cierta desesperacion. Despues, segun sucede habitualmente en estos casos, la conmocion inicial paso y la gente se esforzo por dilucidar las causas y las raices del mal. Se interrogo sobre ello a las
Acerca de los hechizos, las
Quedaban numerosos interrogantes por esclarecer, incluyendo el mas importante: ?quien era el autor de los hechizos? Pero la gente, en lugar de dedicar su tiempo a indagaciones de caracter general, comenzo a emprender acciones mas concretas. Los hijos de Aqif Kaxahu se dispusieron a vigilar dia y noche, por turnos, ocultos en la buhardilla. Dona Pino, que habia resultado especialmente afectada por los embrujos a causa de su profesion de engalanadora de las novias de la ciudad, se compro un perro tan grande como un lobo y lo mantenia atado en el patio. Mane Voco habia sacado del desvan el viejo fusil de los tiempos de Turquia y lo tenia listo, colgado detras de la puerta. El ayuntamiento reforzo la vigilancia en el cementerio de la ciudad.
Ademas, la gente adopto algunas medidas defensivas de caracter preventivo. Las mujeres guardaban bajo llave las cenizas del hogar, como si fuera preciada harina, y los hombres, al salir de las barberias, llevaban siempre consigo un panuelo o una hoja de periodico, donde el barbero les habia envuelto cuidadosamente los cabellos cortados.
Tras estas medidas, la oleada de brujeria parecio remitir. En las conversaciones comenzaron de nuevo a abrirse paso las preocupaciones habituales que habian sido relegadas momentaneamente a causa de los extranos sucesos. Se restablecia una suerte de seguridad y de tranquilidad. Pero fue algo pasajero. Los embrujos volvieron a desatarse justo cuando parecia que estaban desapareciendo y esta vez con un impetu sin precedentes. La senal partio de un tonel de queso, cerrado y sellado, que estallo una noche con estrepito aterrador en la casa del viejo artillero Avdo Babaramo. Con el recrudecimiento de los maleficios, aparecio pegado en numerosos puntos un bando del ayuntamiento que llamaba al pueblo a la colaboracion en la captura de los culpables. Pero tampoco esto resulto. Los encantamientos proseguian. A la mujer de Aqif Kaxahu alguien le sonrio una noche desde la buhardilla de su propia casa, haciendole senales con la mano, como diciendo «ven, ven». Despues del estallido del tonel de queso, decian que el hijo mayor de Avdo Babaramo tenia problemas con su mujer. Pero fue el tercer encantamiento, que recayo sobre dona Pino, el que causo mayor revuelo. No se trataba de nada extraordinario; por el contrario, otra vez la ceniza esparcida, esta vez humedecida con vinagre. Pero la bulla que organizamos los chavales al verla fuera de si tras descubrir el embrujo llamo la atencion de una patrulla militar italiana que pasaba por la calle. Al parecer, la patrulla informo a la guarnicion del revuelo incomprensible que estaba teniendo lugar y un cuarto de hora mas tarde entraban apresuradamente en el patio de dona Pino cuatro ingenieros italianos provistos de herramientas y aparatos para detectar minas. Vieron nuestros ojos aterrados, vieron tambien a dona Pino golpeandose las mejillas y, sin esperar mas o pedir mayores explicaciones, iniciaron la busqueda en el lugar al que nosotros dirigiamos los ojos.
– Diablos -repetia uno-. El aparato no registra nada.
Por fin se marcharon irritados. Mientras se alejaban, uno de ellos grito a grandes voces:
–
El insulto iba dirigido a dona Pino.
Cada dia, al aproximarse la noche, bullian en nuestros cerebros las especulaciones sobre la brujeria. Era de imaginar que mientras la noche lo cubria todo, comenzando por las torres de la fortaleza y la prision hasta llegar a la ribera del rio, en algun lugar, bajo soportales abandonados, manos desconocidas juntaban unas, cabellos, restos de hogar y otros objetos de poder malefico y los envolvian en trapos murmurando palabras escalofriantes de multiples sentidos.
La ciudad, grande y cenuda, despues de haber despreciado lluvia, granizadas, truenos y arcos iris, se devoraba a si misma. La extension de los aleros, la deformacion de las calles, la posicion de las chimeneas, todo mostraba su contrariedad.
«La ciudad esta enfebrecida». Era la segunda vez que oia esta expresion. No encontraba modo de comprender como puede enfermar una ciudad. En el patio de Mane Voco, Ilir y yo escuchabamos a Javer e Isa mientras hablaban de la cuestion de los encantamientos. Repitieron varias veces las palabras «misticismo» y «psicosis colectiva». Despues Isa le pregunto a Javer.
– ?Has leido a Jung?
– No, ni tengo intencion de hacerlo.
– Yo lo he encontrado por casualidad. Habla precisamente de esto.
– ?Para que quiero yo a Jung? -dijo Javer-. Aqui todo esta claro. A la reaccion le interesan estas psicosis, pues desvian la atencion de la gente de los problemas reales. Mira lo que dicen en el periodico: «La brujeria forma parte, en cierto modo, del patrimonio folklorico de un pueblo».
– Teorias fascistas -respondio Isa.
El otro tiro el periodico.
– Estos barbaros con la cabeza de serrin estan dispuestos incluso a revivir las costumbres medievales con tal de que le sean utiles a Mussolini.
Hacia dos semanas que Javer habia sido expulsado del colegio por participar en una paliza propinada a un profesor de italiano. Ahora trabajaba en la fabrica de curtidos de Mak Karllashe.
Cogio un papel y escribio con su letra inclinada: «Dejaos de brujerias. Tenemos otros problemas».
– No esta mal -dijo Isa limpiandose las gafas-, pero quedaria mejor si lo explicaramos un poco mas cientificamente.
Javer se enfado. Poco despues se reconciliaron y se dieron cuenta de que los escuchabamos.
– ?Eh, buscadores de encantamientos! -dijo Javer- ?Os enterais?
Verdaderamente, nosotros, al igual que la mayoria de los chicos del barrio, eramos buscadores de encantamientos. Los habiamos buscado durante dias enteros por todas partes: bajo los umbrales de las casas, en las alacenas, bajo los tejados y alrededor de los hogares. Las huellas de nuestras pesquisas se tornaban especialmente claras cuando llovia y los techos, cuyas tejas habiamos desplazado, goteaban en distintos puntos a un tiempo. Habiamos buscado muy en particular alrededor de la casa de Nazo y ello en honor de su bella y joven nuera.
No obstante, no habiamos conseguido encontrar nada y nunca hubieramos imaginado que precisamente entonces, cuando veiamos definitivamente frustradas nuestras esperanzas, la suerte iba a sonreimos.
Sucedio un dia de sol en el Callejon de los Locos. No habriamos cambiado aquella callejuela retorcida y fea por el mas grande bulevar del mundo, pues ningun bulevar del mundo hubiera sido tan generoso como para permitirnos levantar sus piedras y sus losas y hacer con ellas lo que quisieramos en pleno dia. El Callejon de los Locos si nos lo consentia.
