Se ha identificado como el senor Graham. Este afirma que, mientras iba andando por Park Lane, fue atacado por la espalda. Cuando recupero la conciencia, se dio cuenta de que le habian arrebatado la cartera y el reloj de bolsillo.

– Entiendo -dijo Catherine despacio-. ?El ladron llevaba una pistola?

– El senor Graham no lo sabe, aunque no llego a ver al hombre que le asalto antes de perder el conocimiento.

– Sin duda el canalla le golpeo con la culata de la pistola -bufo de colera lord Ravensly-. Entonces el arma se disparo, y aqui estamos. Malditos salteadores. -Sacudio la cabeza y luego miro cenudo a lady Catherine-. Y dime, ?que es esa bobada que ha dicho el doctor Gibbens de que quieres volver a Little Longstone manana?

– Le prometi a Spencer que estaria manana de vuelta en casa, padre.

– Hare traer al joven a Londres.

– No. Ya sabes que odia la ciudad. Y, despues de esta noche, ?acaso puedes culparme por no desear prolongar mi estancia aqui?

– Supongo que no, pero no me gusta imaginarte sola, aislada en el campo mientras te recuperas. Necesitas a alguien que cuide de ti.

– Estoy de acuerdo -dijo ella despacio, frunciendo el ceno de un modo que llevo a Andrew a preguntarse en que estaria pensando. Estaba totalmente de acuerdo con el baron, aunque, en cierto modo, habia esperado que la nueva «testaruda e independiente» lady Catherine se opusiera, declarando que su servidumbre podia perfectamente ocuparse de ella.

– Es una lastima que Philip no pueda venir a Little Longstone durante una larga temporada -Catherine pronuncio las palabras con absoluta ligereza, pero hubo algo en su tono que capto la atencion de Andrew. Eso y el hecho de que no hubiera dicho «Philip y Meredith».

– Si -musito el baron-, pero en estos momentos no puede dejar a Meredith. Yo me ofreceria voluntario, pero me temo que hacer de enfermera no se me da demasiado bien.

Andrew se obligo a no comentar que el papel de enfermera tampoco era el fuerte de Philip precisamente. Miro a lady Catherine, y las miradas de ambos se encontraron. Se le hizo un nudo en el estomago cuando de nuevo vio en sus ojos un destello de miedo y de algo que no logro descifrar. Entonces la expresion de Catherine se torno especulativa, y casi… ?calculadora?

Antes de que el pudiera tomar una decision, Catherine dijo:

– Creo que he dado con la solucion perfecta. Senor Stanton, ?contemplaria usted la posibilidad de acompanarme a Little Longstone y quedarse alli como mi invitado? Asi me ahorraria tener que viajar sola, y estoy segura de que disfrutaria usted de una visita al campo. A Spencer le encantaria volver a verle y saber mas de sus aventuras con Philip en Egipto. Apenas tuvieron ocasion de conocerse durante el funeral de mi esposo. Y con Spencer alli como carabina, su visita no suscitaria el menor reproche y resultaria de lo mas decente.

Por razones que Andrew no supo explicar en ese momento, sintio en su interior una advertencia -una reaccion instintiva que en el pasado siempre habia resultado certera- que le decia que la invitacion de Catherine encerraba mas de lo que parecia a primera vista. Pero ?que? ?Y realmente deseaba cuestionar sus razones en ese momento? No. Habia pasado gran parte de la ultima hora intentando urdir un argumento plausible para ir a Little Longstone con ella y quedarse alli durante una prolongada estancia, y ella acababa de ofrecerle la solucion al problema.

– Soy consciente de que tiene usted sus obligaciones en Londres…

– Nada que no pueda esperar -la tranquilizo-. Sera un honor acompanarla y quedarme un tiempo con usted, lady Catherine. Le aseguro que me ocupare personalmente de que no vuelva a ocurrirle nada. -Cierto. Cualquiera que intentara de nuevo hacerle algun dano bien podia encomendarse a Dios.

– Una solucion excelente, querida -dijo el baron con una aprobatoria inclinacion de cabeza-. Tendras asi proteccion y compania.

– Si. Proteccion… -La voz de Catherine se apago. No habia duda del evidente alivio que sentia. Obviamente no se sentia a salvo en Londres, sentimiento que Andrew podia entender a la perfeccion. Aun asi, sospechaba que ella le habia pedido que se quedara en Little Longstone durante un largo periodo por la misma razon: proteccion. ?Por que? ?Acaso no se sentia segura en su propia casa?

No lo sabia, pero sin duda iba a averiguarlo.

Capitulo 4

Los hombres entienden muy poco a las mujeres porque buscan consejo e informacion sobre ellas en otros hombres igualmente desinformados. Ganar el favor de su dama ocurriria de forma mucho mas fluida si el caballero en cuestion simplemente le preguntara a su dama: «?Que es lo que deseas?». Si la mujer moderna actual llega a ser tan afortunada como para ser blanco de semejante pregunta, es de esperar que respondera con absoluta sinceridad.

Guia femenina para la consecucion

de la felicidad personal y la satisfaccion intima

CHARLES BRIGHTMORE

– ?Como se encuentra, lady Catherine?

Catherine alzo la mirada de su labor para mirar a su companero de viaje, ahora sentado delante de ella y a quien habia logrado ignorar con gran exito con la excusa de concentrarse en su labor de costura durante la ultima hora… al menos todo lo que una mujer puede ignorar a un hombre sentado a menos de medio metro de ella. Un hombre que parecia ocupar demasiado espacio. Nunca habia reparado en lo imponente que resultaba la presencia del senor Stanton. Una cosa era compartir un salon o un comedor con el y, como acababa de descubrir, otra muy distinta compartir los limites impuestos por un carruaje.

Catherine fijo su mirada en los ojos preocupados de Andrew.

– Estoy un poco dolorida, pero nada mas.

– ?Desea que paremos a descansar un poco?

Lo cierto es que nada le habria gustado mas que ver como el carruaje detenia su tambaleo. Cada sacudida y cada remezon radiaba dolor a traves de su dolorido hombro y daba alas a las punzadas de dolor sordo que le palpitaban tras los ojos. Sin embargo, cada sacudida la acercaba un poco mas a Little Longstone y a Spencer, alejandola a la vez de la pesadilla de la noche anterior. Mas proxima a la seguridad de su casa, y mas alejada de quienquiera que hubiera sido el autor del disparo… disparo que, estaba convencida, no habia sido ningun accidente. Mas cerca de Genevieve, con quien necesitaba hablar lo antes posible. Necesitaba contar todo lo ocurrido a su querida amiga y hablarle del investigador contratado para encontrar a Charles Brightmore. Advertirla del peligro. Avisarla de que ella podia ser la siguiente.

– No es necesario que nos detengamos -dijo.

– Esta usted palida.

– Vaya, gracias. Sin duda semejante piropo me inflamara la cabeza… que, despues de mi caida de anoche, esta ya bastante inflamada.

Su conato de humor paso desapercibido a Andrew, quien junto las cejas en un gesto de preocupacion.

– Le duele…

– Estoy bien. Perfectamente. El doctor Gibbens me ha dado permiso para viajar…

– Despues de haberle intimidado. Si mal no recuerdo, sus palabras exactas cuando hemos salido de la casa de su padre esta manana han sido: «No he conocido a una mujer mas obstinada en toda mi vida».

– Estoy segura de que no le ha oido correctamente.

– Estoy seguro de que si.

– Aun asi, si no me equivoco, anoche acordamos que el oido de la mayoria de los hombres no es todo lo fino que deberia.

Varios segundos de silencio se interpusieron entre ambos y Catherine tuvo que contener la repentina necesidad de encogerse bajo la firme mirada de Andrew.

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