– Me gusta la mitologia. Milton me ha dicho que estaba usted en su habitacion.

– Y asi era, pero solo el tiempo suficiente para cambiarme de ropa. Necesitaba un poco de aire fresco.

Una sensacion que ella podia entender muy bien, sobre todo porque tenia la impresion de que alguien habia dejado los establos sin un apice de aire.

Andrew abrio la puerta del establo y sonrio.

– ?Desea unirse a nosotros?

Incluso mientras su cabeza le decia que declinara la oferta de Andrew, los pies de Catherine se movieron hacia delante. Entro en el establo y paso la mano por el morro satinado de Venus. El caballo relincho y empujo afectuosamente contra su palma.

– Es un hermoso animal -dijo el senor Stanton, volviendo a coger el cepillo.

– Gracias. ?La ha montado ya?

– Si. Espero que no le importe.

– En absoluto. Le encanta correr.

El silencio se instalo entre ambos y Catherine le observo mientras el pasaba el cepillo por el brillante lomo castano de la yegua. Su atencion quedo prendida en la resistencia a la traccion de sus brazos y en la forma en que la camisa se tensaba sobre su pecho con cada prolongado movimiento.

– ?Como le ha ido en su visita a su amiga?

La mirada de Catherine regreso abruptamente a la de Andrew y experimento la inquietante sensacion de que el era consciente de que le habia estado observando.

– Bien. Y usted ?que tal lo ha pasado con Spencer?

– Maravillosamente bien. Es un jovencito excepcional.

No habia el menor atisbo de falsedad en su voz ni en sus ojos, y parte de la tension desaparecio de los hombros de Catherine. Mientras pasaba los dedos entre la crin castana de Venus, sonrio a Andrew por encima del lomo del caballo.

– Gracias. Estoy muy orgullosa de el.

– Y asi debe ser. Es muy inteligente y muestra una notable madurez.

– Destaca en sus estudios. Su tutor, el senor Winthrop, esta en Brighton, visitando a su familia, como suele hacerlo durante un mes todos los veranos. Sin embargo, incluso durante su ausencia, Spencer lee con avidez. En cuanto a su madurez, supongo que en parte responde al hecho de que pase todo su tiempo en compania de adultos.

Catherine le miraba al hablar, reparando en que Andrew no desperdiciaba un solo movimiento y en que, con excepcion de la leve capa de sudor que humedecia su piel, no daba muestra alguna de fatiga.

– Venus suele mostrarse asustadiza con los desconocidos -apunto-. Sin duda sabe usted manejar a los caballos.

– Seguramente porque pase mi juventud trabajando en los establos.

Catherine parpadeo ante aquella nueva noticia.

– No lo sabia.

El la miro y ella tuvo que apretar las manos para evitar tender el brazo y apartarle el sedoso pelo que, negro como el ebano, le caia sobre la frente. Maldicion, no podia ser que fuera tan atractivo. De haber sido ella la que hubiera estado sudada, con la ropa arrugada, despeinada y oliendo a caballo, nadie la habria encontrado en absoluto atractiva.

– Hay muchas cosas que no sabemos el uno del otro, lady Catherine -dijo Andrew con suavidad.

Su voz, sus palabras fluyeron sobre ella como la miel templada, colmandola con la inquietante percepcion de que el estaba en lo cierto. Y con la percepcion aun mas inquietante de que deseaba saber mas cosas de el. Todo. Ni siquiera se habia parado a pensar en como habria sido su vida en Norteamerica. Estaba claro que Andrew era de origen humilde si habia trabajado en un establo. Aunque eso no era nada que debiera resultarle interesante. Y, obviamente, el tenia familia alli. Amigos. Mujeres…

Algo que, de nuevo, no deberia perturbarla como lo hacia.

– Abrigo la esperanza de que podamos ponerle remedio a eso y conocernos mejor durante mi estancia aqui -anadio.

De pronto, Catherine fue presa de la alarmante y turbadora toma de conciencia de que tambien ella abrigaba la misma esperanza. Adoptando su tono mas animado, dijo:

– Pero si ya nos conocemos mejor, senor Stanton. Hasta la fecha sabemos que tenemos muy poco en comun y que tenemos opiniones diametralmente opuestas sobre un buen numero de temas.

En vez de mostrarse ofendido, un extremo de la boca de Andrew se curvo hacia arriba en una clara muestra de humor.

– Que vision tan pesimista, lady Catherine. Sin embargo, por mucho que usted prefiera ver la botella medio vacia, yo prefiero verla medio llena. Aunque nuestras preferencias literarias puedan no ser las mismas…

– Son drasticamente opuestas.

Andrew inclino la cabeza en senal de acuerdo.

– A ambos nos gusta leer. Y estamos de acuerdo en que su hijo es un joven encantador. Y en que Venus es una yegua excepcional.

– Si, bueno, estoy segura de que tambien podemos estar de acuerdo en que el cielo es azul, la hierba, verde, y mi cabello, moreno.

– De hecho, en este preciso instante, el cielo esta salpicado de carmesi y oro, esmeralda seria el color que mejor describiria la hierba, y en cuanto a su cabello…

Su voz se apago y su mirada se movio hacia el cabello de Catherine, de pronto consciente del hecho de que habia salido de casa sin su sombrero.

– El delicioso color castano de su cabello, la riqueza de los intensos dorados y de los sutiles rojos entremezclados entre los mechones no merece conformarse con tan parca descripcion. -Despacio, alargo la mano y un acalorado hormigueo de anticipacion la recorrio por entero. Los dedos de Andrew le rozaron el pelo justo por encima de la oreja, cortandole el aliento.

– Excepto esto -dijo, sosteniendo un trozo de heno entre el pulgar y el indice-. Esto si puede describirse como marron, aunque debo decirle que creo que muchas mujeres prefieren decorar sus cabellos con lazos.

Catherine contuvo el aliento y apreto los dientes, fastidiada, aunque no supo decidir si estaba mas enojada con el por haberla desconcertado como lo habia hecho, con ella misma por haberselo permitido o con el por no parecer en absoluto desconcertado. En fin, estaba claramente molesta con el y tenia dos motivos para estarlo.

– Y-anadio el-, es evidente que ambos compartimos el amor por los caballos… ?o no es asi?

– No le negare que los adoro -respondio Catherine con una mirada maliciosa-. Los caballos nunca discuten con nosotros.

El le respondio con una mirada igualmente maliciosa.

– Cierto. -Rodeo a Venus hasta quedar de pie junto a ella. Catherine inspiro hondo y percibio una agradable esencia de sandalo.

– Nuestra ultima conversacion parece haber terminado… de forma incomoda -dijo Andrew-, y me siento mal por ello. ?Podemos firmar una tregua?

Cielos, Catherine no tenia la menor intencion de firmar ninguna tregua. Deseaba recuperar toda la irritacion que habia sentido hacia el, que era, con mucho, preferible a esa acalorada y casi dolorosa conciencia de su presencia. De su fuerza. De su altura. De sus atractivos ojos. Y de ese aspecto descuidado, con la fuerte y bronceada columna de su cuello visible despues de haberse quitado la corbata.

?En que momento la relacion entre ambos habia dado ese giro inquietante? Aunque Catherine no lo sabia, deseaba poder volver a recorrer ese camino y evitar el desastroso giro que de algun modo ella habia tomado.

– Recuerdo haberle pedido algo similar -dijo.

– Si. Aunque sospeche que en realidad lo que me estaba pidiendo era una rendicion total.

– ?Y es eso lo que desea usted, senor Stanton? ?Mi rendicion total?

Algo chispeo en los ojos de Andrew.

– ?Me la esta ofreciendo, lady Catherine?

Andrew no se habia movido. Aun asi, a Catherine le parecio que se habia acercado a ella, por lo que dio un

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