cala sin compasion en mi alma. Offline. Leerla me certifica que aquel de quien quisiera saber ya no esta unido a la red en la que sucedian nuestros encuentros. Desde hace dos semanas, esas siete letras son la inscripcion grabada sobre la lapida que arrastro, sin que de nada me hayan servido todos los argumentos que he manejado, y no han sido pocos, para probar ante mi misma la estupidez de sentirme tan afligida por algo semejante. Es estupido, desde luego. Y ademas carece de cualquier logica. Pero cada dia me levanto, enciendo el ordenador… y lloro.

Hace ya dos semanas que no se nada del Inquisidor. Aunque tambien podria decir que en realidad hace cinco meses, el tiempo que ha transcurrido desde que me lo tropece por vez primera, que no se nada de el. Nunca vi su rostro, ni oi su voz. No podria asegurar que es un hombre, ni siquiera que exista, en la forma en que convencionalmente existen las personas. Y sin embargo, haberlo perdido, el solo pensamiento de que asi sea, convierte mi existencia convencionalmente irrefutable en algo inerte y sin objeto. En estos cinco meses, descubro ahora, me habia habituado a ser para el. El viejo y pueril error que hace anos, cuando el primer descalabro, me jure que la hija de mi madre jamas se volveria a permitir.

La experiencia tiene por un lado la desventaja de que a partir de cierto momento casi todo lo que te ocurre, y sobre todo si es para mal, te recuerda algo que ya sucedio antes; pero por otro te proporciona el consuelo de saber que, tras la sensacion de que el camino no continua mas alla, todavia resulta posible encontrar una nueva ruta, siempre que no interrumpas la marcha. En estos quince dias he pasado del sobresalto a la desolacion, de la impotencia a la rabia, del enfado a la angustia. He proseguido a pesar de todo con mis quehaceres, o lo que es lo mismo, con mi vida absurda en este lugar demencial (no me quejo de la una ni del otro; trato de ser coherente con mis decisiones y yo misma elegi refugiarme en una existencia anomala y desarraigada). Pero esta manana me he dado cuenta de que eso no bastara para superar mi malestar, aunque me sirva, mal que bien, para gastar las horas. Necesito entender, llegar al corazon de esta amargura, aunque con ello me arriesgue a aumentarla. Y a la vez tengo que ocupar mis energias en alguna tarea que me sirva para construir a partir de lo que ha ocurrido. No se puede vivir sin saber lo que hay de veras dentro de uno, ya lo dijo Socrates, pero tampoco sin un proyecto que otorgue algun aliciente a la terca mecanica de abrir los ojos cada manana y dejarles ver la luz.

De pronto, me he acordado de que soy historiadora. Es curioso que una labor a la que dedique una decada de mi vida y una buena parte de lo mejor de mi inteligencia haya acabado resultandome tan ajena. Hace diez anos que deje todo aquello. Entonces me parecia que me liberaba de un engorro, de una de esas elecciones que suele propiciar la inmadurez y que era una suerte poder deshacer a tiempo. Pero ahora, al acordarme, he sentido nostalgia, sobre todo, de la sencillez con que transcurrian las jornadas en la biblioteca o en el archivo: de lo gratificante que era el trabajo de ir buscando aqui y alla piezas para ensamblarlas en un conjunto armonioso y convincente, aunque el punto de partida, la realidad historica en cuestion, fuera un magma caotico y no obedeciera a designio alguno. Siempre que remataba un trabajo academico tenia la sensacion de ser una falsificadora, porque era consciente de que pesaba menos en mi el afan de desentranar la escurridiza verdad que el de presentar mis tesis y mis conclusiones de una manera seductora y elegante. Habra quien considere escandalosa esta actitud, pero, a quien sustente tal opinion, solo puedo decirle que no tiene ni la mas minima idea de lo que ha sido la Historia desde Herodoto, y que mas vale coronar empresas factibles, aunque sean cuestionables, que aspirar a pisar cimas sublimes que no pasan de ser una entelequia. No existe ni existira nunca una Historia verdadera, porque a nadie le intereso jamas la verdad, sino que su version prevaleciera sobre el resto.

Esta manana me he acordado de mi antiguo oficio porque de repente he comprendido que ademas de un barullo de sentimientos, dudas, temores y sospechas, aqui tengo tambien una historia. Y que mientras sumirme en lo primero solo me conduce al desconsuelo, dedicar mis esfuerzos a escribir la segunda es una forma de desahogo y de emprender algo positivo y reparador. No solo tengo algo que contar, sino que dispongo de los materiales idoneos para construir mi relato. Poseo, respecto de muchos de los avatares de mi historia, los documentos originales, la voz misma de sus actores. Ello no quiere decir que mi narracion vaya a ser fidedigna, porque incluso en el caso de que solo me limitara a seleccionar y ordenar los materiales, en la forma de escogerlos y colocarlos intervendrian inevitablemente mis emociones, o mi necesidad de darle un sentido a lo que acaso carezca de el. Tampoco hay que presuponer que esas voces, aun siendo las autenticas, sean siempre sinceras: no podria afirmarlo en toda circunstancia de la mia propia, y menos aun de la que no me pertenece. No estoy segura, en fin, de que mi historia vaya a interesarle a nadie; me limito a apostar que lo que a mi me atrajo y me intriga bien puede atraer e intrigar a otros, y recurro a exponerlo en este espacio, a disposicion de cualquiera, para hacer mas probable la rara conjuncion con algun lector cuya amabilidad justifique mi empeno. No podre escribir todos los dias, y cuando lo haga, unas veces tendre tiempo para extenderme y otras no tanto. Tratare, con todo, de ser lo mas ordenada posible y de no hurtar nada que resulte indispensable para entender los hechos.

Contar una historia es un acto que revela nuestra pequenez, porque con el confesamos que necesitamos a otro, que estara ahi o no. Pero al acometerlo siento que me empujan potencias descomunales e incomprensibles. Todos los que participamos de la condicion humana somos simultaneamente una decepcionante obviedad y un misterio insondable. La historia que ire recogiendo aqui no es mas que una manera de reclamar, hermanos, vuestra atencion hacia mi insignificante e incierta peripecia. Me complaceria que os fascinara, para que ocultarlo, pero me conformo con que al leerla sintais que tiene algo que ver con vuestra propia aventura. Todo empezo, precisamente, el dia que yo atendi un reclamo parecido a este…

13 de noviembre

En el principio, otro naufrago

Puedo fecharlo con toda exactitud, porque obra en mis archivos un documento que asi me lo permite sin fiarme a las imprecisiones de la memoria. Fue el dia 15 de junio de 2007 cuando me tropece, curioseando por la Red en busca de otra cosa, con el blog de alguien que desde su misma presentacion se identificaba como un naufrago. Por aquel entonces mi vida discurria en una especie de atonia, con la que en terminos generales me sentia contenta, despues de haber saboreado una serie de emociones tan intensas como indeseables. Tal vez por eso me llamo especialmente la atencion la forma en que en su perfil personal se expresaba el dueno de la bitacora, que llevaba ademas el para mi atractivo titulo de Cuaderno del Inquisidor. No estara de mas consignar en este punto que mi inconclusa tesis doctoral, en la que trabaje durante mis dos anos como becaria de investigacion en la universidad, versaba sobre la extraccion social de los funcionarios del Santo Oficio* en la Espana del siglo XVII. El tema no era demasiado original (como ya se habia preocupado de advertirme, con su profesoral escepticismo, mi director de tesis) y supongo que mis aptitudes para reinventarlo resultaban demasiado escasas, lo que explica el fracaso de mi tentativa. Pero de este frustrado empeno me quedo la curiosidad hacia aquella gente, a la que aprendi a ver con un sesgo menos horripilante que el resto de mis compatriotas (y me refiero a aquellos que conocian del asunto algo mas que los dos topicos de rigor). No debe extranar, por tanto, que al encontrar aquel Cuaderno me detuviera en el. Y fue al leer el perfil de su autor cuando me quede enredada en su peculiar forma de describirse, que anunciaba una personalidad, real o ficticia, no menos peculiar. Lo transcribo a continuacion (perdonenme los que no entiendan espanol, pero prefiero no traducir sus palabras): *

Yo he sido otro hombre. De vez en cuando me vienen jirones de sus andanzas y se entremezclan con las impresiones cotidianas, los pensamientos y las preocupaciones del individuo que ahora soy. En terminos generales, no tenemos demasiado que ver, aquel otro hombre que fui y yo. Su vida era muy distinta de la mia, como tambien lo eran su caracter, sus aspiraciones o sus miedos. No deja de resultarme extrano cargar el baul de su memoria, y que todo lo que contiene este a mi disposicion. A veces no querria que lo estuviera; otras, en cambio, revuelvo distraidamente su contenido y saco tal o cual retazo de su vida para observarlo con nostalgia y asombro. Supongo que la nostalgia la pone la pizca que de el queda dentro de mi, junto a sus recuerdos. En cuanto al asombro, es mi legitima pertenencia. En cierto sentido, silo pienso con

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