Capitulo 6

Muy pocos son los hombres que se muestran reacios a dar a una mujer lo que ella quiere si es lo suficientemente atrevida como para limitarse simplemente a pedirlo. Ademas, muchos hombres desdenan excelentes ideas solo por haber sido sugeridas por una mujer. Asi pues, la forma mas expeditiva para que la mujer moderna actual consiga lo que quiere e implemente sus ideas es llevar al caballero en cuestion a creer que la idea fue de el desde un principio.

Guia femenina para la consecucion

de la felicidad personal y la satisfaccion intima

CHARLES BRIGHTMORE

Andrew apoyo los hombros contra la repisa de marmol blanco de la chimenea del salon e hizo cuanto pudo para no lanzar una mirada airada al tributo floral que dominaba la estancia. Sin duda, no tuvo exito en su intento (o eso, o quiza Spencer fuera clarividente), porque el chiquillo dijo:

– Espantoso, ?verdad?

Andrew se volvio a mirar a Spencer, quien estaba sentado en un mullido sofa de brocado junto a la chimenea. La atencion del chico estaba centrada en el trio de tartaletas de fruta que quedaban en la bandeja de plata y que Milton les habia servido con el te.

– Espantoso -concedio Andrew-. Quienquiera que haya enviado este ramo ha vaciado todas las floristerias de la zona.

– El duque de Kelby -dijo Spencer, cogiendo una tartaleta cubierta de fresas de la bandeja-. Horrendamente acaudalado, aunque estoy seguro de que las flores proceden de su propio invernadero, y no de ninguna floristeria local.

Maldicion. El duque, con esos impertinentes y esa cara de carpa, era un hombre horrendamente acaudalado. Y con su propio condenado invernadero.

Antes de que Andrew pudiera anadir ningun comentario, Spencer le miro con una expresion de preocupacion.

– ?Esta bien mi madre?

Una oleada de recelo puso en guardia a Andrew.

– ?A que te refieres?

– Parecia preocupada. ?Ha pasado algo en Londres que la haya turbado?

Demonios. No deseaba mentir al chico, pero no podia olvidar que Catherine le habia pedido que no mencionara el disparo.

– Creo que el viaje de regreso a Little Longstone la ha agotado -dijo con suma cautela.

El alivio que mostro Spencer era evidente, y Andrew se sintio como un cretino de primer orden por no haber sido sincero con el. Bien sabia Dios que habia mentido en innumerables ocasiones a lo largo de su vida sin apenas un parpadeo, pero no le parecia bien no ser sincero del todo con aquel jovencito.

Estaba ansioso por cambiar de tema y no deseaba tener que decir mas mentiras, asi que pregunto:

– Dime, ?que clase de hombre es el duque?

– No sabria decirlo. Pero parece una carpa. Diria que tiene cabida en tu museo con el resto de reliquias. - Spencer se metio la mitad de la tartaleta en la boca con un enorme y entusiasta mordisco ante el que Andrew tuvo que reprimir una sonrisa. Trago y a continuacion anadio-: Pero no es solo que parezca una carpa. Es que no le importa nada mi madre.

– ?Y como sabes tu eso?

Spencer sacudio la cabeza, senalando la monstruosidad floral.

– Porque le envio esas flores. Mi madre odia esa clase de regalos grandes y ostentosos. Si conociera en algo a mi madre, sabria que ella habria preferido una sola flor.

Andrew tomo mentalmente nota de esa util informacion y, enterrando la culpa que le atenazaba al verse interrogando a Spencer, pregunto:

– ?Y que otras cosas le gustan a tu madre?

Spencer arrugo la cara, concentrado en la respuesta.

– Cosas de ninas -dijo por fin.

– ?Cosas de mujeres?

– Si. Ya me entiende: vestidos, lazos, flores y demas. Pero sencillas. No como eso -anadio, senalando de nuevo el enorme ramo.

Humm. No estaba siendo de mucha ayuda.

– ?Que mas? Supongo que tambien las joyas.

Spencer nego con la cabeza.

– No, o al menos no mucho. No lo creo, porque casi nunca lleva. A mama le gustan los animales, pasear por el jardin, cuidar de sus flores, tomar las aguas y las fresas. Le encantan las fresas. -Se metio la otra mitad de la tartaleta en la boca y sonrio-. A mi tambien.

Andrew sonrio a su vez.

– Ya somos tres. -Se inclino hacia la mesa y se sirvio una tartaleta de fresas, de la que dio cuenta con apenas un apice menos de fruicion que Spencer, provocando la risa en el nino.

– Bueno, me alegro de que el duque no sepa lo que le gusta a mama -dijo Spencer, cuya expresion recupero la seriedad-, ni el ni ninguno de los demas caballeros que estan intentando ganarse su favor. No los necesita. No los necesitamos. -Paseo la mirada hasta posarla en su pie tullido y se le tenso la mandibula. Cuando volvio a alzarla, a Andrew se le encogio el corazon ante las mil afrentas que vio impresas en los ojos de Spencer.

– Ojala pudiera hacer que se llevaran sus flores, sus invitaciones y sus regalos y que dejaran en paz a mama -dijo Spencer con un evidente temblor en su apasionada voz-. Ojala fuera fuerte y supiera pelear. Como usted. Asi la dejarian en paz.

– Yo peleo contra otros caballeros en el cuadrilatero de boxeo -dijo Andrew con suavidad-. No tengo por costumbre ir por ahi dando punetazos a los duques en la nariz… ni siquiera cuando envian espantosos arreglos florales. «Naturalmente, esa es una politica sensible a algunos cambios…»

Spencer no respondio con la sonrisa que Andrew habia esperado de el.

– Tio Philip dice que tambien es usted un experto esgrimidor.

– No soy malo.

– Tio Philip dijo que le vencio, y el es todo un experto. -Antes de que Andrew pudiera dar una respuesta, Spencer prosiguio-: ?Quien le enseno a pelear con los punos?

– Mi padre me dio algunas instrucciones… despues de llegar a casa una tarde sangrando por la nariz, con el labio hinchado y los dos ojos morados. Me temo que el resto lo aprendi de la manera menos agradable.

Spencer se quedo literalmente boquiabierto.

– ?Alguien le pego?

– «Pegar» es casi un eufemismo si te refieres a la tremenda paliza que recibi.

– ?Y quien le hizo una cosa asi? ?Y por que? ?No le tenian miedo?

Andrew se rio.

– Dificilmente. En aquel entonces solo tenia nueve anos y era mas flacucho de lo que puedas imaginar. Volvia a casa despues de una exitosa tarde de pesca en el lago cuando dos ninos del barrio me atacaron. Tendrian mas o menos mi edad, pero no eran ni la mitad de flacos que yo. Despues de dejarme los ojos morados, me quitaron la pesca.

– Apuesto a que ahora no intentarian algo semejante -predijo Spencer.

– Sin duda les daria mucha mas guerra que en aquel entonces -concedio Andrew.

– ?Volvieron a hacerlo?

– Oh, si. Me esperaban todas las semanas en el mismo sitio, cuando volvia a casa del lago. Cambie de ruta, pero rapidamente se dieron cuenta de la maniobra. Durante varios meses me amargaron la vida. -De pronto le embargo una oleada de recuerdos en los que volvia a sentir la verguenza de llegar junto a su padre sin el pescado que le habian enviado a pescar. La humillacion de verter lagrimas de dolor y de frustracion delante de sus torturadores, a pesar de sus denodados esfuerzos por contenerlas. Su padre mirandole con ojos penetrantes,

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