esperando en el umbral, diles que pasen.

Nina abrio de par en par la puerta que conducia a una cocina espaciosa y llena de luz, que olia a pan recien horneado y a finas hierbas. Una mujer robusta, de mirada limpida, rostro bello y bondadoso y una gruesa trenza enrollada alrededor de la cabeza, estaba sentada delante de la mesa haciendo calceta.

Al saber quien era y de donde venia, la senora de la casa no mostro ni sorpresa ni disgusto. Andrei tuvo la inexplicable sensacion de que llevaba tiempo esperando que alguien le preguntara sobre las circunstancias de la muerte de su marido. La sensacion fue tan sorprendente que Andrei decidio que no daria la conversacion por concluida sin antes preguntar si era cierta.

Cuando Nina se marcho a dar una vuelta con el novio (lo cual no dejo de sorprender a Chernyshov, pues hacia frio, caia aguanieve y habia anochecido; tal vez en realidad no iban a pasear sino a casa de algun amigo; y si el amigo en cuestion tenia suficiente buen criterio, seria el quien saldria a dar una vuelta, y no los novios), Elena Petrovna, sin hacerse de rogar, le conto lo ocurrido en el ano setenta. Hablaba en voz baja, reposada y bien entonada, como si estuviera leyendo un libro familiar pero sumamente aburrido y tan pesado que no le producia mas que cansancio.

Lena conocio a Vitaly Luchnikov en el sesenta y nueve, cuando el fue a su residencia a ver a un paisano. Trabajaban en fabricas distintas y vivian en extremos opuestos de Moscu, sus encuentros resultaban complicados e incomodos: ella compartia la habitacion con otras cinco mujeres; el, con cuatro hombres. No era que estuviera especialmente enamorada de Vitaly o que se desviviera por sus huesos pero le alegraba verle. Aguantaron el invierno como pudieron, hicieron frente a la primavera ventosa y humeda y la llegada del verano les facilito mucho las cosas. Cada uno por su parte procuro hacer coincidir sus turnos, y en los dias libres salian de la ciudad para pasear por algun bosque. Durante una de esas excursiones, Lena, amodorrada por el tibio sol, se quedo adormilada a la sombra de un arbol; entretanto, Vitaly decidio aprovechar el sueno de la amiga para coger unas setas.

Lena desperto al sentir posarse sobre su rostro una mano. Abrio los ojos, quiso incorporarse pero alguien la sujeto obligandola a seguir tumbada en la tierra.

– Quieta, quieta, tontita, no te muevas. No te dolera. Ya veras como te gusta -le dijo con guasa una voz desconocida.

Tenso las cuerdas vocales para llamar a Vitaly pero solo un mugido ininteligible escapo de su garganta: una mano extrana le estaba tapando la boca. Luego le propinaron un golpe en el plexo solar, otro en el vientre y el dolor la hizo perder el conocimiento. Cuando volvio en si, uno de los jovenes la estaba violando mientras otro le sujetaba las manos. Al verla abrir los ojos, la agarro por los hombros, la levanto y la dejo caer de modo que su nuca golpeo el suelo. Volvio a sumergirse en la oscuridad. Al recobrar el conocimiento, vio que estaba sola. El sol empezaba a declinar y Lena comprendio que habia pasado mucho tiempo. «Pero ?donde se ha metido Vitaly?», penso horrorizada. El miedo por su novio fue mas fuerte que el terror de lo que acababa de pasarle a ella. «Seguramente, cuando regreso, los ataco y le mataron. Es tan blando, tan indefenso, como iba a poder con esos animales.»

Lena se desganito llamando a Vitaly pero el chico seguia sin aparecer. Al principio le daba miedo alejarse del lugar donde su amigo la habia dejado dormida debajo de un arbol, seguia pensando que volveria por alli a buscarla. Cuando la noche ya se le echaba encima, llego hasta la carretera y se encamino hacia la estacion de ferrocarril. Lena, que habia dicho adios a su heroico enamorado, no dio credito a sus ojos cuando vio a su amigo sobre el anden.

– Los he seguido -le susurro Vitaly nervioso, secando las lagrimas que empanaban la mirada clara de la chica.

– ?A quienes? -tardo en comprender Lena.

– A esos que… Que te…

– Dios mio -sollozo ella-, tenia miedo de que te hubieran matado. Gracias a Dios que no se te ha ocurrido pelear con ellos. De prisa, vamos a la policia.

– ?A la policia? ?Para que?

– Los has seguido, ?no? Vamos a contarles lo que ha pasado, que los detengan y los metan en la carcel. ?Hijos de puta!

– ?Estas loca? -murmuro Luchnikov indignado-. Nos ha sonreido la suerte y tu me hablas de policia.

Mientras esperaban el tren, Vitaly le explico a Lena su grandioso proyecto. Habia seguido a los dos jovenes que habian violado a su amiga y decidio hacerles chantaje. Era mucho mejor y mas eficaz que denunciarles a la policia. Si actuaban con habilidad, podrian sacarles a los dos dinero suficiente para sobornar a quien hacia falta y asi obtener derecho a adquirir un piso en Moscu. Entonces podrian casarse. Mientras siguieran viviendo cada uno en su residencia, ninguna de las cuales admitia matrimonios, no podian ni sonar con ser felices juntos.

– Incluso si tuviera dinero para la entrada del piso, no podria comprarlo porque llevo en Moscu menos de cinco anos -le explicaba con paciencia Vitaly a Lena, que seguia sollozando-. Tendria que pagar un soborno tan exorbitante que no me quedaria nada para el piso.

Lena le escuchaba distraidamente y pensaba que Vitaly, por quien se habia asustado hasta el punto de olvidarse de su propia desgracia, habia permanecido escondido en los matorrales observando como dos canallas pegaban y violaban a su chica, calculando el provecho que iba a sacarle a todo esto. Pensaba que la habia dejado inconsciente en medio del bosque para seguirles a la ciudad y averiguar donde vivian. Cierto, a pesar de todo habia vuelto a buscarla, aunque de noche, cuando ya habia oscurecido y estaba muerta de miedo, pero si regreso…

Al principio el proyecto parecio funcionar. Las primeras cuotas, cantidades pequenas, llegaban con regularidad cada dos semanas.

– Lo importante es no espantar al cliente -divagaba Vitaly con aire grave mientras contaba y recontaba el dinero y lo metia en un sobre para llevarlo a la caja de ahorros-. Si les hubiera exigido los cinco mil de golpe, les habria dado un telele y correrian a llorar ante sus padres. Les habrian contado unas bolas como unas casas, y nosotros tendriamos la culpa de todo. ?Quien iba a hacernos caso! Vivimos con permisos provisionales, no somos dignos de confianza. ?Comprendes? En cambio, tal como lo he montado, cada dos semanas me traen un pellizco y no tienen ni idea de en que se han metido. A veces lo sacan de su dinero de bolsillo, sus viejos estan forrados, se dan la gran vida, a veces piden prestado a los amigos, a veces venden algo que no les hace falta o camelan a sus padres para que les den para comprarle un regalo a la novia. Por un lado, no quieren ir a la carcel; por otro, a primera vista no parece que les pida demasiado.

El facil comienzo de la dudosa empresa les lleno de ilusiones y, dos meses mas tarde, a primeros de octubre del setenta, Lena y Vitaly se casaron aunque continuaron viviendo cada uno en su residencia.

Un dia a finales de noviembre, cuando Vitaly se habia ido a cobrar el pago de turno, Lena espero en vano al marido. A primera hora de la manana, unos policias vinieron a verla y le contaron que Vitaly estaba muerto, que una prostituta borracha le habia asesinado en su propia cama. Al dia siguiente se presento el juez de instruccion y le pregunto a que habia ido Vitaly a casa de una alcoholica, Yeriomina, si la conocia de antes y, en general, a que sitios tenia previsto acudir aquel dia su marido. Lena, por supuesto, no le dijo ni una palabra ni de los violadores ni del dinero, y en cuanto a Tamara, era pura verdad que nunca antes habia oido su nombre.

Al concluir la instruccion y el proceso, Lena Luchnikova estaba ya de ocho meses. Los padres de Vitaly, que habian venido para asistir al juicio, al volver a casa la llevaron con ellos a la provincia de Briansk. El traslado no entusiasmo a Lena pero no se atrevio a negarse. Se creia responsable de la muerte de su marido. Si no le hubiera hecho caso y hubiera avisado a la policia, este no habria podido reclamarles dinero a los violadores y, por tanto, no habria ido aquel dia a cobrar, no habria conocido a aquella terrible mujer, no habria entrado en su casa y no hubiese acabado asesinado. Este razonamiento le parecia a Lena coherente y logico, y por eso acepto marcharse junto con los padres de Luchnikov, pues se sentia con la obligacion de consolarles en su solitaria vejez, ayudarles en casa y darles la alegria de ver crecer a su nieto o nieta (esto ya no dependia de ella), ahora que habian perdido al hijo.

Cuando Nina cumplio doce anos, Elena Petrovna se caso en segundas nupcias con el director del colegio local de ensenanza secundaria. El matrimonio fue feliz pero breve. Solo habian vivido juntos seis anos, cuando el conductor borracho de un camion KamAZ lo estrello contra la cerca de su casa y el vehiculo se precipito en el jardin. Los medicos no pudieron salvar a su marido…

– Sabe usted, mi vida se me antoja una sucesion de accidentes, cada uno de los cuales tiene por finalidad echarme en cara una nueva culpa -sonrio con tristeza Luchnikova, sirviendole a Andrei mas te y rellenando de

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