22.27. Al otro lado de la linea, nadie cogio el telefono. El tio Kolia conto siete timbrazos y colgo. Volvio a marcar, esta vez espero hasta que sono cinco veces, volvio a colgar y marco de nuevo. Tres timbrazos. Ya estaba. Ya no tenia que hacer mas llamadas. La combinacion de siete, cinco y tres timbrazos significaba que la mision no habia sido cumplida y que se habian presentado dificultades que, sin embargo, no reclamaban ninguna intervencion urgente.

Se preocupo de apagar todas las luces, cerro las puertas y se fue a casa.

Al oir el telefono, el hombre sentado en la silla de ruedas cogio el boligrafo y anoto escrupulosamente todos los datos en un bloc de notas: el numero del telefono de la llamada entrante, la hora exacta, cuantas veces habia sonado el timbre. Dentro de un rato volverian a llamar, primero habria seis timbrazos, luego tres, luego once, y solo al producirse la cuarta llamada podria descolgar. Le habian prohibido terminantemente contestar a todas las demas llamadas. El hombre de la silla de ruedas seguia las instrucciones a rajatabla porque se daba cuenta de la importancia y gravedad de la tarea que le habia sido encomendada.

Tenia treinta y cuatro anos, casi diez de los cuales los habia pasado en la silla de ruedas. Amaba la tecnica y los aparatos de radio, y pasaba los ratos libres montando circuitos electronicos. Curso carrera en el Instituto de Radiotecnica y Automatica y, cumpliendo un viejo sueno, ingreso en la facultad tecnica de la Escuela Superior del KGB; pero no llego a iniciar los estudios. Junto con sus padres y su abuela fue victima de un accidente aereo del que resulto el unico superviviente. A partir de entonces, su destino fue la soledad, la silla de minusvalido y las muletas, con ayuda de las cuales podia desplazarse, aunque con enorme dificultad, por su piso.

Tras reponerse del golpe que supuso aquel cambio brusco de su vida, intento dominarse y volver a sus circuitos electronicos. Desde pequeno le apasionaban las novelas de espias y se dedico a montar varios artefactos ingeniosos… Ansiaba ser util, contribuir al fortalecimiento de la seguridad de la patria. Un buen dia hizo acopio de valor y escribio al comite, el KGB, invitando a sus especialistas a conocer sus inventos. No le cogio de sorpresa cuando un hombre del comite vino para ofrecerle colaborar con ellos por el bien de la patria.

– Al parecer, usted es diligente y cumplidor -le halago el representante del comite-, son las cualidades que mas valoramos en nuestros colaboradores a cargo de los servicios de contraespionaje. ?Sabe?, sin duda hay un numero inmenso de enemigos que vienen a nuestro pais, y tampoco faltan ciudadanos inestables que se dejan reclutar por la inteligencia extranjera. Para impedirles minar la seguridad de nuestra patria, nuestros agentes de contraespionaje vigilan a todos esos elementos. Bien, pues, para brindar a los agentes la maxima proteccion, para impedir que el enemigo los identifique, necesitamos contar con un sistema de comunicaciones seguro y que permita prescindir de contactos personales. ?Me sigue?

Por supuesto que le seguia. Habia leido toneladas de libros sobre el trabajo cotidiano de los agentes del servicio de contraespionaje y las triquinuelas del enemigo. Y, tambien por supuesto, acogio la proposicion de ayudar al hombre del comite con entusiasmo.

Sus funciones no eran nada complicadas pero requerian atencion y puntualidad. Anotar la hora de la llamada, el numero de timbrazos y el telefono del comunicante, que aparecia en la pantalla del identificador. Nada mas. A una hora precisa y siguiendo una secuencia de timbres estrictamente definida, aquel hombre del comite le llamaba, y el minusvalido le informaba sobre las llamadas recibidas y la hora a la que se habian producido.

Una de las condiciones de ese trabajo bien remunerado en provecho de la patria era el aislamiento total del minusvalido. A diario, el hombre del comite le enviaba a su gente, que le llevaba alimentos, medicinas y todo cuanto precisara. Si se sentia mal, el hombre del comite le mandaba a su medico personal. Si necesitaba comprar algo, le bastaba mencionarlo para que le enviaran a domicilio lo mejor de lo mejor de la cosa deseada. Le mandaban libros, tanto novelas como tratados tecnicos de radiotecnica, piezas, herramientas, aparatos, todo cuanto le hiciera falta para dedicarse, sin tropezar con el menor problema, al trabajo que amaba. La unica privacion era que no podia tratar con nadie excepto la gente del KGB. El minusvalido ni siquiera conocia su propio numero de telefono, para no ceder a la tentacion de darselo a alguien.

No sabia ni podia saber que en el KGB se rieron de su carta y que la echaron a la papelera. Pero un funcionario desarrugo aquellas hojas y decidio utilizar al enfermo para sus propios fines, que no tenian nada que ver con la seguridad nacional. Tampoco sabia que le cambiaban el numero de telefono varias veces al ano.

Hacia lo que le gustaba, creia ser util y era feliz.

CAPITULO 9

A las ocho en punto de la manana, Nastia Kamenskaya se acerco a la clinica de la DGI. Contra su costumbre, ese dia lucia un tres cuartos acolchado de color rojo claro y un gorro enorme, de pelo largo, de zorro negro.

Al acercarse a la ventanilla de recepcion, solicito su historial clinico, dejo el tres cuartos y el gorro en el guardarropa y subio a la segunda planta, donde se realizaban las revisiones. Recogio los volantes y numeros de turno pertinentes y salio a la escalera de servicio. Alli la estaba esperando Chernyshov, con una abultada bolsa de fina tela sintetica en la mano. Nastia le dio a Andrei un rapido beso en la mejilla y, sin decir palabra, cogio la bolsa, entro en el cuarto de bano de senoras situado alli mismo, junto a la escalera, y salio diez minutos mas tarde con los ojos muy maquillados y ataviada con un abrigo oscuro, que llevaba desabrochado, de modo que dejaba a la vista una bata medica de cegadora blancura. Llevaba colgado del cuello un fonendoscopio y en las manos, una pila de historiales clinicos. La magnifica bolsa de tela finisima se encontraba ahora en el bolsillo de su abrigo, doblada varias veces formando un pequeno paquete.

Nastia bajo la escalera, salio por la puerta de servicio al patio y subio en un coche que llevaba en los costados una franja azul y el rotulo rojo que rezaba: «Servicio Medico.» En el patio habia por lo menos tres coches mas como este, y dentro de poco en cada uno de ellos montaria otra mujer vestida igual que Nastia, con bata blanca, un fonendoscopio bailandole en el cuello e historiales clinicos en las manos: medicos que salian a hacer visitas domiciliarias.

Chernyshov, sentado al volante, le echo una ojeada a Nastia y rompio a reir.

– ?Que te pasa? -se sorprendio ella-. ?He hecho algo mal?

– Al verte con los ojos pintados, me acorde de como quisiste escaparte de Kiril cuando ibamos a coger a Gall. Desde entonces no he vuelto a verte maquillada. Sabes, pareces muy bonita con todos esos afeites.

– No me digas -repuso Nastia con escepticismo.

– Te digo. Hasta pareces guapa. ?Por que no iras asi todos los dias? Nos alegrarias el corazon a los chicos y, ademas, seria un balsamo para tu amor propio. ?Tanto puede tu pereza?

– Tanto -murmuro Nastia arreglando sobre las rodillas el montoncito de historiales clinicos de atrezzo-. Mi pereza es todopoderosa, me trae sin cuidado lo que os alegre el corazon a los chicos y carezco de amor propio. ?Te has enterado de por donde se va alli?

Andrei no contesto, pendiente del intenso trafico en la avenida, al otro lado de la puerta del patio.

– ?Por que no me llamaste anoche? -pregunto-. Le deje el numero a tu Liosa y le pedi que te dijera que me llamaras.

– Volvi muy tarde, pense que tu hijo estaria durmiendo y no quise despertar al nino. ?Ha pasado algo?

– Si. Grigori Fiodorovich Smelakov, el juez de instruccion retirado, vive cerca de Dmitrovo, y ahora nos dirigimos a verle siguiendo la carretera que bordea la via ferrea de Savelovo.

La pila de historiales clinicos que Nastia acababa de ordenar se deslizo de sus rodillas a sus pies.

– Hemos acertado -exhalo las palabras apenas audibles, articuladas por labios de pronto rigidos-. No hemos hecho diana todavia pero hemos dado cerca. ?Por fin! No me lo puedo creer.

– ?Querrias explicarme como lo hemos conseguido?

– Ojala lo supiera. Quiza haya sido la intuicion. ?Recuerdas que te pregunte como se ganaba la vida la madre de Yeriomina?

– Te dije que era sastra.

– Ahi esta. Me estuve devanando los sesos tratando de comprender por que en el dibujo de Kartashov la clave de sol tenia color verde manzana. ?Que puede haber en una casa que sirva para dibujar una clave de sol con este color?

– ?Que puede haber?

– La tiza. Una simple tiza de un simple juego de tizas de colores que se vende en cualquier papeleria. Todos

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