– ?No seria mas facil contestar que no estas?

– No. Si de veras hay alguien vigilandome, sabra a ciencia cierta que estoy en casa. No debe tener la menor sospecha de que me oculto o quiero escurrir el bulto. Liosenka, te lo repito, no preguntes si quieren dejar un recado. Solo el numero al que llamarles.

– Entendido. ?Que pasa, tienes pinchado el telefono?

– Tengo esta impresion.

– Vaya, viejecita mia -musito Liosa-, estas en un apuro muy gordo. ?Como te has dejado pillar?

– Dejandome pillar, ya lo ves. Y me temo que pronto este apuro engordara aun mas.

Vasili Kolobov bajo la ventanilla, corrio el cerrojo y coloco junto al cristal un letrero escrito a mano con rotulador: «Cerrado de 23.00 a 24.00.» Ir en autobus hasta el lugar donde le habian citado a las once y media no le llevaria mas de diez minutos, pero a esas horas el transporte publico apenas funcionaba, y Kolobov no queria llegar tarde para no enojar a los que en una ocasion ya le habian baldado a palos. En una situacion asi mas le valia estar alli antes de tiempo y esperar.

Cerro el quiosco y se dirigio hacia la parada de autobus, pero cuando le separaban de ella unos metros oyo a sus espaldas una voz que quedamente le decia:

– Buen chico, Vasia, ya veo que eres disciplinado. No te vuelvas. Sigue recto, hasta el paso subterraneo.

Vasili sintio que un calambre le entumecia la nuca y se le humedecian los sobacos. Algo duro le empujo en la espalda, justo entre los omoplatos. Se encamino docilmente hacia el paso subterraneo, bajo la escalera y continuo por el tunel que conducia al otro lado de la avenida. El tunel, como era habitual, no estaba iluminado. Kolobov no oia los pasos del que le seguia, tan solo una respiracion pausada y, ademas, su espalda notaba en todo momento la presion de algo que muy bien podia ser una pistola.

Al salir del paso subterraneo a la calle oyo una nueva orden:

– A la izquierda, dobla la esquina. Sin prisas. No te vuelvas. Bajo este arco.

Dos siluetas macizas le salieron al encuentro. En la oscuridad no pudo verles las caras, pues en ninguna de las ventanas que daban al patio habia luz. Las siluetas ya estaban delante de el.

– ?Que tal, Vasenka, te apetece charlar con nosotros?

– No he hecho nada -declaro Kolobov con desesperacion-. No he dicho nada a nadie. ?Que mas quieren de mi? ?Por que no me creen?

– ?Y por que ibamos a creerte? Ya nos la has jugado una vez -contesto calmosamente el mas bajito de los dos.

– Les dije la verdad. No vi a Vica en la estacion aquel dia, ?se lo juro! No se que les habra contado ella, no se por que pero ?no la vi!

– Mira, Kolobov, por hoy vamos a creerte pero, en cuanto a manana, nos lo pensaremos. Tenemos gente nuestra entre la bofia y si has dado el chivatazo sobre Vica y nosotros, ya sabes lo que te espera. Sera mejor que confieses ahora, asi te rompemos las narices y ya esta. Pero si nos enteramos de que nos la has jugado, te mataremos. ?Que nos dices, Vasenka?

– ?Se lo juro, lo juro! -dijo Kolobov, que estaba a punto de echarse a llorar de impotencia-. Pueden comprobarlo, no he dicho nada a la policia.

– Y de Vica, ?que nos dices?

– ?Pero si no la vi, no la vi, no la vi! Ella les mintio para guardarse las espaldas. ?O es que no lo entienden?

– Vale, Vasenka, ve con Dios. Pero ten mucho cuidado…

Las piernas no obedecian a Kolobov cuando salio del patio y se dirigio renqueando de vuelta a la estacion.

En la reunion de manana, el coronel Gordeyev, por primera vez en el ultimo mes y medio, hablo de la investigacion del asesinato de Victoria Yeriomina. Todos sus subalternos pudieron comprobar que, por un lado, el caso no le preocupaba lo mas minimo; pero, por otro, estaba sumamente disgustado por la ausencia de resultados palpables.

– Dentro de diez dias vence el plazo de los dos meses para la investigacion preliminar -anuncio con frialdad-. Kamenskaya, informanos sobre el trabajo realizado.

Nastia esbozo la situacion general con voz inexpresiva y se cuido de no atraer la atencion hacia algunas incongruencias obvias.

– Acabamos de recibir informacion sobre una nota que Yeriomina dejo en el piso de Kartashov explicandole adonde iba y para que. Se la menciono a una amiga que hasta ayer se encontraba ingresada en una clinica de maternidad por riesgo de aborto y no sabia que Yeriomina habia muerto. Nos llamo nada mas enterarse. Yeriomina no le habia contado nada, lo unico que le dijo fue que le habia escrito una nota a Kartashov y que se la habia dejado en un sitio donde Boris la encontraria si algo le ocurriese. Presuntamente, Kartashov desconoce la existencia de la nota, al menos no nos ha hablado de ella. Por desgracia, ahora Kartashov no se encuentra en Moscu, estara fuera unos dias. En cuanto regrese procederemos a registrar su casa, el juez de instruccion nos ha dado ya su visto bueno.

– ?Cuando volvera Kartashov a Moscu? -pregunto Gordeyev.

– Pasado manana.

– Mira, Anastasia, no des mas largas al asunto. Vas demasiado despacio, los plazos estan a punto de expirar y no hemos adelantado nada; tenemos cero resultados, todo lo que hay es bla, bla, bla. Ahora quieres que esperemos dos dias mas… Esto esta mal. Muy mal.

– Hare lo que pueda, Victor Alexeyevich.

– ?Adonde se ha marchado ese artista?

– A Viatka.

– ?Mereceria la pena pedir a la policia de alli que le localice e interrogue? Ganariamos algo de tiempo - propuso el coronel afectando inocencia total.

– El juez de instruccion esta categoricamente en contra. Insiste en esperar a que Kartashov vuelva -repuso Nastia con firmeza.

– Bueno, el sabra lo que hace -suspiro Gordeyev-. Por cierto, Kamenskaya, el ano toca a su fin y hasta ahora no has pasado el reconocimiento medico. Tienes que hacerlo manana sin falta.

– Lo pasare, Victor Alexeyevich, pero no manana. Para manana tengo programado… -empezo a decir Nastia.

Pero Gordeyev la interrumpio con brusquedad:

– No me interesa lo que tengas programado. Yo personalmente no tengo programado darle explicaciones a la clinica. Las reglas son iguales para todos. Hazme el favor, ve a ver manana a todos los medicos y no vuelvas por aqui sin el certificado conforme cumples los requisitos. Quiero tenerlo sobre mi mesa manana por la tarde. ?Esta claro?

– De acuerdo -suspiro Nastia con resignacion.

Al concluir la reunion, se encerro en su despacho esperando la llamada del jefe. Gordeyev le telefoneo unos minutos mas tarde.

– ?Que me dices, Stasenka? ?No me he pasado contigo?

– Si que me ha sacado la piel a tiras, Victor Alexeyevich -respondio Nastia sonriendo al auricular-. Me ha dejado para el arrastre. Pero ha estado muy convincente. El mundo se ha perdido a un nuevo Smoktunovsky (1).

(1) Actor dramatico de los anos setenta y ochenta de prestigio internacional. (N. del t.)

– Vale, sueltalo todo, echame en cara mi crueldad, hazme una escena. Cuando le cortes el hipo al respetable, acuerdate de llamar a la clinica y enterarte del horario de los especialistas para manana. Creo que todo lo demas ya lo hemos hablado. Suerte, pequena.

– Gracias. Hare lo que pueda.

– Esto ya me lo has dicho antes -respondio sonriendo sin entusiasmo Gordeyev, y colgo.

El telefono estaba ronco de sonar pero Boris Kartashov no manifesto la menor intencion de cogerlo. Por cuarta vez consecutiva, la pantalla de identificacion de la llamada permanecia en blanco. Esto significaba que llamaban

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