Al instalarse Oleg en casa, todo esto ha cambiado. El chico escucha con vivo interes sus relatos sobre las cacerias, hace preguntas, comparte las emociones de la madre, contiene el aliento en momentos especialmente dramaticos, la consuela con palabras adultas cuando un dia Natalia se confunde en la oscuridad, mata de un disparo a un cisne y se disgusta tanto que ni siquiera trae a casa las piezas cobradas, sino que se las deja a los monteros. Pero lo mas importante es que no se escaquea del trabajo sucio de la cocina, ayuda a Natalia a cortar y preparar la carne, la repasa quitando los ultimos pelos y plumas, limpia los charcos de sangre, lava las paredes y el mobiliario de la cocina. En ocasiones, ella observa a Oleg con el rabillo del ojo cuando el se relaja y se olvida de controlar la expresion facial, y se da cuenta del esfuerzo que le cuesta ocultar la repugnancia que le produce ver y oler la sangre. Para los asuntos de caza de la madre es un ayudante valiente y sacrificado. Esta vez, Natalia Yevguenievna trae a casa un jabali.

El enorme animal le salio, sencillamente, al encuentro. Natalia le disparo desde unos veinte pasos de distancia y le dio justo en la frente, pero el impulso seguia propeliendolo hacia adelante, y la media tonelada de su mole amenazaba con arrollar a la mujer. Dajno no recordaba haberle disparado por segunda vez y no entendia en absoluto como, en su estado de ofuscacion aterrada, habia conseguido darle en el ojo. En cambio, si recordaba muy bien el miedo que habia sentido. Las piernas seguian temblandole incluso ahora, cuando estaba sentada en la cocina bebiendo te junto con Oleg. Desde luego, hubiera preferido algo mas fuerte que el te pero no creia conveniente tomar alcohol delante de un joven de diecisiete anos. Por algun motivo le atemorizaba la idea de que la viera debil.

– ?Has pasado mucho miedo, verdad, mama? -pregunto Oleg buscando la mirada de Natalia con la suya.

– Si, hijo, a decir verdad, mucho. Sigo sin volver en mi -confeso la mujer.

Oleg se levanto, abrio la nevera y saco una botella de vodka ya mediada.

– ?Nos atizamos un lingotazo, eh, mami querida? Necesitas relajarte, si no, luego no podras dormir -dijo el hijo mientras buscaba en el armario unas copas y preparaba unos bocadillos para acompanar el trago.

– Gracias, Oleg -suspiro la mujer agradecida-. Tenia unas ganas tremendas de tomarme una copa pero me daba verguenza.

Oleg dejo el cuchillo, se acerco a Natalia, apreto la mejilla contra la suya.

– Soy tu hijo. Delante de mi no debes avergonzarte nunca, ?me oyes? Porque eres mi madre y para mi siempre seras la mejor, la mas digna, la mas justa, la mas sabia, hagas lo que hagas.

– Gracias, mi cielo. -Le atuso con ternura la abundante cabellera rubia, le acaricio el cuello, el hombro-. Aprecio mucho esta actitud tuya. Pero ?no crees que no deberias beber conmigo?

– Primero, beber a solas es indecente, es un indicio de alcoholismo -se rio Oleg-. Y segundo, me asuste tanto como tu al imaginar lo que pudo haber sucedido. Tienes mucho coraje, madre, pero por favor, cuidate. No quiero perderte.

Natalia Yevguenievna sentia fisicamente como se desdoblaba su alma. Una mitad comprendia que todo aquello no era sino una habil interpretacion teatral, una imitacion de lo que el interlocutor de Oleg esperaba ver y escuchar en cada momento dado. Era un joven excepcional, un psicologo sutilisimo que sabia captar el estado animico de los demas y afinar al instante su linea de comportamiento de acuerdo con las expectativas mas exigentes, con los modelos mas elevados. No era casualidad que todo el mundo, sin excepcion, le adorara. En los cuatro anos no habia habido ni un acto, ni una palabra que reprocharle.

?Pero la otra mitad de su alma tenia tantas ganas de creer que todo aquello era verdad, que en efecto Oleg era un hijo solicito, atento, tierno, que idolatraba a su madre, que tenia talento, entereza, honradez y decencia!

«Lo que te ocurre, es que se te cae la baba con el -no dejaba de decirse a si misma Natalia Yevguenievna-, no es de fiar, sabes perfectamente que y como es. Es tu pupilo, que nunca llegara a ser tu hijo. Solo esta jugando a ser hijo amantisimo con tal de obligarte a ser madre carinosa.» Pero apetecia tanto creer en el sueno hecho realidad…

…Hacia tres anos… Por primera vez Natalia llevo a Oleg a practicar el tiro. Solia ir a entrenarse sola, el hijo vivia segun sus propios horarios y practicaba el tiro a horas y en sitios distintos. Natalia Yevguenievna solo se enteraba de los exitos deportivos de Oleg por sus propias palabras y por los diplomas y copas que traia a casa con cierta frecuencia. Ademas del tiro al blanco, tambien practicaba natacion y lucha libre y jugaba al ajedrez.

Los resultados del entrenamiento conjunto la dejaron atonita. No era que Oleg disparase bien. Disparaba mejor que ella. Pero lo que mas impresiono a Natalia Yevguenievna fue la sensacion inedita de entusiasmo provocado por el hecho de que alguien la superase en el tiro. En su circulo de amistades no tenia iguales, siempre habia sido la primera, la mejor, la campeona, el no va mas.

Y la idea de que tarde o temprano llegaria alguien que batiria sus records no le hacia ni pizca de gracia. Ese alguien aparecio de forma del todo inesperada, y mucho mas inesperado aun resultaba el hecho de que esto le diera ganas de llorar de alegria. Solo los verdaderos maestros y padres amantes sabian alegrarse de que su criatura les hubiera superado.

– Gracias, hijo -balbuceo abrazando a Oleg y ocultando el rostro para que nadie viera sus lagrimas.

– ?Por que me das las gracias? -se sorprendio el joven.

«Por brindarme la oportunidad de experimentar esta increible sensacion de alegria y orgullo de ti. Porque creo que te quiero de verdad», penso Dajno. Pero en voz alta lo echo a broma:

– Por no dejar en mal lugar el honor de una madre campeona.

– Pero que dices, mami, me queda todavia un buen trecho que recorrer para poder compararme a ti. Hoy simplemente he caido de pie, todo ha sido pura carambola. No podre repetir ese resultado. Aunque me he esforzado mucho, te doy mi palabra. Siempre he querido parecerme a ti, tus resultados son para mi un ideal y voy a luchar por alcanzarlo…

… Hacia un ano… Natalia Yevguenievna le fue infiel a su marido por primera vez. Y no solo le fue infiel sino que se habia enamorado locamente, se habia enamorado hasta el punto de abandonar, a veces, toda cautela.

Tarde o temprano tenia que ocurrir. Habia llevado a su amigo al chalet, convencida como estaba de que el marido estaba haciendo guardia y el hijo dando clases en la Academia Superior de Policia. Cuando en el porche resonaron pasos y voces, Natalia se quedo de piedra. Su marido no debia enterarse de la existencia del amante, pues seria una catastrofe para todos. Cuando todavia estudiaban en la universidad, Natalia supo inculcarle la nocion de que poseia unas dotes sexuales extraordinarias y, tocandole esta fibra, rapidamente convirtio a su companero, primero en amante, luego en novio y, mas tarde, en marido. En realidad, el hombre no tenia nada de que presumir en este aspecto y, lo que era peor todavia, no solo carecia de habilidad sino que tampoco queria aprender. Para que, en efecto, iba a aprender nada si su mujer le aseguraba que todo le salia fenomenal y no podia estar mejor.

Al verse atrapada en las redes de su propia mentira, Natalia aguantaba con paciencia la ceremonia del debito conyugal, sin dejar de fingir entusiasmo y gozo, ya que tenia muy presente lo siguiente: cualquier cosa antes que la ruptura y el divorcio. No, no seria en absoluto admisible, el hombre sabia demasiado sobre la Oficina y le hacia demasiada falta a Arsen. En caso de conflicto tendria que ser eliminado.

Natalia Yevguenievna hizo acopio de su descomunal valor, se puso la bata y salio del dormitorio al vestibulo. En el umbral estaban Oleg y una simpatica senorita ataviada con un largo abrigo de piel y una bufanda color verde esmeralda, echada al desgaire sobre los hombros. El gesto de la senorita era indisimuladamente burlon. Natalia y su amigo habian venido en el coche de este, y la circunstancia de que delante de la casa estuviera aparcado un coche extrano y una mujer de mediana edad hubiera salido del dormitorio sofocada, con la bata a medio abrochar y la cara descompuesta por el panico no se prestaba mas que a una interpretacion. Obviamente, a la senorita le parecia divertida la idea de que esa mujer nada joven ni atractiva tuviese un encuentro amoroso al igual que los tenian los jovenes, poseedores de cuerpos esbeltos y hermosos.

– Oleg, acompana a la visita al salon, ofrecele algo de beber y ve al estudio de papa. Tenemos que hablar - dijo Natalia Yevguenievna con frialdad.

Se sento en el hondo sillon del estudio del marido e intento ordenar sus pensamientos. Costara lo que costara, tenia que poner a Oleg de su parte, prometerle todo cuanto le pidiera con tal de asegurar su silencio. Tal vez apanaria a toda prisa alguna milonga, aludiria a una mision que le habia encomendado Arsen.

Oleg entro en el estudio y se paro en silencio delante de la mujer.

Durante unos breves instantes se quedaron mirandose sin decir palabra, pero ese lapso fue suficiente para que el joven comprendiera el estado de la madre y apreciara la situacion. Se hinco de rodillas delante del sillon y

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