tampoco estan relacionados con nuestro caso.

– Andriusa, estoy muy asustada. ?Que tengo que hacer? ?Se te ocurre algo?

– De momento no pero manana se me ocurrira. Pasare a buscarte a las ocho.

– De acuerdo.

CAPITULO 11

Konstantin Mijailovich Olshanski era un hombre debil. Y se daba cuenta de ello. Para muchas personas, el silencio de un ser proximo no representa el menor problema, pues puede estar descontento con algo o molesto con alguien, puede guardar rencor, no acabar de entender algo; no obstante, ese silencio no les impide convivir apaciblemente durante meses e incluso anos sin pretender aclarar las relaciones y poner los puntos sobre las ies. Konstantin Mijailovich, en cambio, era incapaz de soportarlo. Un psicologo diria que carecia de resistencia a situaciones conflictivas.

Hacia mucho tiempo habia advertido que algo le estaba pasando a Volodya Lartsev. Al principio intento apartar de si los inquietantes pensamientos, buscando la justificacion a los evidentes errores del companero en la reciente tragedia que este acababa de vivir y confiando sinceramente en que, ademas de el, nadie mas se diera cuenta de sus meteduras de pata. Pero despues de hablar con Kamenskaya, que llamo a cada cosa por su nombre en voz alta y sin vacilar, Olshanski sintio cierta desazon, aunque Anastasia se habia mostrado dispuesta a «parchear» los problemas. Konstantin Mijailovich le estaba agradecido por esto. Pero a medida que pasaban los dias se le hacia cada vez mas cuesta arriba callar y fingir que nada habia ocurrido.

La gota que desbordo el vaso de su paciencia fue la llamada del coronel Gordeyev, quien le rogo abstenerse de solicitar al fiscal una prorroga para la instruccion y, en lugar de esto y a pesar de que habia hipotesis viables y claros indicios de culpabilidad de un implicado, dar un frenazo al caso del asesinato de Victoria Yeriomina. Hacia muchos anos que Olshanski conocia a Gordeyev y comprendia que detras de tal peticion de Victor Alexeyevich habria razones muy, pero que muy graves que no se debia discutir por telefono. En otras circunstancias, tal vez le habria exigido aclaraciones y argumentos de peso… Pero no ahora. Tenia miedo de que la conversacion tomase un cariz demasiado «profundo» y recalase en los primeros dias de la instruccion, es decir en la chapuza de Volodya. No, Konstantin Mijailovich no tenia animo de afrontar esta cuestion, pues su amistad con Lartsev no era ningun secreto ni para el coronel ni para sus subalternos. De manera que iba a tener que disimular, hacer ver que no se habia percatado de nada y con esto dar fe de su propia insolvencia profesional, o si no, buscar alguna excusa al hecho de haber hecho la vista gorda a la negligencia del comandante Lartsev. Por todas estas razones, Olshanski se limito a suspirar y a darle a Gordeyev una respuesta sobria:

– Me basta con sus palabras, goza de mi absoluta confianza. Hare publico el auto el primer dia laborable del nuevo ano, ya que el 3 de enero vence el plazo de los dos meses. ?Le parece?

– Gracias, Konstantin Mijailovich, hare todo lo que este en mi mano para no dejarle en mal lugar.

El juez de instruccion colgo, arrojo con enfado las gafas sobre la mesa y se cubrio los ojos con las manos. Le hubiese gustado saber si Kamenskaya habia compartido sus observaciones con sus superiores. Ojala que no. ?Y si lo habia hecho? Entonces, el taimado de Gordeyev, ese viejo zorro, le habria dado a Olshanski, como se decia popularmente, gato por liebre. El coronel era muy consciente de que las chapuzas de Lartsev le tapaban la boca y de que no se atreveria a cuestionar su decision, de forma que ahora tenia carta blanca para hacer con el caso de Yeriomina lo que le saliera del alma sin temer a que el juez le parase los pies. ?Pero que era, exactamente, lo que se proponia el Bunuelo? ?Y si, conociendo como conocia el talante apocado del juez de instruccion, le habia pedido algo que no tenia nada que ver con los intereses de la justicia? Eran tan diferentes el coronel Gordeyev y el consejero de justicia mayor Olshanski. Gordeyev creia ciegamente en la profesionalidad y la honradez del juez. Konstantin Mijailovich, por su parte, no creia a nadie y no confiaba en nadie, llevaba grabada en su mente la conviccion de que el hombre mas recto, el especialista mas competente solo era un ser humano, y no una maquina pensante ajena a las emociones y enfermedades.

«Dios mio, el pelo se le ha vuelto completamente blanco desde que murio Natasa», penso Olshanski observando a Volodya Lartsev, que charlaba animadamente con Nina y sus hijas. Nina Olshanskaya mimaba mucho a Lartsev desde que se habia quedado viudo; durante las vacaciones escolares, si llevaba fuera a sus propias hijas, se preocupaba de que Nadiusa la acompanara, le invitaba cada poco a cenar o a compartir comidas dominicales, le ayudaba a conseguir articulos dificiles de encontrar en las tiendas. A veces decia en broma: «Ahora tengo un marido y medio, y tres hijas.»

– ?Por que uno y medio, y no dos? -pregunto Konstantin Mijailovich cuando se lo oyo decir por primera vez.

– Porque Volodya no da de si para ser un marido completo: yo cuido de el, pero el de mi nada -se rio su mujer.

Ahora, mientras miraba a su mujer y a su amigo, que parecian haberse olvidado de el, luchaba por reunir el valor necesario para pronunciar la primera frase en cuanto Nina saliese de la cocina. Al final, esta se fue a hacer una llamada, Konstantin Mijailovich respiro hondo y formulo su pregunta:

– ?Te encuentras bien, Lartsev?

Dios sabia cuanto esperaba Olshanski ver asomar a la cara del amigo una divertida perplejidad, escuchar su breve risa, tan familiar, y una respuesta burlona. Pero Volodya entorno los ojos, que en ese momento parecieron helarse, y las esperanzas del juez se desvanecieron en el acto.

– ?A que viene esa pregunta, Kostia? Hace ya un ano y pico que no estoy bien y tu lo sabes.

– No me referia a esto.

– ?A que entonces? ?A que te referias?

– Has empezado a cumplir mal con tu trabajo. Perdona que te lo diga, Volodka, lo entiendo todo pero esto no puede seguir asi…

– ?Esto? ?El que?

Durante su larga carrera judicial, Olshanski habia realizado tantos interrogatorios que no necesitaba continuar la conversacion. Todo estaba claro. Lartsev no se justificaba, no se enzarzaba en explicaciones sino que contestaba a preguntas con otras preguntas, obviamente para salirse por la tangente y, por otra parte, averiguar que era lo que sabia su amigo Kostia. El juez de instruccion lanzo un amargo suspiro. Asi que no se trataba de una simple negligencia sino de algo mucho mas gordo. Al parecer, Volodya habia mordido cierto anzuelo.

– Escucha, si no te apetece hablar, es asunto tuyo. Por supuesto que me sabe mal que quieras ocultarme algo pero…

– Pero ?que? -insistio Lartsev con frialdad.

– Te vas a meter en un lio gordo.

– ?Por que?

– Porque antes se coge a un mentiroso que a un cojo, y tus mentiras saltan a la vista en cada protocolo que has firmado, en cada documento. ?Que te has creido? ?O es que me has perdido todo el respeto para pensar que no me daria cuenta?

– Conque te has dado cuenta. -Lartsev esbozo una leve sonrisa y saco un cigarrillo.

– Imaginate, me he dado cuenta. Aunque durante mucho tiempo he estado disimulando, haciendo la vista gorda. Pero esto no puede seguir asi.

– ?Por que? -quiso saber Lartsev buscando el cenicero en un estante.

«Que demonios pasa aqui -penso Konstantin Mijailovich-, no soy yo quien le hace preguntas sino que el me las hace a mi. Y a todo esto, no le tiembla el pulso, parece una estatua de piedra, mientras que yo estoy sudando hielo, casi ni me tengo en pie de los nervios.»

– Porque ahora se ha dado cuenta alguien mas.

– ?Quien?

– Kamenskaya. Ha vuelto a interrogar a todos los testigos. ?Lo sabias? Empleaste diez dias en hacer tus chapuzas, y ella otros diez en deshacerlas. Y todo esto no ha servido apenas de nada porque las declaraciones testificales prestadas veinte dias despues de los hechos no se parecen en nada a las que se toman en caliente. ?Y quien lo sabra mejor que tu! Como resultado, se han perdido veinte dias de los sesenta que se conceden para la

Вы читаете El Sueno Robado
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату