lo ocurrido. Antes de poder articular una respuesta, alguien llamo a la puerta y su padre grito:

– Entre.

El doctor Gibbens entro en la habitacion con su maletin medico de cuero negro. Mientras se acercaba a ella, su largo rostro era la viva imagen de la preocupacion.

– ?Sangra mucho la herida? -pregunto, dejando el maletin a los pies de la cama.

Catherine noto que remitia la presion sobre su hombro.

– Casi ha dejado de sangrar -dijo el senor Stanton, con inconfundible alivio-. Hay un bulto de gran tamano en la parte posterior de la cabeza, pero no se ha mostrado incoherente en ningun momento. Ademas se mordio el labio al caer, pero tambien ha dejado de sangrar.

– Excelente -dijo el medico. Siguio de pie durante varios segundos y luego se aclaro la garganta-. En cuanto los caballeros tengan a bien salir de la habitacion, examinare a la paciente.

El senor Stanton le lanzo una mirada airada y parecio a punto de discutir, pero el doctor Gibbens anadio con firmeza:

– Les dare mi diagnostico en cuanto termine. Mientras tanto, se necesita su presencia abajo. El magistrado ha llegado justo despues que yo.

Aunque no cabia duda de que ni el senor Stanton ni su padre tenian deseos de dejarla, ambos siguieron las indicaciones del medico. Al ver que cerraban tras de si la puerta, un escalofrio sacudio a Catherine, un temblor de miedo que nada tenia que ver con el incesante dolor que la recorria.

Su padre parecia estar convencido de que habia sido victima de un disparo absolutamente accidental. Un robo malogrado. Lo que no sabia era que habia una gran cantidad de gente que queria terminar con la vida de Charles Brightmore.

Y que, esa noche, alguien habia estado a punto de conseguirlo.

Andrew recorria los confines del pasillo al que daba la puerta del dormitorio de lord Ravensly con las entranas hechas un nudo de impaciencia y frustracion. Y un miedo absoluto. ?Cuanto se tardaba en examinar y en vendar una herida? Sin duda, no tanto. Maldicion, los invitados a la fiesta se habian marchado, habia aparecido un testigo que ya habia sido interrogado, ya habian hablado con el magistrado y el doctor Gibbens todavia seguia sin reaparecer. A lo largo de su vida se habia encontrado con un sinnumero de situaciones precarias, inquietantes e incluso peligrosas, pero el terror absoluto y el horror paralizante que habia sentido al ver la figura sangrante e inconsciente de lady Catherine…

Dios. Se detuvo durante unos segundos y apoyo la espalda contra la pared. Cerro los ojos y se paso las manos, que todavia no sentia demasiado firmes, por el pelo. Todo el miedo, la rabia y la desesperacion que habia sentido desde el instante en que aquel disparo habia restallado rompieron el dique de control y contencion tras el que se habia refugiado. Noto que le temblaban las rodillas y, con un suave gemido, se acuclillo, pegandose las palmas de las manos a la frente.

Demonios. Durante toda su vida solo en una ocasion se habia sentido tan impotente… y la situacion en cuestion habia concluido desastrosamente. Y bajo circunstancias espantosamente similares. Un disparo. Alguien a quien amaba cayendo al suelo…

Sus terminaciones nerviosas palpitaban con la necesidad de echar abajo la condenada puerta, coger al medico por el cuello y exigirle que curara a lady Catherine. Y, en cuanto ella se recuperara, el mismo se encargaria del bastardo que le habia hecho eso. Sin embargo, mientras tanto, la espera le estaba matando. Eso y el hecho de que, en los instantes previos al disparo, Catherine y el hubieran estado discutiendo. Discutiendo, por el amor de Dios. Nunca antes habian intercambiado una sola palabra de enojo. Una enfermiza sensacion de perdida le embargo al recordar la mirada fria y desapasionada de Catherine durante la conversacion. Jamas le habia mirado asi.

– ?Se sabe algo ya?

Andrew se volvio al oir la voz del padre de lady Catherine. El baron de Ravensly se acercaba a grandes zancadas por el pasillo con la tension grabada en el semblante.

– Todavia no. -Se levanto y sacudio la cabeza hacia la puerta de dormitorio-. Voy a darle dos minutos mas a su doctor Gibbens. Si para entonces no ha abierto la puerta, dejare de lado las formas y tomare la ciudadela por asalto.

El fantasma de una sonrisa recorrio durante un segundo el rostro macilento del baron.

– Muy americano de su parte. Aunque en este caso, debo mostrarme de acuerdo con usted. De hecho…

En ese momento se abrio la puerta y el doctor Gibbens salio al pasillo.

– ?Y bien? -pregunto Andrew antes de que el baron pudiera decir nada. Se separo de un empujon del panel de madera que revestia la pared y se acerco al medico, apenas conteniendose para no coger al hombrecillo por la corbata y sacudirle al igual que haria un perro con un trapo.

– Ha manejado usted la situacion con absoluta correccion, senor Stanton. Por fortuna, la herida de lady Catherine es un roce superficial, que he limpiado y vendado. Gracias a su rapida intervencion, no ha sufrido una gran perdida de sangre. Aunque el bulto que tiene en la cabeza le causara alguna que otra incomodidad, no provocara danos duraderos, como tampoco lo hara el corte del labio. Espero que se recupere totalmente. -Se quito los anteojos y limpio las lentes con su panuelo-. He dejado un poco de laudano en la mesita de noche, aunque se ha negado a tomarlo hasta haber hablado con ustedes dos. Recomiendo que no se la mueva esta noche. Vendre a visitarla manana por la manana para ver como evoluciona y para cambiarle el vendaje. Insiste en que desea volver manana a Little Longstone y reunirse alli con su hijo.

Andrew se rebelo por dentro al pensar en la posibilidad de perder a Catherine de vista, y tuvo que apretar bien los labios para no dar voz a su objecion.

– Que chiquilla tan testaruda -dijo el baron con ojos sospechosamente humedos-. No soporta la idea de estar separada de Spencer. ?Es aconsejable que viaje tan pronto?

– Le dare mi opinion despues de que la examine manana -dijo el doctor Gibbens-. Les deseo buenas noches a los dos. -Y con una inclinacion de cabeza, el medico se marcho.

– Venga, Stanton -dijo el baron, abriendo la puerta-. Veamos con nuestros propios ojos como esta mi hija.

Andrew ofrecio un silencioso «gracias» a la invitacion de lord Ravensly, pues lo cierto era que no sabia si era capaz de seguir en el pasillo un minuto mas. Siguio al baron al dormitorio y se detuvo en la puerta.

Lady Catherine estaba acostaba en la inmensa cama. El edredon marron la cubria por entero hasta la barbilla. Banada en el resplandor cobrizo del fuego que ardia en la chimenea, parecia un angel dorado. Mechones sueltos de cabellos castanos se desparramaban por la almohada de color crema, y los dedos de Andrew a punto estuvieron de apartar los brillantes mechones de su suave piel. En el sinnumero de ocasiones en que habia sonado con tenerla en sus brazos, jamas habia sospechado que si llegaba el momento, lo haria llevando su cuerpo inconsciente y sangrante.

Se acerco despacio a la cama con las rodillas a punto de doblarsele, al tiempo que su mirada captaba minuciosamente cada detalle de su ser. Los ojos de Catherine parecian inmensos, y unas sombras de dolor acechaban en sus doradas profundidades marrones junto a algo mas, algo semejante al temor. Una pequena marca roja desfiguraba su inflamado labio inferior. El rostro habia perdido todo su color.

– El doctor Gibbens nos ha asegurado que te recuperaras del todo -dijo lord Ravensly, tomando la mano de Catherine entre las suyas-. ?Como te encuentras?

Una mueca de dolor asomo a su rostro.

– Dolorida, pero muy agradecida. Mis heridas podrian haber sido mucho peores.

El baron se estremecio visiblemente, un sentimiento con el que Andrew comulgo de todo corazon. La mirada visiblemente preocupada de Catherine se alterno entre los dos hombres.

– ?Se ha sabido algo de quien hizo el disparo?

Andrew se aclaro la garganta.

– Uno de los invitados a la fiesta, el senor Sydney Carmichael, ha informado de que oyo el disparo justo en el momento en que subia a su carruaje. Vio a un hombre adentrarse corriendo en Hyde Park. Dio una detallada descripcion al magistrado y dijo que sin duda reconoceria al hombre si volvia a verle. Lord Borthrasher, lord Kingsly, lord Avenbury y lord Ferrymouth, asi como el duque de Kelby, estaban subiendo a sus carruajes en las proximidades y todos admiten haber visto una figura envuelta en sombras en el parque, aunque ninguno de ellos ha podido facilitar una descripcion detallada del sujeto en cuestion.

»El grupo de caballeros que han estado buscando fuera ha encontrado a un hombre herido cerca de la casa.

Вы читаете Un Amor Escondido
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату