– No veo su libreta.
Cowart alzo la mano y le enseno una delgada libreta que sacudio de un lado a otro. Brown sonrio y le dijo:
– Me alegra que vaya armado, que sea un tio peligroso.
Cowart lo miro fijamente.
– Es broma, Cowart. Relajese.
Cowart asintio y el teniente observo a Shaeffer, apostada en la esquina de la cabana. Luego sonrio levemente. Se irguio y sacudio los hombros como un perro al incorporarse. Cowart penso que Brown era una especie de guerrero cuyos miedos y aprensiones se desvanecian apenas el enemigo aparecia ante sus ojos. No es que se mostrara feliz, pero parecia comodo con cualquier peligro que acechara en el interior de la casa, mas alla de la luz fragil del amanecer y las grises espirales de neblina. El periodista se miro las manos, como si fueran una ventana abierta hacia sus sentimientos. Tenian aspecto palido pero firme. Penso: «He llegado hasta aqui. Llegare hasta el final.»
– Pues no es un chiste tan malo, dadas las circunstancias -respondio por fin.
Ambos sonrieron.
– Esta bien -dijo Brown-. Toque de diana.
Se giro hacia la casa y recordo la primera vez que habia ido alli en busca de Ferguson. Entonces no se imaginaba la avalancha de prejuicios y odio que desataria. Todos los sentimientos que Pachoula queria olvidar habian resucitado cuando Robert Earl Ferguson fue trasladado a la comisaria para ser interrogado sobre el asesinato de la pequena Joanie Shriver. Brown tenia muy claro que no pasaria por aquello otra vez.
Comenzo a avanzar deprisa, cruzando directamente el esteril y reseco patio delantero de la casa, sin volver la vista atras para comprobar si Cowart lo seguia. El periodista lleno los pulmones de aire, se pregunto por que de pronto el aire le habia secado la boca y se dio cuenta de que la sequedad no procedia del aire; entonces apreto el paso hasta dar alcance al teniente.
Brown se detuvo al pie de los escalones del porche. Se volvio hacia Cowart y susurro:
– Si todo se va al carajo de repente, apartese de mi linea de fuego.
Cowart asintio rapidamente con la cabeza, la agitacion recorriendole todo el cuerpo, siguiendo el rastro de los miedos que reverberaban, en su interior.
– Vamos alla -dijo el teniente.
Subio los escalones de dos en dos y Cowart lo siguio. Sus pisadas crujieron en el entarimado, a lo cual se anadio el apremio con que llamo a la puerta. De inmediato se aparto a un lado para quitarse de en medio y empujo a Cowart hacia el otro lado. Abrio la puerta mosquitera y acciono el pomo de la principal, que se resistio.
– ?Cerrada? -susurro Cowart.
– No. Atascada, creo.
Volvio a girar el pomo. Miro a Cowart negando con la cabeza. Luego golpeo con fuerza tres veces la madera desconchada, haciendo vibrar la casa entera.
– ?Ferguson! ?Policia! ?Abre la puerta!
Antes de que se extinguiera el eco de su atronadora voz, habia arrancado la puerta mosquitera. Luego dio un paso atras y lanzo una patada brutal contra la puerta. Al agrietarse, el marco produjo un chasquido similar a un disparo y Cowart dio un respingo. Brown se aparto de nuevo y pego otro patadon a la puerta, que se deformo y quedo medio abierta.
– ?Policia! -grito de nuevo.
Y a continuacion lanzo todo su peso contra la puerta, con el hombro por delante, como un defensa que se lanza a un placaje desesperado del que depende la victoria de su equipo.
La puerta cedio con ruido de madera rajandose y astillandose.
Brown acabo de derribarla y entro en el recibidor medio agachado, apuntando con el arma en todas direcciones. Volvio a gritar:
– ?Policia! ?Ferguson, sal de ahi!
Cowart vacilo un instante, trago saliva y siguio los pasos del policia, confuso y con el estruendo del asalto retumbandole aun en los oidos. Aquello era como saltar a un precipicio, penso.
– ?Maldita sea! -exclamo Brown, y se dispuso a llamar de nuevo, pero no necesito hacerlo.
Robert Earl Ferguson salio de una habitacion.
Por un instante, parecio que su piel oscura se confundia con las grises sombras del amanecer que penetraban por las ventanas. Avanzo lentamente hacia el encorvado teniente. Llevaba puesta una holgada camiseta azul y unos vaqueros desgastados aun sin abrochar. Iba descalzo y sus pasos producian sonidos sordos en el suelo de madera. Levantaba los brazos con desgana, casi con despreocupacion, como rindiendose con sorna. Entro en la sala y se detuvo frente a Tanny Brown, que se fue enderezando con cautela, manteniendo la distancia. Una falsa sonrisa aparecio en el rostro de Ferguson, que echo un vistazo rapido alrededor. Se fijo en los destrozos de la puerta y luego en Matthew Cowart. A continuacion clavo la mirada en Brown.
– ?Piensa pagar la puerta? -pregunto-. No estaba cerrada. Solo es un poco testadura. No hacia falta romperla. La gente del campo no necesita cerrar las puertas. Usted lo sabe. Bien, ?que quiere de mi, detective?
No habia ni un apice de angustia o miedo en su voz. Tan solo una desesperante serenidad, como si los hubiera estado esperando.
– Ya sabes lo que quiero de ti -repuso Brown sin dejar de apuntarle al pecho.
Pero los dos hombres continuaban alejados, mirandose con recelo de una punta a otra de la pequena habitacion.
– Ya. Quiere alguien a quien culpar. Siempre la misma historia -dijo Ferguson con frialdad.
Observo la pistola que lo apuntaba. Luego busco la mirada del policia, entornando los ojos para que su gesto pareciera tan duro como su voz.
– No voy armado -dijo, extendiendo las manos con las palmas hacia arriba-. Y no he hecho nada. No necesita el arma.
Brown no movio la pistola un centimetro y Cowart noto un fugaz asomo de duda y nerviosismo en el rostro de Ferguson, pero al punto se desvanecio. Su voz habia sonado como la de un hombre intocable. Cowart miro a Brown y cayo en la cuenta: «No puede tocarlo.»
El asesino se volvio hacia Cowart, ignorando al policia. Esbozo una lenta sonrisa que provoco un escalofrio al periodista.
– ?Usted tambien ha venido por lo mismo, senor Cowart? Esperaba la visita del teniente, pero crei que usted habria entrado en razon. ?O le ha traido algun otro motivo?
– No. Sigo buscando respuestas -le respondio Cowart con voz ronca.
– Pensaba que en nuestra charla del otro dia habria encontrado todas las respuestas. No se me ocurre que otras preguntas puede tener, senor Cowart. Pensaba que las cosas habian quedado bastante claras. -Pronuncio las ultimas palabras con un tono aspero.
– Las cosas nunca quedan del todo claras -respondio Cowart.
– Bueno -dijo Ferguson senalando a Brown-, ya tiene una respuesta. Acaba de ver como se comporta este hombre. Destroza mi puerta y me amenaza con una pistola. Seguro que se esta preparando para arrearme otra paliza. ?Que piensa sonsacarme a golpes esta vez, teniente?
Brown no respondio.
Cowart nego con la cabeza y dijo:
– Esta vez no habra errores.
Ferguson monto en subita colera y tenso los brazos.
– No puedo decirles nada -les espeto Ferguson.
Dio un paso hacia el periodista, pero se detuvo. Cowart vio que luchaba por mantener el control. Lo logro y se apoyo contra una pared.
– Yo no se nada. Por cierto, teniente, ?donde esta su companero? Si van a darme otra paliza echare de menos al detective Wilcox. Va a necesitar su ayuda, ?no le parece?
– Tu sabras decirme donde esta… -repuso Brown con tono cortante-. Eres la ultima persona que lo vio.
– ?No me diga? -Al parecer, Ferguson se habia pasado la noche en vela preparando las respuestas, como si supiera lo que iba a suceder aquella manana. Elevo la voz-. ?Puedo bajar las manos si vamos a hablar?
