aunque tranquilos, le decia: «?Cuantas veces mas vas a permitir que esos bribones te sacudan y te roben nuestra cena, hijo?». Limpiandose la sangre de la nariz con el dorso de la mano y conteniendo las lagrimas, respondia. «Ninguna, papa. No van a sacudirme la proxima vez. Vuelve a ensenarme como plantarles cara…».
– ?Y que ocurrio entonces?
Andrew parpadeo y el recuerdo se desvanecio como a merced de una suave brisa.
– Aprendi a pelear. A protegerme. Y fui yo quien les saco sangre de la nariz. Solo tuve que hacerlo una vez.
Los labios de Spencer se cerraron con fuerza, dibujando una fina linea.
– Apuesto a que su padre estuvo orgulloso de usted cuando logro reducir a esos rufianes.
El dolor implicito en esas palabras era evidente, y a Andrew se le encogio el corazon por aquel jovencito cuyas heridas eran obviamente muy profundas y quien, a pesar de contar con todo el amor de su madre, todavia anhelaba el amor y la aceptacion de un padre.
– Mi padre estuvo orgulloso, si-concedio Andrew con suavidad, negandose a reconocer el nudo de emocion que amenazaba con cerrarle la garganta-. Y muy aliviado al ver que ya no volveriamos a perder nuestra pesca.
– ?Por que no iba su padre con usted al lago para impedir que los ninos le acosaran?
– Bueno, en aquel tiempo, tambien yo le hacia, a el y a mi mismo, la misma pregunta. Y nunca he olvidado su respuesta. Me dijo: «Hijo, un hombre no deja nunca que otro pelee sus batallas por el. Si otro tiene que luchar por tu orgullo, entonces en nada te pertenece». -Andrew sonrio-. Mi padre era un hombre muy sabio.
– ?Era?
Andrew asintio.
– Murio cuando cumpli dieciseis anos.
La solemne expresion de Spencer indico que comprendia la sensacion de perder a un padre.
– ?Y piensa en el… a menudo?
Por su tono, era obvio que la pregunta era seria para Spencer, de modo que Andrew lo penso bien antes de responder.
– Cuando murio, pensaba en el constantemente. Intentaba no hacerlo, me obligaba a no hacerlo, trabajando mas, intentando agotar mi cuerpo y mi mente para no pensar en el, porque cuando lo hacia… dolia. Habia sido mi mejor amigo y, durante toda mi vida, lo eramos todo el uno para el otro.
– ?Donde estaba su madre?
– Murio al darme a luz.
– Asi que su padre y usted estaban solos -murmuro Spencer-. Como mi madre y yo.
– Si, supongo que asi era. A medida que pasaron los anos, el dolor de su muerte fue remitiendo. Un poco como el cuchillo cuya hoja va desafilandose: todavia puede cortar, pero no tanto. Aun pienso en el a diario… pero ahora ya no me duele tanto.
– ?Como murio?
Otra imagen destello en la mente de Andrew, llenandole de un dolor agudo, y se dio cuenta de que no habia sido del todo sincero con Spencer al decirle que, con el tiempo, el dolor de la ausencia habia remitido.
– Se ahogo. Una noche, una densa niebla cubrio el lago mientras el estaba en el embarcadero, y se desoriento, cayendo al agua desde el muelle. -La emocion le tenso la garganta-. A pesar de ser un hombre fuerte y energico, capaz de hacer mil cosas, no sabia nadar.
– Lo siento.
– Yo tambien.
La mirada de Spencer volvio a desplazarse hasta su pie tullido y, durante casi un minuto, el unico sonido que lleno la estancia fue el tictac del reloj que estaba sobre la repisa de la chimenea. Por fin, levanto los ojos.
– Que curioso que la unica cosa que su robusto padre no sabia hacer sea precisamente lo unico que yo si se hacer.
– Puedes hacer muchas mas cosas aparte de nadar, Spencer.
Este nego con la cabeza.
– No. No puedo hacer esgrima. Ni pelear. Ni montar a caballo. -En su voz se adivino una mordacidad amarga y resignada que a Andrew le partio el corazon-. No puedo hacer nada de eso. Por eso mi padre me odiaba.
Andrew se separo de la repisa y se sento a su lado. Inclinandose hacia delante, apoyo los codos en sus rodillas separadas y junto las manos, intentando encontrar las palabras justas. Deseaba refutar la afirmacion del chico y asegurarle que su padre le habia querido, pero Spencer no era ningun nino, y sin duda demasiado inteligente como para aceptar topicos tan vacios como esos.
Andrew se volvio a mirarle y dijo:
– Siento que tu relacion con tu padre fuera tan distante y que el no viera el maravilloso jovencito que eres. Sin duda el se lo perdio, y fue su decision… decision que de ningun modo habla mal de ti.
La sorpresa y la gratitud chispearon en los ojos de Spencer antes de que la expresion de su rostro se desinflara.
– Pero no me habria odiado si yo hubiera sido como los demas ninos.
– Aprende entonces de su error, Spencer. El aspecto externo es una pobre medida por la que juzgar a una persona. Solo porque alguien sea hermoso o porque carezca de imperfecciones fisicas eso no significa que posea integridad o un buen caracter. Esas son las cosas por las que habria que juzgar a una persona.
Spencer aparto la mirada y se tiro de la manga de la chaqueta.
– Ojala todo el mundo pensara asi, senor Stanton.
Andrew se detuvo a pensar durante unos segundos, y luego cedio a su inclinacion y dio una palmada a Spencer en el hombro en lo que esperaba fuera entendido como un gesto de consuelo.
– Yo si. Pero, desgraciadamente, no podemos controlar los actos de los demas. Ni sus palabras. Solo los nuestros. Y te equivocas, Spencer. Claro que puedes hacer esas cosas. Si realmente lo deseas.
Spencer se volvio a mirarle con ojos que eran demasiado jovenes para dar cabida a todo el dolor y el cinismo que colmaba su interior.
– No, no puedo.
– ?Lo has intentado alguna vez?
Una risa amarga escapo de los labios del chico.
– No.
– Mi padre, que, como ya sabemos, era un hombre muy sabio, no dejaba de repetirme: «Hijo, si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre estaras donde estas». -Andrew mantuvo la mirada fija en Spencer-. ?Es eso lo que quieres? ?Decir siempre que no puedes hacer las cosas que quieres hacer?
– Pero ?como puedo hacerlas? ?Es que no ha visto esto? -pregunto, senalandose el pie con el dedo.
– Claro que lo he visto. Pero no te ha impedido andar. Ni nadar. Tienes el pie deforme, pero no la mente. No estoy diciendo que aspires a convertirte en el mejor esgrimidor, pugil o jinete de Inglaterra, sino solo que aspires a ser lo mejor que puedas. Dime, ?cual es tu comida favorita? ?La que mas te gusta?
El chico parecio confundido ante el repentino cambio de tema, pero respondio:
– Las tortitas recien horneadas con mermelada de fresa que prepara la cocinera.
– ?Como sabes que son tus favoritas?
– Porque las he probado… -Su voz se apago en cuanto la comprension le ilumino los ojos.
– Exacto. No habrias descubierto tu comida favorita si no la hubieras probado. Yo no sabria que podia hacer morder el polvo a esos rufianes si no lo hubiera intentado. Si no hubiera querido hacerlo. Si no hubiera tenido la suficiente determinacion. Lo unico que te impide hacer las cosas que quieres hacer eres tu mismo, Spencer. Pensar que no puedes.
Una desconsoladora combinacion de duda, confusion y esperanza se encendio en sus ojos.
– ?Usted cree que puedo?
– Se que puedes.
– ?Me ensenaria?
– Solo tienes que pedirmelo.
– Pero… ? y si fracaso?
– Solo puedes fracasar si no lo intentas. Si no das ese primer paso, nunca sabras hasta donde puedes llegar. Si al menos haces el intento, ya habras triunfado.
