club especial que se llama el Club de los Cien Libros. Hay un premio por leer cien libros y ?me lo han dado a mi!
– ?Fantastico! ?Y que es?
– Una placa especial y una fiesta de final de curso.
– Genial. ?Y cual es tu libro preferido?
– El que tu me enviaste:
El compartio su risa.
– Tengo que irme -repitio la nina.
– Vale. Te quiero y te echo muchisimo de menos.
– Yo tambien. Adios.
– Adios -dijo, pero ella ya habia dejado el telefono.
Se hizo otro silencio hasta que su ex esposa cogio el auricular. El hablo primero.
– ?Una merendola con futbolistas?
Siempre habia querido odiar al hombre que lo habia suplantado, odiarle por su profesion de abogado especializado en derecho de sociedades, por su aspecto, bajo y fornido, con la constitucion de quien a la hora de comer levanta pesas en un gimnasio de los caros; queria imaginar que era cruel, un amante desconsiderado, un pesimo padre adoptivo, un inepto cabeza de familia; pero no era nada de eso. Poco despues de que su ex esposa le anunciara su inminente boda, Tom volo a Miami (sin decirselo a ella) para encontrarse con el. Tomaron unas copas y comieron juntos. El proposito era turbio, pero, al acabar la segunda botella de vino, el abogado le dijo con franqueza que no estaba intentando ocupar su lugar de padre y que, como tenia que vivir con su hija, haria todo lo posible porque ella correspondiera a su padre con carino. Cowart le creyo, sintio una extrana especie de alivio y satisfaccion, luego pidio otra botella de vino y se convencio de que su sucesor le caia mas o menos bien.
– Es por el bufete de abogados. Son copatrocinadores del United Way de Tampa; por eso vinieron los jugadores. Becky se quedo bastante impresionada, claro que Tom no le dijo cuantos partidos ganaron los Bucs el ano pasado.
– Ahora lo entiendo.
– Ya. La verdad es que son los hombres mas grandes que he visto en mi vida -dijo Sandy, riendo.
Se produjo una pausa.
– ?Y tu como estas? ?Que tal Miami? -pregunto ella al cabo.
– Hace frio, y eso vuelve loco a todo el mundo. Ya sabes como es, nadie tiene un abrigo de invierno ni calefaccion en casa. Todos tiritan y enloquecen hasta que vuelve el calor. Yo estoy bien, encajo bien aqui.
– ?Sigues teniendo aquellas pesadillas?
– No tanto. Alguna de vez en cuando. Pero esta todo bajo control.
Era una verdad a medias, algo que sabia que ella no creeria pero aceptaria sin hacerle demasiadas preguntas. Se encogio de hombros, pensando en lo mucho que odiaba la noche.
– Podrias pedir ayuda. El periodico correria con los gastos.
– Seria una perdida de tiempo. Hace meses que no tengo pesadillas -mintio de manera mas flagrante. La oyo suspirar-. ?Que ocurre? -le pregunto.
– Bueno -contesto-, supongo que deberia decirtelo.
– ?Decirme el que?
– Tom y yo vamos a tener un bebe. Becky ya no estara sola.
Cowart se mareo un poco, y a su mente acudieron un miliar de ideas y sentimientos.
– Vaya, vaya. Enhorabuena.
– Gracias. Pero tu no lo entiendes.
– ?El que?
– Que Becky va a formar parte de una familia. Aun mas que antes.
– ?Ah si?
– ?Es que no ves lo que ocurrira? Que tu te quedaras al margen. Al menos eso es lo que me asusta. Ya bastante duro es para ella que tu estes en la otra punta del estado.
Para el fue como una bofetada en la cara.
– No soy yo el que esta en la otra punta del estado. Eres tu. Tu eres la que se fue.
– Eso es agua pasada -replico Sandy-. De todos modos, las cosas van a cambiar.
– No veo por que…
– Hazme caso -dijo ella. Por su tono, habia elegido cuidadosamente las palabras con mucha antelacion-. Te dedicara menos tiempo. Estoy segura. Le he estado dando muchas vueltas.
– Pero ese no era el acuerdo.
– El acuerdo puede cambiar. Y los dos lo sabemos.
– No lo creo -respondio Cowart, y su voz delato un primer atisbo de ira.
– Vale. No voy a permitir que esta conversacion me provoque un disgusto. Asi que ya veremos.
– Pero…
– Matt, tengo que irme. Solo queria que lo supieras.
– Estupendo -dijo el-. Muy amable de tu parte.
– Podemos discutirlo mas tarde, si es que hay algo que discutir.
«Claro -penso Cowart-. Despues de que hayas hablado con abogados y asistentes sociales y de que me hayas alejado completamente de vuestra vida.» Sabia que era una idea absurda, pero se resistia a salir de su cabeza.
– No es de tu vida de lo que estamos hablando -anadio Sandy-. Ya no. Es de la mia.
Y colgo.
«Estas equivocada», penso Cowart. Miro en torno a su cubiculo. A traves de un ventanuco vio como el cielo se encapotaba en el centro de la ciudad con un tono gris pizarra. Luego miro las palabras que tenia justo delante: YO NO COMETI. «Todos somos inocentes -penso-. Demostrarlo es lo dificil.»
Acto seguido, para apartar la conversacion de su mente, retomo la carta y siguio leyendo:
El 4 de mayo de 1987 acababa de regresar a casa de mi abuela en Pachoula (condado de Escambia). Por aquel entonces estudiaba en la Universidad de Rutgers, en New Brunswick (Nueva Jersey), y estaba a punto de acabar el tercer ano. Llevaba varios dias de visita cuando la policia me detuvo para interrogarme sobre un asesinato con violacion ocurrido a escasos kilometros de casa de mi abuela. La victima era blanca. Yo soy negro. Un testigo ocular habia visto como un Ford sedan verde parecido al que yo tenia abandonaba el lugar donde la nina habia desaparecido. Me tuvieron en comisaria treinta y seis horas, despierto, sin comida, sin agua y sin dejarme hablar con un abogado. Los agentes me golpearon en varias ocasiones. Usaban guias de telefonos dobladas para aporrearme, porque no dejan marca. Me amenazaron de muerte y uno de ellos llego a apuntarme a la cabeza con una pistola y apreto varias veces el gatillo. Cada vez que lo hacia, el percutor chasqueaba en un tambor vacio. Al final, me dijeron que si confesaba todo iria bien. Estaba tan exhausto y aterrado que lo hice. Confese sin conocer los detalles, y dejandome implicar en el crimen. Despues de todo lo que me hicieron pasar, habria confesado cualquier cosa.
?PERO YO NO LO HICE!
Al cabo de unas horas intente retractarme de mi confesion, en vano. El abogado de oficio solo vino a verme tres veces antes del juicio; tampoco llevo a cabo ninguna investigacion, ni llamo a testigos que me habrian situado en algun otro lugar cuando se cometio el crimen. Un jurado integrado por blancos oyo los testimonios y me condeno tras una hora de deliberacion. Les llevo otra hora proponer la pena de muerte. El juez blanco dicto sentencia y me califico de animal al que habria que sacar de la sala y matar a tiros.
Ahora llevo tres anos en el corredor de la muerte. Tengo la esperanza de que los tribunales anulen la sentencia, pero puede que tarden muchos anos. ?Puede usted ayudarme? Otros presos me han dicho que ha escrito editoriales condenando la pena de muerte. Yo soy un hombre inocente que se enfrenta a la pena maxima a causa de un sistema racista que ha conspirado contra mi. Prejuicio, ignorancia y maldad me han puesto en esta situacion. Por favor, ayudeme.
He escrito mas abajo los nombres de mi nuevo abogado y de los testigos. Tambien he puesto su nombre en mi lista de visitas autorizadas, por si decide venir a hablar conmigo.
