detenimiento, cada instante de mi existencia representa un milagro.

Yo he sido otro hombre, no se si mejor. Durante algun tiempo crei que si, que aquel otro tenia superiores cualidades innatas, unas circunstancias mas halaguenas y, en definitiva, mas suerte que yo. Le envidie, y creo que en algunos momentos hasta llegue a odiarle, por disponer de tantas facilidades de las que yo carecia. Con el tiempo, sin embargo, hube de aprender a verle sin resentimiento, que es lo mismo que decir sin considerarme inferior a el. A primera vista, el me aventajaba en todo, eso es cierto. Era mas joven, mas simpatico, mas brillante, entre otras muchas cosas. Pero ahondando un poco en su peripecia y en la mia, habia algo en lo que me iba a la zaga: aquel otro hombre no habia dado nunca la cara a la noche, ni habia asomado la punta de los pies al abismo. No habia tenido que enfrentarse al espejo para hallar dia tras dia en la mirada de los ojos dibujados en el azogue la espesa bruma del remordimiento. No se habia visto solo, derrotado y sin esperanza. Para el, estar vivo tan solo era una comoda rutina. Para mi, ha llegado a ser una proeza.

Hubo un tiempo en que decidi morir. No quiero decir que simplemente lo planeara, como tanta gente hace por aburrimiento o capricho, y sin mayores consecuencias. Lo que digo es que yo lo logre. Estuve muerto durante varios meses, tan muerto que nada hice, nada senti, nada me sucedio. Me acuerdo de lo que hubo en aquel tiempo como si no hubiera tenido de todo ello sino la percepcion indiferente de un espiritu que desde ultratumba contemplara los afanes de los vivos, tan ajenos a su naturaleza como imposibles de compartir. Nada me alegraba y nada me ofendia. Estaba fuera del mundo, y ni siquiera llegaba a plantearme la necesidad de preguntarme si eso era bueno o malo. Amanecian los dias, la gente iba y venia ante mis ojos, llegaba la noche, la gente se refugiaba en sus casas. Yo los observaba, en realidad no se me escapaba ningun detalle, y hasta alcanzaba a imaginar lo que hacian cuando no podia verlos; pero carecia de opinion sobre sus acciones. Ni siquiera me sentia obligado a protestar cuando alguno de ellos no se daba cuenta de que yo estaba muerto y trataba de perjudicarme. Si me era posible sin mucho esfuerzo, lo esquivaba. Si no, le dejaba hacer. Me sorprendia que ninguno notara que sus insultos, sus vejaciones y sus golpes eran vanos, que no se puede danar mas a quien ha sufrido el dano absoluto y definitivo. Pero asi era.

Es dificil dejar de estar muerto. Mucho mas dificil que nacer, de hecho. En lo que aun no existe, hay una pulsion por existir. En lo que ha dejado de existir, la inercia es de sentido contrario, va hacia la nada y en ella se sumerge y se regodea. Un cadaver no esta menos lleno de energia que un embrion; pero mientras que la de este puja tremula por construir, la del otro bulle furiosa por consumar la desintegracion de su edificio.

Algo detuvo la desintegracion de mi cadaver y me devolvio a la vida. Por eso estoy aqui, escribiendo esto. Y lo digo en un doble sentido. Porque gracias a haber dejado de estar muerto puedo escribir, y porque haber regresado de la nada me impone la obligacion de decirlo y contarlo. Dire y contare aqui que me mato y que me revivio, pero no lo hare en seguida ni directamente. Para mostrarlo mejor, contare algo que no me ocurrio a mi. No se si puedo afirmar que encontre la historia y me parecio a proposito para ilustrar la mia. Mas bien creo que fue esta historia la que me encontro a mi, para darme la posibilidad de expresar a traves de ella mi propia experiencia de un modo menos burdo y trivial. Dicho esto, tampoco quisiera resultar demasiado solemne. Todo lo que leais aqui esta extraido del sufrimiento, mio y de otros. Pero quien no quiera asumir tanta responsabilidad puede leerlo, sin mas, como una novela.

Asi se presentaba el Inquisidor. Y su blog, en efecto, aunque a su extrano modo, venia a ser como una novela. Cuando yo lo encontre, llevaba escritos tres capitulos. Los lei del tiron, pero permitaseme que aqui los dosifique, para mantener el interes (espero que no se me juzgue demasiado mal por recurrir a este truco, con el que la historiadora se rebaja a folletinista). Manana colgare el primero.

14 de noviembre

Cuaderno del Inquisidor (1)

Soy un pecador. Dilapide en el camino los dones que recibi y mi alma esta sumida en la inmundicia y la zozobra. Y sin embargo, Senor, aun puedo ser emisario de Tu gracia y contribuir a que Tu luz triunfe sobre la oscuridad. Por eso, aunque sepa que no hay redencion posible para mis faltas, no desperdicio mis horas lloriqueando por ahi. Mis dedos, temblorosos de culpa y de miedo, siguen siendo capaces de servir a la suprema tarea: escribir Tu palabra tersa e imperecedera sobre la sucia y movediza pagina del mundo. Aunque yo sea un poeta viejo y corrompido, todavia se me concede anadir versos al poema mas sublime. Y a ese afan entrego mis dias.

Soy inquisidor del Santo Oficio. Vivo en Toledo, Espana, y corre el ano del Senor de mil seiscientos veintitantos, pero no busqueis entre mis palabras ninguna que lo denote de manera inequivoca, ni os asombre leer alguna que entonces no fuera de uso corriente. Vosotros y yo sabemos que lo que soy no lo soy de verdad, porque esto es un cuento, y como de los cuentos importa sobre todo el fondo y el sentido, si os parece no vamos a perder demasiado tiempo con zarandajas filologicas. Tampoco espereis que me entretenga en describiros lugares y vestimentas o me prodigue en anecdotas que proporcionen un sabor de epoca: si es eso lo que os interesa, buscad un libro de Historia o una de esas novelas que alevosamente la desvalijan y empenosamente la remedan. Por mi parte, prefiero ir al grano. Ya os he dicho quien soy y donde estoy. Ahora me toca explicar en que ando metido.

Tengo ante mia una mujer. En los ultimos dias he interrogado a varias. Todas estan aterrorizadas, muchas se muestran incoherentes y algunas me resultan francamente exasperantes. Para mi que casi todas ellas estan locas, y eso me plantea un inconveniente enojoso: si por un lado la demencia, sumada a la intimidacion, favorece que digan lo que creen la verdad, por otro su estado de delirio fuerza a temer que su deposicion sea prodiga en tan sentidos como inservibles disparates. He tenido que expurgar las fantasias y las alucinaciones de unas y otras para establecer aquellos hechos en los que sus testimonios concuerdan, y de ese ejercicio empieza a desprenderse ya una interpretacion preliminar: los delitos a los que me enfrento son vulgares, aunque extraordinarios sean el lugar, la manera y la intensidad de su comision. A otros podran impresionar las patranas de demonios que estas infelices han arrojado como cortina de humo para enmascarar su atolondrado comportamiento. Pero no es quien esta causa instruye proclive a achacar a pintorescos diablos subalternos lo que incumbe al Diablo mayor, que siempre tiene entreabierta la puerta trasera de toda alma humana.

Y no me mueve a esta actitud ningun reparo teologico, porque contrariamente a lo que suelen imaginar de mi oficio los profanos, soy mas jurista que teologo: juridica es mi formacion, y la recta aplicacion de las normas a la calificacion de las conductas y al impulso del procedimiento mi preocupacion principal. Bien me consta que no estoy mucho mas cerca del conocimiento de Dios que quienes se sientan ante mi, asi que las sutilezas del dogma las dejo prudentemente a los doctores en el expertos. Yo solo busco almas humanas desviadas, dentro de los supuestos a los que se extiende mi jurisdiccion; cuando las encuentro, trato de convencerlas para que se arrepientan y aparten de sus errores. Si no lo logro, las cedo a quien las purificara contra su voluntad. En suma: mi trabajo es demasiado serio para prestar mas atencion de la cuenta a las paparruchas diabolicas que cualquier mentecato (o mentecata) pueda sacarse del recalentado magin.

Por eso me sorprende que esta mujer, tan distinta de las otras en su temple y caracter, trate de endosarme tambien semejantes dislates. No es tan insensata como para no reparar en que todas esas posesiones y todos esos demonios de ridiculos nombres no son sino el fruto de la debilidad nerviosa y la enajenacion de quienes sufrian las primeras y decian hablar con los segundos. Su insistencia en atribuir la descomposicion habida en su comunidad a la accion de tales espiritus malignos resulta de una ingenuidad demasiado esforzada, y su pretension de haberse visto ella misma arrebatada en sus actos por uno de los demonios, rayana en la temeridad, por inverosimil. La prision, al cabo de los dias, la ha desgastado en lo fisico, y asi lo delata el semblante demacrado y el porte algo mas abatido; pero en lo tocante al animo sigue entera, afirmando con claridad y negando con determinacion, en especial cuando se la confronta con lo que segun ella son calumnias de quienes hasta hace poco le debian obediencia y respeto.

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