imagen de ambos bailando, le pidio-: Cuenteme mas sobre como progresan las cosas en el museo.

– Vamos un poco retrasados debido a la reciente ausencia de Philip, pero el edificio deberia estar terminado a final de ano.

Un escalofrio de culpa la recorrio.

– Y si se toma usted el tiempo para acompanarme a Little Longstone se retrasara aun mas. -Se trago los restos del fastidio que la embargaba y sonrio. Al fin y al cabo, Andrew no podia evitar resultar irritante… era un hombre-. Es usted un amigo de verdad, un buen amigo mio y de toda mi familia, y le estoy agradecida. -El dolor palpito en su hombro: un recordatorio fisico de que alguien podia desearle un dano verdadero. «Mas agradecida de lo que imagina.»

– El placer es solo mio.

Andrew guardo silencio y Catherine volvio a centrar toda su atencion en el odiado bordado. Con la cabeza gacha, le miro a traves de sus pestanas, reparando en que estaba totalmente concentrado en la ventana, circunstancia que aprovecho para recorrerlo con la mirada. Un pelo denso y oscuro como la medianoche, con un mechon rebelde cayendole sobre la frente. Pestanas oscuras rodeando unos ojos marfilenos que en cierto modo lograban resultar atractivos y serenos a la vez. Le gustaban sus ojos. Eran serenos. Pacientes y firmes, aunque a menudo fastidiosamente ilegibles. Pomulos marcados, fuerte mandibula y una boca bien perfilada dada a sonrisas burlonas y bendecidas con un par de identicos hoyuelos que le marcaban las mejillas perfectamente afeitadas cuando sonreia. Aunque no era un hombre de una belleza clasica, no podia negarse que el senor Stanton era muy atractivo, y de pronto Catherine se pregunto si habria alguna mujer en su vida.

– ?En que esta pensando?

Ante el suave tono de su pregunta, la cabeza de Catherine se elevo bruscamente. Sus miradas se cruzaron y su corazon se acelero al ver la intensidad que ardia en esos oscuros ojos normalmente serenos y firmes. La temperatura en el interior del carruaje parecio de pronto demasiado elevada y Catherine se resistio a la tentacion de abrir su abanico. Tras un apresurado debate interno, opto por contarle la verdad sin ambages… o casi.

– Me preguntaba si habria alguna dama especial en Londres que le eche de menos mientras esta con nosotros en Little Longstone.

Andrew parecio tan asombrado por la pregunta que Catherine no pudo contener la risa.

– Se que Meredith ha intentado presentarle a algunas damiselas, senor Stanton. Es la casamentera de Mayfair, por si no lo sabia.

El se encogio de hombros.

– Lo ha intentado en varias ocasiones, pero hasta el momento me las he ingeniado para no caer en sus redes.

– Ah. Evitando cuidadosamente el altar. Cuan… tipicamente masculino de su parte.

– Al contrario. Me encantaria tener esposa. Y familia.

Catherine arqueo las cejas.

– Entiendo. Se da usted cuenta de que las posibilidades de que eso ocurra aumentarian considerablemente si dejara de evitar caer en las redes de casamentera de Meredith.

– Humm. Hace usted que parezca un pez.

– Un pez escurridizo -concedio Catherine entre risas-. Bueno, como amiga suya, siento que es mi deber advertirle de que Meredith me ha dicho que en cuanto se recupere del todo del parto, usted es su proximo proyecto.

Andrew inclino la cabeza.

– Como amigo suyo, aprecio la advertencia, aunque confieso que no me preocupa demasiado. Se perfectamente la clase de mujer que quiero. No necesito ninguna ayuda.

La curiosidad hizo presa en Catherine.

– ?Que clase de mujer cree usted que quiero?

– Hermosa, joven, sumisa, nubil, de dulce voz y comedida. Y si adorara el suelo por donde pisa, eso seria un plus adicional.

Andrew echo la cabeza hacia atras y solto una carcajada, llenando el carruaje con el potente sonido de su risa.

– ?Percibo acaso una pizca de cinismo en su respuesta, lady Catherine?

– ?Esta diciendo que estoy equivocada?

– «Equivocada» quiza sea el termino incorrecto. La frase correcta seria «total y absolutamente equivocada».

Ella ni siquiera hizo el menor intento por ocultar su duda.

– No pretendera que crea que anhela encontrar una arpia espantosa y horrenda.

– Nooo. Tampoco eso la describe.

– Le ruego que no me mantenga en vilo.

Andrew se recosto contra el respaldo y su abrigo marron de Devonshire dibujo un oscuro contraste sobre el terciopelo gris palido del asiento. Su animo jocoso se desvanecio, tornando su expresion en una mascara ilegible.

– Es amable -dijo con voz queda y ojos serios-. Carinosa. Leal. Y poseedora de un algo inexplicable que me conmueve como nadie me ha conmovido nunca. Asi es ella. -Se llevo la mano al pecho-. Llena espacios que han estado vacios durante anos. Con ella, no existe la soledad.

El aliento de Catherine parecio quedar atrapado en sus pulmones. No sabia lo que habia esperado oirle responder, pero sin duda no era… eso. ?Vacio? ?Solitario? Y no se trataba simplemente de lo que habia dicho, sino de como lo habia dicho, con aquel tinte de desolacion resonando en su voz grave que la habia dejado perpleja. Dios sabia que ella habia experimentado esas sensaciones de soledad en mas ocasiones de lo que deseaba recordar. Pero ?el senor Stanton?

Antes incluso de que pudiera pensar en una respuesta, el parecio sacudirse de encima la seriedad que le embargaba y una sonrisa torcida elevo una de las comisuras de sus labios.

– Y, naturalmente, si da la casualidad de que ademas venera el suelo que piso, eso seria sin duda un plus anadido.

Catherine aprisiono firmemente la curiosidad -y la sensacion de pena- que las intrigantes palabras de Andrew habian provocado en ella. Nunca le habia parecido un hombre que sufriera de soledad, un hombre que encontrara vacia ninguna parte de su vida.

– No es mi deseo desanimarle, pero considero justo advertirle, por mi propia experiencia, que el matrimonio no es necesariamente una cura para la soledad. Sin embargo, le deseo suerte en la tarea de dar con el parangon que acaba de describir, senor Stanton. Espero que exista.

– Se que existe, lady Catherine.

Cierto impulso la llevo a preguntar:

– ?Y supone usted que ha leido la Guia femenina?

El le dedico una extrana mirada.

– Dado que al parecer todas las mujeres de Londres han leido el libro, es sin duda una posibilidad.

– Si lo ha leido, estoy segura de que quedara usted satisfecho cuando la conozca.

– ?Satisfecho? -No habia forma de hacer oidos sordos a su escepticismo-. ?Que quiere decir con eso?

Sonrio dulcemente.

– Le aseguro que, si hubiera leido el libro, lo sabria.

– Ah, si, ese intrigante desafio. ?Y si aceptara la apuesta? ?Que ganaria con eso?

Que hombre tan arrogante. Suponer que merecia una recompensa por leer el libro. Aun asi, aquello todavia podia actuar a favor de ella…

– No tenia ninguna apuesta en mente, creame, aunque ?por que no? -«Sobre todo, porque casi tengo la victoria garantizada»-. Quien salga victorioso debera al otro un favor, dentro de los limites de lo razonable, que elegira el ganador. -Catherine no pudo contener una sonrisa-. Ah, si, ya le imagino sacudiendo las alfombras y podando las rosas. O quiza sacandole el brillo a la plata. Colocando las piedras del nuevo sendero del jardin, arreglando el techo de los establos…

– Gane o pierda, estaria encantado de ayudarle con esas tareas. Pero ?por que nadie se ha encargado hasta ahora de ellas?

Catherine se encogio de hombros.

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