siquiera lo que era y dijo que jamas se lo habian pedido.
– No me sorprende.
– Pero te he traido casi todo lo demas.
– Ya lo veo. Es mas que suficiente, carino. Mi copa esta llena a rebosar. Te lo agradezco muchisimo.
– Claro que si quieres lo que falta, cabe la posibilidad de que me consiga un par de cosas.
Insistio en tomar nota del Madame Gres y de las pastillas Altoid y de los Largos. El “Variety” no podra conseguirlo, pero vera si puede pedir lo demas para este fin de semana.
Podria bajar el viernes a la ciudad y ver si lo ha recibido si es que te interesa.
– Ya veremos. Lo que has hecho es mas que suficiente.
Mientras se anudaba los cordones del bikini, archivo rapidamente dos pequenas informaciones sin detenerse a pensar en su posible valor.
Era posible que bajara de nuevo a la ciudad el viernes. Estaban a lunes.-Eso significaba como minimo otros cuatro dias en el pasillo de la muerte antes de que el verdugo decidiera sancionar su destino.
Por otra parte, el propietario de la tienda habia anotado tres de las cinco huellas digitales simbolicas que ella habia dejado.
En Las Vegas tampoco se atreverian a apostar por la posibilidad de que dichas huellas fueran descubiertas. Pero que demonios.
– Dame unos minutos para arreglarme -le grito.
– Tomatelo con calma pero no con demasiada. Voy a echar un vistazo a lo que estas leyendo.
– Muy bien.
Habia vuelto del reves las copas del bikini en la esperanza de hallar alguna clave que le permitiera averiguar donde habia estado aquel tipo.
Pero no habia tela bastante para que cupiera una etiqueta.
Examino ahora las mullidas zapatillas de dormitorio y descubrio el cordel de una etiqueta que habian arrancado.
Rebusco en el interior de la caja sin encontrar nada y despues la levanto y se percato de que habian arrancado una etiqueta.
Analizo ahora el contenido de la bolsa mas grande, que habia depositado sobre el cesto de mimbre.
Habia en ella como una docena de paquetes adquiridos en distintas secciones del establecimiento, todos ellos envueltos por separado.
Saco y examino los paquetes uno a uno y observo que habian arrancado las etiquetas y cortado cualquier inscripcion que pudiera haber.
Habia sacado los tres ultimos paquetes de maquillaje para comprobar si quedaba en la bolsa alguna otra cosa cuando cayo al pavimento del cuarto de bano un trozo de papel amarillo que habia permanecido oculto entre los paquetes.
Era un resguardo de compras con los precios muy debilmente marcados y rezo para que pudiera descubrir en el algo mas que el simple nombre de la tienda.
Habia introducido de nuevo los tres paquetes en la bolsa y habia empezado a agacharse para recoger el papel cuando oyo su voz casi a su espalda a traves de la puerta entreabierta.
– ?Por que tardas tanto, cielo? -le pregunto Yost-.
Quiero verte. Como no salgas, entro yo.
– Un mom… -empezo a decir ella casi gritando.
Agarro el trozo de papel. No disponia de tiempo para darle la vuelta.
Levanto la bolsa, levanto la tapa del cesto de mimbre lleno de toallas y arrojo el papel al interior del mismo.
Se irguio, se aliso el cabello y procuro recuperar el aplomo, pero se percato de que estaba temblando de la cabeza a los pies.
Se dirigio hacia la puerta. Tenia que terminar con aquella bestia cuanto antes.
– Preparate, carino -le grito-. Comienza el desfile de modelos. Abrio la puerta con el pie y entro sensualmente en la habitacion con la pelvis echada hacia afuera, igual que una modelo de alta costura.
el se encontraba desnudo junto a los pies de la cama, parecido a una enorme burbuja de rosada carne.
Avanzo hacia el poco a poco y comprobo que la estaba mirando con los ojos desorbitados.
– ?Oh! -exclamo el.
Sharon se detuvo graciosamente, hizo una pirueta y se miro. Su abultado busto se escapaba por encima y por debajo del sujetador del bikini.
Las bragas del bikini eran tan ajustadas que, a traves del algodon blanco, se adivinaba el pliegue vaginal.
– ?No se te ocurre decir otra cosa? -le pregunto burlonamente.
Se contoneo frente a el con la pelvis echada hacia afuera para provocarle. Despues le apoyo las manos sobre los hombros y se los comprimio suavemente.
– ?Ay! -dijo el jadeando.
– ?A que esperas? -le susurro ella-. Yo me lo he puesto.
Ahora alguien me lo tiene que quitar.
Perdio de vista el lascivo rostro del tipo. Este se habia arrodillado frente a ella. Tiro de los cordones de las bragas del bikini y estas se abrieron por delante y por detras al tiempo que Sharon separaba sus largas piernas y las dejaba caer.
Babeando y presa de excitacion, el le hundio los ojos y despues la nariz y la boca entre sus piernas.
Ella cerro los ojos y echo la cabeza hacia atras.
– No, no, carino -le suplico-. Levantate, por favor, dejame hacerlo a mi.
El se puso vacilantemente en pie, apuntandola directamente con su abultado miembro.
Ella se arrodillo sollozando y empezo a besarle.
El se apoyo contra el borde de la cama con los muslos temblorosos y empezo a emitir gritos entrecortados mientras ella se dedicaba a la tarea de costumbre.
Termino en cinco minutos. Despues corrio al cuarto de bano, se enjuago la boca, regreso y le ayudo a sentarse en una silla. Se mostraba tan docil y maleable como la masilla.
Le ayudo a vestirse y despues le acompano hasta la puerta mientras el le daba monotonamente las gracias por sus atenciones y amor.
Sharon oyo que se cerraba la puerta y el pestillo exterior y escucho brevemente.
Tras asegurarse de que el tipo se habia alejado pasillo abajo en direccion a los demas aposentos de la vivienda, corrio al cuarto de bano.
Saco la bolsa que habia encima del cesto de mimbre, levanto la tapa de este y saco el resguardo.
Era el resguardo de las compras de la farmacia, que debian haber doblado varias veces y deslizado debajo del papel de envoltura de algun paquete.
A Yost se le habia pasado por alto. Sus ojos se posaron en la parte de arriba del resguardo, en la que podia leerse en letras mayusculas azules: Drogueria y Farmacia Arlington, Avenida Magnolia, Arlington, California. 'Visite nuestro establecimiento de Riverside'.
Arrugo rapidamente el trozo de papel y lo arrojo al excusado. Despues echo agua. La prueba condenatoria desaparecio inmediatamente.
Arlington, Arlington, Arlington, California. El dulce canto resono por su cabeza. Intento imaginarse un mapa del sur de California.
A excepcion de Los Angeles, Beverly Hills, Bel Air, Westwood, Bretnwood, Santa Monica, Malibu, el mapa estaba en blanco. Pero habia toda una serie de localidades a escasa distancia de las numerosas autopistas y Arlington debia ser una de ellas.
Estaba segura de haber oido mencionar aquel nombre alguna vez. Lo recordo. Una vez habia rodado unos exteriores, un breve desplazamiento que habia tenido lugar hacia tres, cuatro o cinco anos para la filmacion de una persecucion en una pelicula del Oeste en la que habia intervenido.
Despues habia concedido una entrevista a dos simpaticos periodistas del “Press” de Riverside y el “Times” de Arlington. Ambos periodistas se habian gastado bromas a proposito -si, ahora lo recordaba-del hecho de no ser Arlington mas que un simple suburbio de la ciudad de Riverside propiamente dicho.
Muy bien, ello significaba que no debia estar a mas de una o dos horas de distancia de Los Angeles. Se
