encontraba en alguna zona montanosa de las cercanias de Arlington, California. Le dio un vuelco el corazon. Eso ya era algo.
Penso que ojala dispusiera de mas datos pero se mostro satisfecha. Habia resuelto el penultimo problema. Quedaba por resolver el ultimo de los problemas, del que dependeria su vida o su muerte.
Se habia preparado esmeradamente para su ultimo visitante de la noche, tan esmeradamente como cuando se preparaba para salir a cenar con Roger Clay.
Se probo uno de los jerseys y una de las faldas y desecho ambas prendas; se probo despues el camison y tambien lo desecho y, al final, se puso el sujetador y las bragas del sucinto bikini y se gusto mas que con ninguna otra cosa.
A continuacion se maquillo cuidadosamente ante el espejo del cuarto de bano. En el transcurso de los ultimos meses habia ido prescindiendo progresivamente de los artificios de la cosmetica, prefiriendo, en su lugar, ofrecer un aspecto sano y natural.
Reservaba el maquillaje para cuando actuaba. Esta noche actuaria. Tras haberse aplicado la sombra de ojos, los polvos y el carmin de labios, se echo perfume detras de las orejas, en el cuello y en la hendidura del pecho.
Despues se sujeto el cabello rubio hacia atras peinandose con cola de caballo y ya estuvo lista.
Tenia que disponerse a afrontar su mas dificil interpretacion. Desde el momento en que habia decidido convertirse en la mujer que aquellos cuatro individuos sonaban, habia estado segura de que su proximo visitante seria el mas vulnerable a sus encantos y, por consiguiente, el mas util para sus propositos.
Pero, inesperadamente, habia resultado ser el mas dificil de alcanzar y manejar. De los cuatro, era el unico que no le habia revelado nada.
Esta noche estaba decidida a sacarle provecho por arriesgado que ello pudiera resultar. Minutos mas tarde se encontraba reclinada perezosamente en la tumbona canturreando una dulce balada, cuando el entro, corrio el pestillo y se volvio para mirarla.
El Sonador miro a su alrededor y, al final, la descubrio.
– Hola, carino -le dijo ella con voz gutural-. Te estaba esperando.
– Hola -dijo el.
En lugar de acercarse a ella, se detuvo junto a una silla y se acomodo cuidadosamente en la misma. Sharon sabia que, al principio, siempre se mostraba extrano y distante, pero esta noche le veia mas ausente que nunca.
– Bueno, ?que te parece? -le pregunto senalandole el bikini-. ?Te gusta?
– Pareces una modelo de fotografia -le dijo el.
El bikini tenia un anillo extranamente anticuado que evocaba reminiscencias de Betty Grable, Rita Hayworth e incluso de las estrellas Wampus.
– ?Debo considerarlo un cumplido?
– El mejor que te podria hacer.
– Quisiera darte las gracias por el traje de bano.
– No lo he comprado yo. Lo compro esta tarde mi companero.
– Bueno, sea como fuere, es maravilloso. Lo unico que echo de menos es una piscina.
– Si -dijo el con aire ausente-, lamento que no podamos permitirte nadar un poco. Hoy ha hecho muchisimo calor. Mas de treinta y cinco grados. Hasta yo hubiera querido darme un bano por el camino de regreso, pero el unico lago que hay por aqui no esta a disposicion del publico.
– Que lastima -dijo ella con indiferencia, procurando dominar su emocion.
La referencia no se le habia escapado. Acababa de recibir una recompensa imprevista. Un lago en las cercanias. En algun lugar situado entre la ciudad de Arlington y las colinas en que ella se encontraba habia un lago.
Ello equivalia casi a senalar con alfileres sobre un mapa el lugar donde se la mantenia oculta. La geografia de su localizacion se habia completado mas alla de lo que hubiera, lastima -dijo el.
– Hubieras debido tomarte un bano de todos modos.
– No podia porque… bueno, no tiene importancia.
Habia empezado a recelar. Sharon le vio muy distante.
Despues de sus triunfos masculinos de las dos noches anteriores, Sharon habia supuesto que se produciria en el un considerable cambio.
Creia que le veria mas seguro de si mismo y mas tranquilo. Pero no habia sido asi y estaba desconcertada. Intento leer la expresion de su rostro.
El la miraba parpadeando.
Era increible pero, a pesar de las intimas relaciones que les habian unido, se le veia como turbado ante su presencia. Era necesario descubrir cuanto antes la causa de aquella actitud. Dio unas palmadas a la tumbona.
– Ven aqui, carino. ?No quieres estar cerca de mi? ?Ocurre algo?
El Sonador se levanto con evidente renuencia y se acerco lentamente a ella. Al final se sento a su lado. Los frios dedos de Sharon le rozaron la mejilla y las sienes y despues le acariciaron suavemente el cabello.
– ?Que te preocupa? Puedes contarmelo.
– No se que estoy haciendo aqui.
– ?A que te refieres? -le pregunto ella perpleja.
– No se que estas haciendo aqui ni que estoy haciendo yo, todo este asunto.
– Me confundes.
– Tal vez porque yo tambien estoy confuso -dijo el bajando la mirada.
– ?Se trata de algo que tenga que ver conmigo? No es posible que estes enojado y que te haya decepcionado, de otro modo no te hubieras tomado la molestia de irme a comprar todas estas maravillosas…
– No, ahi esta -le interrumpio el rapidamente-. Tal como ya te he dicho, no he sido yo quien te ha comprado el bikini y las demas cosas. Yo no te he comprado nada en la ciudad. Eso se lo deje a mi companero porque yo queria, bueno, muy bien, no hay razon para que no lo sepas.
– Dimelo, por favor -le insto ella.
– Me entere de que esta tarde iban a proyectar una de tus antiguas peliculas, una de las mejores, “Los clientes del Doctor Belhomme”, y quise volver a verla.
Estaba deseando verla tal vez porque ahora ya te habia conocido. “?Que la habia conocido!” Aquello era una locura. Sharon le escuchaba asombrada.
– Me fui alli y le deje las compras a mi amigo. Solo he podido ver la primera parte, pero lo que he visto ha sido suficiente. No me quito la pelicula de la cabeza.
Estabas maravillosa, tal como siempre has estado. Solo que yo lo habia olvidado desde que estamos encerrados aqui.
Eras, no se como expresarlo con palabras. Bueno, inalcanzable e inaccesible como una virgen vestal, como Venus, como la Mona Lisa, como la Garbo, lejos del alcance de los simples mortales.
Sharon estaba empezando a comprender lo que le habia ocurrido.
El seguia explicandoselo como hablando consigo mismo.
– Al salir de ver la pelicula y enfrentarme cara a cara con la realidad, me he dado cuenta y me he preguntado: '?Que es lo que he hecho?' -La miro asombrado-. Y no he podido hallar ninguna respuesta logica. Me he asustado y sigo estando asustado.
– ?Asustado de que?
– De la enormidad del acto que he cometido. Te he arrancado del marco de tu existencia. He olvidado quien eras y cual es el lugar que te corresponde.
Te he humillado tratandote como una mujer corriente. Te he bajado de tu pedestal y, manteniendote oculta en este ambiente terrenal, he olvidado tu situacion. Y, al verte en la pelicula, al recordar el lugar que te corresponde, al verte de nuevo enmarcada en el ambiente que te pertenece, me he sobrecogido.
Si, me he sobrecogido y he comprendido que eras algo especial, una obra de arte, un templo, un objeto destinado a ser venerado de lejos, una insolita encarnacion de Eva destinada a inspirar a los hombres desde su alto pedestal. -Sacudio la cabeza-. Y yo, comportandome de una forma egoista y atolondrada, he roto el pedestal y te he conducido a esta ordinariez y vulgaridad. Me he sentido culpable y me he llenado de remordimiento.
Sharon le habia estado escuchando arrobada, sin que ello le hubiera impedido percatarse de sus defectos.
Habia hablado utilizando un pesimo estilo barroco, pero el analisis de lo que habia hecho y de lo que ahora le
