tampoco se ha convertido en un adulto. A su edad, yo sabia que era mas capaz de lo que creian los demas, y creo que eso es lo que le ocurre a Spencer. Sin embargo, le presento mis disculpas. No ha sido mi intencion ofenderla.
– ?Es cierto eso? ?Supongo entonces que le parece un cumplido que le llamen mentiroso? -Catherine aparto a un lado su voz interior, que en ese momento le murmuraba «eres una mentirosa».
– No era mi intencion referirme a usted en esos terminos.
– ?Cual era entonces su intencion?
– Simplemente animarla a que le contara lo ocurrido. Con la mayor prontitud.
– Muy bien, senor Stanton. Considereme informada. -Arqueo entonces las cejas-. Y ahora, ?hay algo mas de lo que crea que debemos hablar?
Andrew solto un suspiro y se paso una mano por el pelo en un gesto de evidente frustracion. Bien. ?Por que demonios tenia que ser ella la unica desconcertada?
– Solo que no estoy seguro de por que otra conversacion se ha convertido de nuevo en una discusion.
– No veo en ello ningun misterio, senor Stanton. Se debe a que es usted testarudo, irritante y sin duda molesto.
– Una afirmacion comparable a oir al lago llamar «mojado» al oceano, lady Catherine.
Catherine abrio la boca para responder, pero el le puso el dedo indice sobre los labios, cortandole de cuajo las palabras.
– Sin embargo -anadio Andrew con suavidad al tiempo que el calor de su dedo calentaba ya los labios de ella-, ademas de encontrarla testaruda, irritante y absolutamente molesta, es usted una mujer inteligente, hermosa y una maravillosa madre, por no mencionar la deliciosa compania que encuentro en usted… al menos la mayor parte del tiempo.
Su dedo se aparto despacio de la boca de Catherine, que apreto los labios para evitar humedecerlos involuntariamente.
– Hasta la hora de la cena, lady Catherine. -Ofreciendole una formal inclinacion de cabeza, Andrew giro sobre sus talones y camino hacia la casa, dejandola con la mirada fija en el, literalmente sin palabras.
En los labios de Catherine todavia hormigueaba la suave presion del dedo de Andrew, y, ahora que el no podia verla, saco apenas la punta de la lengua para saborear el punto de calor.
Se sentia ultrajada. Absolutamente. ?Quien era el para decirle como tratar a su hijo? ?O para sugerir que la encontraba tan testaruda, irritante y absolutamente molesta como ella a el? ?Y luego dar un giro en redondo y atreverse a llamarla inteligente, hermosa, madre maravillosa y deliciosa compania… al menos la mayor parte del tiempo? Sin duda, era un canalla de primer orden. Un canalla que…
«Me considera hermosa.»
Un escalofrio de placer completamente inaceptable le bajo por la columna, y Catherine solto esa clase de suspiro prolongado y femenino que creia haber dejado atras para siempre. Levanto la mano para protegerse los ojos contra los ultimos resquicios del sol poniente y clavo la mirada en el trasero en retirada de Andrew.
Y, maldicion, que trasero tan atractivo…
Lo vio subir los escalones de piedra que llevaban a la terraza y, cuando desaparecio por los ventanales que conducian a la casa, Catherine desperto de su boquiabierto estupor y le siguio dentro a paso ligero. Sentia una imperiosa necesidad del efecto restaurador de una buena taza de te. Sin duda serian necesarias dos tazas de te para recomponer el revuelo que ahora revelaba su aspecto. Tres no escapaban al reino de la posibilidad.
Capitulo 8
La mujer moderna actual debe actuar ante la atraccion que siente hacia un hombre. Aun asi, deberia reconocer que es posible ser directa y discreta a la vez. Un roce «accidental» con el cuerpo de el, un susurro que solo el debe oir, sin duda captaran al detalle su atencion.
– Te toca, mama.
Catherine alzo repentinamente el menton y sus ojos se encontraron con la mirada de su hijo, sentado delante de ella a la mesa del comedor. Cielos, cuanto tiempo llevaba sumida en sus propias cavilaciones, con la mirada clavada en el plato de guisantes y rodaballo escalfado.
Parpadeo en un intento por deshacerse de la preocupacion que la embargaba y forzo una sonrisa.
– ?Me toca?
– Contar una historia de las de «ojala no hubiera hecho eso». -La sonrisa de Spencer se ensancho-. Cuentale al senor Stanton la historia de cuando te quedaste colgada del arbol.
A pesar de sus esfuerzos por seguir concentrada en Spencer, la errante mirada de Catherine fue a posarse en el senor Stanton. ?Por que no podia dejar de mirar a aquel hombre? Durante toda la cena habia estado mirandole a hurtadillas entre las pestanas, incapaz de olvidar la conversacion que habia tenido sobre el con Genevieve. En vano habia estado esperando toda la tarde a que llegara una nota de su padre en la que le comunicara que el culpable habia sido apresado, aliviandola asi del miedo a seguir expuesta al peligro. En cuanto eso ocurriera, no habria ya necesidad de que el senor Stanton siguiera en Little Longstone. Su presencia, cada vez mas turbadora, podria regresar a Londres y poner asi punto y final a esa indeseada… lo que fuera. Si, en cuanto el se marchara de su casa, Catherine lo olvidaria.
Mientras tanto, resultaba condenadamente dificil contemplar la posibilidad de olvidarlo cuando lo tenia sentado a menos de un par de metros de distancia, corpulento y masculino e increiblemente atractivo con su chaqueta marron Devonshire y la camisa blanca inmaculada. Los ojos oscuros de Andrew la estudiaban con una llamativa combinacion de calor, interes, diversion y algo mas que ella no alcanzaba a definir. No obstante, y fuera lo que fuese aquel algo mas, le producia un calor que se extendia hasta los dedos de los pies.
En el rostro de Andrew se arqueo una ceja oscura.
– ?Colgada de un arbol? -repitio-. Acaba de despertar mi curiosidad, lady Catherine. Por favor, debe compartir con nosotros esa historia. ?Como tuvo lugar tan infortunado incidente?
– Estaba rescatando a un gatito.
– No ira a decirme que subio a un arbol para eso.
– Muy bien. Pues no se lo dire. Sin embargo, si no lo hago, resultara muy dificil continuar con la historia.
No habia duda de la sinceridad en la sorpresa que reflejaba el rostro de Andrew. Aun asi, en vez de sentirse avergonzada por su expresion de absoluta perplejidad, Catherine apenas pudo reprimir una carcajada de deleite al darse cuenta de que habia logrado conmocionarle.
– En ese caso, digame lo que deba para continuar.
Catherine inclino la cabeza en senal de consentimiento.
– Hace unos anos, Fritzborne trajo a casa una gata que habia encontrado deambulando por el bosque. En un periodo de tiempo notablemente breve nos habiamos convertido en los orgullosos propietarios de una camada de gatitos. Aunque eran adorables, se trataba de los animalillos mas traviesos que han visto jamas la luz del dia. La gatita a la que llamamos Angelica era la mas malvada del grupo. Un dia, cuando Spencer y yo volviamos de tomar las aguas, oimos un lastimero sonido. Levantamos la vista y vimos a Angelica colgando de la rama alta de un olmo. Necesitaba que alguien la rescatara, asi que fui yo quien se encargo de hacerlo. -Se aclaro la garganta y pincho un guisante con el tenedor-. Fin de la historia.
– Pero, mama, no has contado la mejor parte -protesto Spencer-. Cuando te quedaste colgada del arbol. -Con los ojos iluminados de pura animacion, se volvio a mirar al senor Stanton-. A mama se le enredo el vestido entre las ramas. Al ver que no podia liberarse por si sola, tuve que ir a los establos a buscar a Fritzborne. Volvimos al arbol con una cuerda gruesa y una cesta. Fritzborne lanzo la cuerda a mama, engancho la cesta y luego, con cierto toque de ingenio, bajamos a Angelica en la cesta.
– Dejando a tu madre todavia colgada del arbol -dijo el senor Stanton.
– Si -intervino Catherine con un suspiro exagerado-. Mientras la cobarde gatita se alejaba tranquilamente
