– No siempre -suspiro ella-, pero con frecuencia. Por desgracia. ?Sabe?, nuestro trabajo tiene un gran parecido con el teatro.

– ?Con el teatro? -se extrano el pintor-. ?Por que?

– Porque hay que fingir. O no tanto fingir como… Mas bien uno tiene que darse un pisoton en su propia garganta. Es dificil explicarlo. Por ejemplo, a usted unos clientes pueden gustarle y otros caerle mal; con unos sera todo amabilidad, querra complacerles en todos sus deseos, pero con otros se mostrara brusco y rigido. Podran enfadarse con usted, diran que es un maleducado, un indeseable, pero por esto no se les va a hundir el mundo, esto no truncara el destino de nadie. De manera que usted podra seguir siendo usted y vivir en paz con sus preferencias personales. Nosotros, en cambio, si nos abandonaramos a nuestros gustos y emociones, cometeriamos errores que para alguien significarian una catastrofe, la quiebra total de su vida. Solo en los libros de texto ocurre que el criminal es malo y la victima merece toda la compasion. En realidad, hay criminales que dan mucha pena, que le parten a una el corazon, y victimas tan, por decirlo suavemente, asquerosas que no inspiran nada de compasion, a las que no apetece creer nada de lo que dicen; francamente, algunas son carne de presidio. Imaginese, pues, que pasaria si empezaramos a creer solo a los que despiertan nuestra simpatia y a sospechar de cuantos no nos gusten. Solo buscariamos sospechosos entre los que nos caen gordos, excluyendo por adelantado del circulo de posibles criminales a los que, como quien dice, nos gustan. ?Se imagina cuantos criminales quedarian en libertad? ?Y a cuantos inocentes podria causar sufrimiento?

– No sabia que esto representase para usted un trauma psicologico -observo Kartashov con cautela-. Lo que me ha contado parece evidente pero jamas se me habria pasado por la cabeza que esto resultase doloroso para los funcionarios de la policia.

– No se le pasa por la cabeza a nadie -dijo Nastia haciendo con la mano un gesto de desesperacion-. Tal vez porque justamente es demasiado evidente. Suelo frecuentar los ensayos de un amigo que trabaja en un teatro. Se pasa los dias luchando con la incapacidad de algunos actores de ocultar su actitud personal frente al personaje. Cuando le aconseje contratar a un psicologo para que trabajase con la compania, me miro como si hubiera perdido el juicio. Ni se le ocurre pensar que un ser humano no es un automata, que no se puede enchufarlo y desenchufarlo siempre que apetezca. Lo que les pide a sus actores, para unos es la cosa mas facil del mundo. Pero otros son incapaces de olvidar como son en realidad. ?Se ha parado alguna vez a pensar que cada papel bien interpretado no es solo un milagro de transformacion del actor sino tambien una ruptura con su propia personalidad?

– No se, no se me ocurria verlo asi…

– Sin embargo, esto es lo que pasa. Cualquier ruptura, por voluntaria que sea, por muy generosamente que se la recompense con el exito y los aplausos, es en esencia un trauma del que luego hay que recuperarse. ?Es que hay alguien que le ayude al actor a sanar? No. Y tampoco a nosotros nadie nos ayuda. Nadie nos advierte siquiera de que lo vamos a necesitar. En cambio, ?que no se contara de lo crueles, desalmados o, en el mejor de los casos, indiferentes que somos los policias! ?Como no iba a producirse entonces esa deformacion? Para preservar nuestra integridad fisica redactan volumenes enteros de normas de seguridad. Pero, como suele ocurrir, nadie se acuerda del alma…

En la cocina entro el experto forense Zubov, eternamente cenudo y disgustado con algo pero escrupuloso y cumplidor. Cuando le tocaba trabajar con Olshanski, los dos formaban una mezcla explosiva. El juez de instruccion tenia al experto en gran estima y disfrutaba colaborando con el. Zubov, en cambio, no podia ni ver a Konstantin Mijailovich, quien le sacaba de quicio con constantes sugerencias e instrucciones, pues hacia un trabajo igual de excelente cuando no las recibia. Por supuesto, en su fuero interno, Zubov le reconocia a Olshanski su buen conocimiento de la criminologia. Si no se pusiera pesado, si no fuera tan mandon…

Nastia miro a Zubov y penso que daba la impresion de que le rechinaban no solo los dientes sino tambien todos sus huesos y articulaciones.

– Olshanski ha ordenado decirte que ya no te necesita -le dijo a Nastia torciendo los labios despectivamente al pronunciar las palabras «ha ordenado»-. Asi que si no te apetece, no hace falta que nos esperes.

– ?Os falta mucho todavia? -pregunto ella.

– Tenemos el juego completo, todo cuanto un caballero puede desear para su gusto: huellas digitales, calzado, sangre, saliva, microparticulas. Creo que hay para una hora mas, o tal vez para dos.

Zubov se giro hacia Boris y, mientras manipulaba el mechero y prendia un cigarrillo, le dijo:

– Gracias por haberlo hecho todo tal como le he dicho. Todo ha salido a pedir de boca. La mesa y el vaso estan realmente impolutos, da gusto trabajar asi, sin molestarnos con la suciedad.

Nastia se puso en pie de mala gana. Apenas habia conseguido entrar en calor despues de varias horas de espera en la calle.

– Creo que me voy a ir. Es muy tarde.

En el recibidor, Kartashov ya habia vuelto a colocar en la lampara la bombilla que habia quitado anticipando la llegada de la «visita». Al llegar junto a la puerta, Nastia se detuvo en seco.

– Boris, ?podria contar con su ayuda?

Nastia habia perdido el sueno por completo. Tumbada en la cama al lado de Liosa, hacia balance y planes para el dia siguiente. Lastima que el espectaculo representado en el piso de Kartashov no hubiera aportado los resultados esperados. Por supuesto, las huellas que habia dejado el intruso eran mas que suficientes para probar, si hiciera falta, la presencia alli del joven, al que habian identificado en menos de una hora. A partir de entonces se le seguiria y al dia siguiente mismo se sabria por lo menos parte de la gente a la que frecuentaba. Pero el intruso no respondio a la provocacion de Boris cuando este le acuso de asesinato. Tenia un perfecto dominio de si mismo, estaba muy bien preparado porque al punto declaro ser ladron, a pesar de que el ataque del dueno del piso le habia cogido desprevenido, y tampoco devolvio ni un solo golpe aunque poseia unos musculos, segun Boris, realmente impresionantes. El entrenamiento, sin embargo, se dejo notar: el «ratero» apaleado se recupero con sospechosa rapidez, tanto que consiguio marcharse sin hacer apenas ruido. Bueno, tambien la falta de resultados era un resultado. Aunque ese tarzan supo ocultar su verdadero rostro y no delato a los que lo enviaban, este hecho podia encerrar informacion valiosa. Las cosas no tenian por que ser siempre tan faciles y sencillas como lo fue el montaje que le habian preparado a Kolobov, quien estaba tan asustado que se trago toda la historia. Tambien la suerte se habia puesto de su lado, porque la carta que le habian mandado a Kolobov al azar fue un puro golpe de suerte. Aunque no, no era del todo cierto. Fuese cual fuese su reaccion al recibir la carta, seguiria siendo informacion util. Por ejemplo, podria no haberle asustado o podria haberla tirado a la basura y no acudir a la cita, lo cual hubiese significado que la hipotesis de Nastia no valia nada. Tambien podria haberse espantado hasta el punto de ir corriendo a la policia y confesar alli quien y por que le habia dado la famosa paliza a poco de producirse el asesinato de Vica Yeriomina. Pero Kolobov hizo lo que hizo, y ahora ella, Nastia, sabia que Vica les habia advertido a sus asesinos que Vasili Kolobov la habia visto con ellos en la estacion de Savelovo. Teniendo en cuenta que su cadaver fue encontrado en las proximidades del apeadero El Kilometro 75 de la via ferrea de Savelovo…

Cuando Nastia regreso del piso de Kartashov a casa, Liosa le dio la lista de los que habian llamado. A pesar de lo avanzado de la hora, opto por devolver una de las llamadas sin esperar hasta la manana. Bajo al piso de una vecina, Margarita Iosefovna, que gustaba de ver la television hasta altas horas de la noche porque de madrugada el canal de Moscu ponia peliculas clasicas. Nastia marco el numero de Guennadi Grinevich. Lamentablemente, el director no tenia nada esencialmente nuevo que comunicarle. Sus amigos periodistas apenas sabian del novelista Brizac algo mas de lo que estaba impreso en las contraportadas de sus libros. Cierto, decian ellos, era un nombre popular, sus libros gozaban de buena aceptacion, pero nadie le tenia por un verdadero literato. Un buen artesano, aunque no del todo carente de chispa. Sabia venderse caro, para eso se daba esos aires de misterio. No, ellos, los periodistas, estaban convencidos de que detras de aquella fachada no se ocultaba ningun criminal secreto, no era mas que una argucia publicitaria para avivar el interes de los lectores. «Dios mio -penso Nastia consternada-, ?sera posible que haya vuelto a dar un golpe en falso? ?Sera posible que haya vuelto a equivocarme?»

El timbre del telefono desperto a Liosa al instante, y miro a Nastia interrogativamente. Ella movio la cabeza negativamente y se sento en la cama.

– ?Diga! -gruno Liosa con voz somnolienta.

– Le ruego que me disculpe esta llamada a una hora tan tardia -pronuncio un agradable baritono-, pero me urge hablar con Anastasia Pavlovna.

– Esta durmiendo.

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