sendero y Andrew les siguio. Reparo en la firmeza del brazo de Catherine, permitiendole soportar gran parte del peso de Spencer mientras el nino avanzaba cojeando por el sendero. Fue presa de un gran sentimiento de admiracion por ella, por ambos. Andrew sabia de las cargas emocionales con las que ella bregaba. Aun asi, Catherine lo hacia con humor y dignidad, mientras el amor que profesaba a su hijo brillaba como el calido resplandor del sol. Y Spencer, a pesar de las dificultades fisicas a las que se enfrentaba, era obviamente un joven inteligente y afable que correspondia abiertamente al afecto de su madre. Sin duda, un joven al que cualquier hombre estaria orgulloso de tener por hijo. Andrew apreto las manos al pensar en la crueldad con la que el padre del nino le habia rechazado.
Atravesaron el umbral de la puerta principal y entraron en un espacioso vestibulo, con suelo de parquet. Habia una mesa redonda de caoba en el centro de la estancia sobre cuya brillante superficie reposaba un jarron de porcelana con un enorme arreglo de flores recien cortadas. La fragancia de las flores llenaba el aire, mezclada con el agradable aroma de la cera de abeja. Asomando al otro lado del vestibulo, Andrew vio la amplia y curva escalera que conducia a la planta superior, y pasillos que se perdian a derecha e izquierda. Varias mesas alargadas decoraban los pasillos, todas adornadas con jarrones llenos de flores frescas.
Un mayordomo formalmente uniformado y de estilizada figura estaba de pie junto a la puerta, como un centinela, con los anteojos cercanos a la punta de su ganchuda nariz.
– Bienvenida a casa, lady Catherine -dijo el mayordomo con una voz demasiado grave y sonora para provenir de un hombre de tan delgada figura. Cierto, parecia como si una rafaga de viento pudiera hacer caer al hombre de espaldas.
– Gracias, Milton. -Mientras le entregaba su sombrero y el chal, le dijo-: Este es el senor Stanton, el socio de mi hermano y un gran amigo de la familia. Se quedara unos dias. He dado instrucciones para que lleven sus cosas a la habitacion azul de invitados.
Milton inclino la cabeza.
– Ire a comprobar que la habitacion este preparada.
Spencer senalo con la barbilla la mesa de caoba.
– ?Has visto tus flores nuevas, mama?
Andrew se percato del ligero sonrojo que tino las mejillas de Catherine.
– Es dificil no verlas.
Spencer, enojado, solto un bufido.
– Este es mucho mas pequeno que el arreglo del salon. ?Estan convirtiendo nuestra casa en un jardin interior! ?Por que no te dejan en paz? -Se volvio hacia Andrew, buscando en el a un aliado-. ?No le parece que tendrian que dejarla en paz?
– ?Tendrian quienes?
– Sus pretendientes. Lord Avenbury y lord Ferrymouth. El duque de Kelby, lord Kingsly. Y luego esta lord Bedingfield, quien recientemente ha comprado la casa que linda con la nuestra por el oeste. Entre todos ellos, envian flores suficientes para hacer que uno se sienta como si viviera en una prision botanica. -Spencer volvio a soltar otro bufido-. Me siento como si me estuviera ahogando con tantas flores. ?No le parece que deberian parar?
«Si, demonios.» Andrew se obligo a no lanzar una mirada asesina al tributo floral. Antes de poder responder, lady Catherine, cuyo sonrojo se habia tenido de rosa, dijo:
– Spencer, eso es muy descortes de tu parte. Lord Avenbury, lord Ferrymouth y los demas solo pretenden mostrarse amables.
Andrew se trago el irritado «?Bah!» que le subia por la garganta. ?Amables? Dificilmente. Tuvo que morderse la lengua para no anunciar que ningun hombre enviaba flores suficientes como para hundir una fragata simplemente en un gesto de cortesia.
– ?Sirvo ya el te? -pregunto Milton, vadeando en el incomodo silencio.
– Si, gracias, pero solo para dos. En el salon. -Se volvio hacia Andrew-. Me asegurare de dejarle comodamente instalado, pero lamento decirle que tengo una cita previa. -Toco la manga de Spencer-. ?Te ocuparas del senor Stanton en mi ausencia?
– Si. ?Tu cita es con la senora Ralston o con el doctor Oliver?
– ?Con el doctor? -pregunto Andrew, al tiempo que su mirada saltaba sobre lady Catherine-. ?Esta usted enferma?
– No -se apresuro a responder lady Catherine-. Mi cita es con la senora Ralston.
Spencer se volvio a mirar a Andrew.
– La senora Ralston es la mejor amiga de mi madre. A menos que el tiempo lo impida, mama va a su casa todos los dias para visitarla y prestarle su ayuda.
– ?A ayudarla? -pregunto Andrew.
Spencer asintio.
– La senora Ralston sufre de artritis en las manos. Mama le escribe las cartas y se ocupa de sus flores.
Andrew sonrio a lady Catherine.
– Muy gentil de su parte.
Catherine parecio sonrojarse.
– Genevieve es una dama muy querida.
– Y afortunada de poder contar con una amiga tan fiel. -Andrew volvio a centrar su atencion en Spencer-. ?Y quien es el doctor Oliver? -pregunto, como restandole importancia.
– Otro pretendiente, aunque bastante agradable, y ademas no es tan adinerado como para enviar esos exagerados ramos. No, el doctor se limita a mirar a mama con ojos sonadores. -Spencer procedio entonces a parodiar lo que el entendia por la expresion «ojos sonadores» adoptando una expresion bobalicona y haciendo revolotear sus pestanas.
Si la mujer implicada en la parodia hubiera sido otra, a Andrew le habrian parecido muy divertidas las bufonadas del jovencito. Sin embargo, reparo, taciturno, en que las mejillas de lady Catherine ardian hasta tenirse de carmesi. Recordo con claridad haber oido mencionar a Philip que uno de los admiradores de lady Catherine era un medico de pueblo. A tenor de su reaccion, Andrew tuvo la indudable sospecha de que ese era el hombre.
– Tonterias, Spencer -dijo Catherine-. El doctor Oliver no pone esas caras y no es mas que un amigo.
– Que pasa a verte a diario.
– No, a diario no. Y, ademas, simplemente lo hace en un afan por mostrarse cortes.
– Al parecer, hay abundancia de caballeros corteses en Little Longstone -dijo Andrew secamente.
Spencer miro al techo.
– Si, y todos empenados en cortejar a mi madre.
– No puede hablarse de cortejo si yo muestro indiferencia -dijo lady Catherine con voz firme-. Su interes cesara en cuanto se den cuenta de que no estoy en absoluto interesada.
Andrew se aclaro la garganta.
– Si tenemos en cuenta estas muestras -empezo, agitando la mano e incluyendo con su gesto el trio de arreglos florales-, todavia no se han dado cuenta.
– Ahora lord Bedingfield ya lo sabe -dijo Spencer-. Yo mismo se lo dije cuando vino a verte ayer por la tarde.
– ?Que diantre le dijiste? -pregunto lady Catherine.
– Le dije: «Mama no esta interesada en usted».
Lady Catherine emitio un sonido semejante a una carcajada mal disimulada seguida por una tos. Andrew se mordio el labio para reprimir su sonrisa. Spencer era sin duda un buen chico.
– ?Y que dijo lord Bedingfield? -pregunto Catherine.
Spencer vacilo y luego se encogio de hombros.
– Algo de que a los ninos se les ve pero no se les oye.
Milton se aclaro la garganta.
– De hecho, su senoria dijo algo extremadamente desagradable que no merece repeticion, momento en el cual le invite a abandonar la casa antes de echarle los perros.
Andrew apreto la mandibula al darse cuenta de que lord Bedingfield le habia dicho algo desagradable a Spencer.
– No tenemos perros -dijo lady Catherine.
