligroso, si se refiere a eso. Pienso que ha tocado fondo. Tambien creo que va a hacer lo que dice. -Se abstuvo de anadir: «Creo que esta lleno de rabia contenida y odio hacia si mismo»-. Aunque desde luego no ha alcanzado su actual posicion infringiendo la ley -continuo-. Ha llegado hasta ahi jugando limpio, ateniendose a lo establecido, comportandose como la gente esperaba que lo hiciera. Transgredio la norma en una ocasion, cuando permitio que Wilcox diera una paliza a Ferguson para que confesara. Pero no volvera a cometer el mismo error.
– A mi tambien me parece que ha tocado fondo -coincidio ella-. Pero se lo ve decidido. -?En realidad pensaba eso? Podria decirse lo mismo de Cowart, o incluso de ella misma.
– Da igual -dijo Cowart de repente.
– ?Porque?
– Porque los tres vamos a llevar esto hasta el final.
La camarera fue a retirar los platos y pregunto si iban a tomar postres. Rehusaron, y tampoco pidieron cafe. La camarera, hosca, parecia haberse anticipado a sus respuestas: traia la cuenta, que dejo sin mas encima de la mesa. Shaeffer insistio en pagar su mitad. De camino a las habitaciones no cruzaron palabra. Tampoco se dieron las buenas noches.
Andrea Shaeffer cerro la puerta y fue directa a la comoda de la pequena habitacion. Imagenes de los dias anteriores y retazos de conversaciones invadian su mente de un modo confuso e inquietante. Pero respiro hondo y se recompuso. Coloco su bolso encima de la comoda y saco su semiautomatica de 9 mm. Extrajo el cargador de la culata para asegurarse de que estaba lleno. Inspecciono el canon y se cercioro de que todo el mecanismo funcionaba correctamente. Volvio a cargar el arma y la deposito delante de sus ojos. Luego rebusco en su bolso el cargador de repuesto. Lo reviso y a continuacion lo coloco junto a la pistola.
Miro fijamente el arma.
Penso en las horas que habia pasado practicando con aquella pistola. La jefatura central del condado de Monroe tenia un campo de tiro en una zona deshabitada justo debajo de Marathon. El procedimiento era muy simple; mientras ella avanzaba entre una serie de edificios abandonados que eran poco mas que el armazon de cemento de casas blanqueadas por el sol, un oficial de control de campo activaba electronicamente una serie de objetivos. Ella solia obtener buenos resultados, puntuando regularmente por encima de noventa. Pero lo que mas le gustaba era lo excitante de aquellas practicas, tener que avistar el objetivo, distinguir si era amigo o enemigo y, una vez decidido, disparar o no. Le producia una sensacion de total inmersion, ajena a todo salvo al sol, al peso de la pistola y a los objetivos que iban apareciendo. Era una zona disenada para aprender a matar. Alli se sentia comoda, sola, con el unico cometido de ir avanzando.
Miro de nuevo la pistola.
«Nunca he disparado a un objetivo en la vida real», penso.
