no respondia de la seguridad, que era de la incumbencia de Arsen. ?Pero la dejadez debia tener algun limite! Al fin y al cabo, un mercenario no podia confiarse por completo a los cuidados de un padrino, que le iria detras limpiando las porquerias que dejaba a su paso.
– No eres quien para indicarme que es lo que se y que tengo que hacer -respondio Arsen secamente-. Eres un inutil si no te has dado cuenta de que tu chaval juega a dos barajas.
– ?Por que lo dice? -el asombro del tio Kolia no era fingido.
– Porque, amigo mio, le ha sido demasiado facil salir del piso de Kartashov. Habia entrado en casa ajena, le conto al dueno un monton de mentiras y se fue de alli de rositas, sin haber hecho nada de lo que se le habia ordenado. Al dia siguiente resulta que el dueno, de buenas a primeras, se pone a indagar justamente sobre aquello de que habla la nota. ?No te da que pensar?
– Vamos a ver, ?que insinuaciones son estas? -pregunto el tio Kolia, que hacia esfuerzos por no levantar la voz.
– Son insinuaciones de que tu mozalbete se ha ido de la lengua. Y una de dos, o bien lo sabes y quieres encubrirle, es decir me enganas a mi y a Serguey Alexandrovich, tu amigo del alma, o bien eres un completo idiota y has dejado que un mocoso te tome el pelo. En cualquiera de estos dos casos te mereces un castigo.
– Es curioso como lo presenta. ?Y que me dice de su hombre, aquel que le habia comunicado que Kartashov estaba de viaje? ?Piensa castigarle a el tambien? ?O le basta con tenerme a mi de cabeza de turco?
– No te preocupes de mi hombre. Tu debes responder de ti y de tus chicos. A partir de hoy no habra mas encuentros. Nos comunicaremos solo por telefono y solo con un filtro doble. Manana por la manana voy a comprobar si tu telefono esta intervenido; por si acaso, de momento sera mejor que no lo utilices.
– Venga, Arsen, menos lobos, ?vale? ?Por que diablos va a pinchar nadie mi telefono?
– Porque mucho me temo que a tu chaval le pusieron un rabo en el momento en que salio del piso de Kartashov. Y tu ni siquiera crees oportuno asegurarte de que no te siguen, ni que fueras un angel sin macula. Bueno, considera que te he dado el repaso, ahora hablemos de negocios.
El tio Kolia escucho con atencion, sin distraerse, sin hacer preguntas superfluas. Por un lado, a Arsen le parecia de perlas, no aguantaba tener que explicar sus ideas y contestar a las preguntas. Pero por otro, la docilidad del tio Kolia, dispuesto a cumplir a rajatabla todo lo que se le decia, sin molestarse en entender el sentido ultimo de la orden, le daba mala espina. Sin captar el sentido, creia Arsen, seria incapaz, en caso de que las cosas se torciesen, de tomar una decision acertada. Pero tambien era verdad que, cuando alguien comprendia todo lo que una orden implicaba, llegaba a saber demasiado y se volvia peligroso…
Cuando sono el telefono Nastia se estremecio pero Liosa Chistiakov descolgo sin mirarla siquiera. Habia desistido de volver a verla hablar por telefono algun dia.
– Supongo que Anastasia Pavlovna no esta, como de costumbre -dijo la voz familiar, la misma con la que Liosa estuvo conversando la noche anterior-. Asi que le rogare que sea tan amable y le diga que he llamado y que esta vez le sugiero que vuelva a leer la obra de Jack London, en particular, los cuentos incluidos en el quinto volumen.
– ?Pero que quiere que le diga, exactamente? ?Que vuelva a leer el volumen cinco?
– Quiero que le diga que cada paso suyo traera una cola de disgustos.
– ?Que clase de disgustos?
– Los mismos de los que habla Jack London. Que le lea.
Se oyeron pitidos breves: habia colgado. Por reflejo, Liosa miro el reloj. No, no habia conseguido entretener a su interlocutor para que la conexion superase los tres minutos, como le habia pedido Nastia. El identificador de llamadas recien instalado no mostraba ningun numero porque su comunicante habia utilizado una cabina publica.
– Perdona -le sonrio a Nastia con expresion dolorida-. No ha salido pero lo he intentado. Ha dicho que te aconseje que vuelvas a leer el volumen cinco de las obras completas de Jack London. Y que cada paso tuyo traera una cola de disgustos.
Inmovil, Nastia se sentaba delante de la mesa de la cocina, asiendo con las dos manos una cucharilla de alpaca que habia estado a punto de colocar sobre el platillo y se olvido de hacerlo cuando comprendio quien llamaba. Tenia la sensacion de que las manos y los pies se le habian entumecido hasta el punto de desaparecer. Necesitaba hacer acopio de fuerzas, ponerse en pie, llegar hasta la puerta del apartamento, luego hasta la escalera, luego hasta el piso de Margarita Iosefovna, necesitaba llamar por telefono y preguntar… Ay, Senor, que camino mas largo, que dificil iba a ser recorrerlo, nunca reuniria la energia necesaria, se derrumbaria antes de cruzar el umbral y nunca mas llegaria a levantarse. Al diablo con el telefono, que escuchen si quieren. Incluso era mejor asi, rectifico en seguida, seria tonto no hacer esa llamada desde su propia casa. Ese hombre acababa de transmitirle una informacion y lo logico era que la comprobase de inmediato. Ademas, si no la oyesen telefonear y solicitar tal comprobacion, se darian cuenta de que acostumbraba a utilizar el telefono de algun vecino.
Nastia marco el numero de Chernyshov de prisa. Luego miro, sin verle, a Liosa, que continuaba de pie junto a la cocina y repetia por cuarta vez la misma pregunta:
– ?Quieres que te traiga el volumen cinco de Jack London?
– ?Eh? ?Como dices?… No, gracias, no hace falta.
– ?No sientes curiosidad?
– Siento miedo.
– ?Por que?
– Porque, sin duda alguna, se trata de Los favoritos de Midas. Y esto significa que cualquier testigo al que me acerque morira sin remedio.
– ?Seguro que sin remedio? -pregunto Liosa incredulo, sentandose despacio sobre un taburete y quitandole de los dedos la cucharilla de alpaca, que Nastia seguia asiendo con fuerza.
– Pronto lo sabre.
– ?Y si te equivocas? Tal vez en ese volumen haya otros cuentos que tienen que ver con esta situacion.
Nastia movio la cabeza con gesto de desesperanza.
– No, lo recuerdo bien. De pequena lei y relei aquel volumen una decena de veces como minimo.
– ?Y si se trata de otra edicion? ?Y si su volumen cinco incluye otras obras completamente distintas?
– Liosenka, carino, no te molestes en tranquilizarme. Se trata de esta edicion, de ninguna otra, porque la tengo colocada en mi libreria en el lugar mas visible. El que entro en mi piso se acerco a la libreria y se fijo en ella. Ya veras quien tiene razon cuando llame Andrei.
Sentados en la cocina, esperaron la llamada de Chernyshov en silencio. Liosa se entretuvo haciendo un solitario, Nastia pelaba meticulosamente las patatas. Se habia quedado tan absorta en sus pensamientos que sin darse cuenta lleno hasta los bordes una enorme olla de tres litros. Entonces se llevo las manos a la cabeza y se volvio hacia Liosa:
– Mira que horror. ?Que hacemos ahora con tanta patata?
– Cocerla -respondio sin inmutarse el doctor en Ciencias Chistiakov, alegrandose para sus adentros de que Nastia, por un momento al menos, se olvidara de sus lugubres pensamientos.
– No podremos comerlas todas.
– No tenemos por que. Esta noche cenaremos, y el resto de patatas nos servira un dia para hacer una tortilla y otro para acompanar alguna carne.
– Cierto -sonrio Nastia con perplejidad-. Ni se me habia ocurrido. No suelo cocinar para mas de un dia.
– Lo que te sucede es que no cocinas nunca, asi que dejate de disculpas. Dame aquel perol.
– ?Para que?
– Para no esperar hasta que este lista toda la calderada. Herviremos en el perol las patatas para la cena, y el resto que se vaya haciendo. ?Lo pillas?
– Que sencillo… ?Que me pasa, Liosik? Me patinan las neuronas. No entiendo las cosas mas elementales.
– Estas cansada, Nastiusa.
– Es verdad, estoy cansada. ?Pero por que no llama?
– Ya llamara, ten paciencia.
Cuando por fin llamo Andrei, Nastia estaba en un tris de sucumbir a un ataque de histeria.
– ?Que has averiguado? -dijo jadeante.
– Nada en particular. Hay ocho cadaveres pero ninguno tiene nada que ver con nosotros. Cinco incendios, y
