– ?Tambien son de su padre esas sabias palabras?

– No. Estas son lecciones ganadas a pulso que tuve que aprender por mi mismo. Lecciones que nadie se ofrecio a ensenarme.

– Como usted se esta ofreciendo a ensenarmelas a mi.

– Si.

Spencer fruncio el ceno y volvio a tirarse de la manga, presa de un claro debate interno. Por fin, dijo:

– A mama no va a gustarle. Tendra miedo de que me haga dano. -Una sombra roja le tino las mejillas-. Lo cierto es que quiza a mi tambien me de un poco de miedo.

– Iremos muy despacio. En gran medida es una cuestion de equilibrio, y tengo un monton de ideas que pueden ayudarte con eso. Y si, en cualquier momento, quieres poner fin a las lecciones, asi lo haremos.

El chico inspiro hondo y luego irguio la columna. A Andrew se le caldeo el corazon al ver la mezcla de decision y de vacilante entusiasmo que brillo en sus ojos.

– ?Cuando podemos empezar? -pregunto Spencer-. ?Manana?

– De acuerdo.

– Sera mejor que lo hagamos cuando mama no este -dijo el joven, bajando la voz hasta un tono conspirador-. Sugiero que lo hagamos despues del desayuno. Es entonces cuando se encierra una hora en sus habitaciones para revisar su correspondencia.

– Hecho.

– Despues de la leccion, le llevare a las aguas termales. Resultara especialmente saludable ponernos en remojo despues del ejercicio.

Andrew logro esbozar una debil sonrisa.

– Las aguas termales. Si, suena fantastico.

Hizo otra rapida anotacion mental: inventar algo que requiriera de su atencion inmediata tras su leccion con Spencer y asi evitar la propuesta de las aguas termales. No tenia la menor intencion de acercarse al agua. «De tal palo, tal astilla…»

Capitulo 7

La mujer moderna actual no deberia temer llevar la iniciativa al hacer el amor. Tocar a su amante mientras hacen el amor. A pesar de que en un principio el pueda expresar sorpresa ante un comportamiento tan directo, confia en que tu determinacion se saldara con resultados muy satisfactorios.

Guia femenina para la consecucion

de la felicidad personal y la satisfaccion intima

Catherine llego a casa tras visitar a Genevieve presa de gran inquietud. Entre su conversacion sobre el senor Stanton y el disparo que habia recibido, estaba mas que turbada.

Despues de entregar a Milton su sombrero y su chal, pregunto:

– ?Ha llegado algun mensaje de mi padre?

– No, senora.

Demonios. Tuvo que tragarse la decepcion antes de preguntar:

– ?Donde esta Spencer?

– Disfruta de su siesta de la tarde.

– ?Y el senor Stanton? -Apreto los labios, profundamente contrariada al percibir que el corazon le daba un pequeno vuelco al pronunciar su nombre.

– La ultima vez que le he visto se dirigia a su dormitorio, presumiblemente a descansar antes de la cena. ?Desea que le prepare el te, senora?

– No, gracias. -Sin duda se sentia aliviada, y no desilusionada, al enterarse de que el senor Stanton no estaba visible-. Hace un tiempo delicioso y, como he tomado el carruaje para visitar a la senora Ralston, creo que me acercare andando a los establos para ver como sigue Fritzborne. -Su mozo de cuadra se habia herido la mano arreglando el tejado del establo justo antes de que ella se marchara a Londres-. ?Como esta?

– Vuelve a ser el mismo de siempre, aunque creo que el aire que rodea el establo conserva aun un extrano tinte del colorido lenguaje que solto cuando se machaco el pulgar con el martillo.

Catherine sonrio, imaginando demasiado bien la perorata de Fritzborne. Salio de la casa y emprendio el camino cruzando el cesped hacia los establos. El sol de ultima hora de la tarde besaba el cielo, dorando las algodonosas nubes blancas con una sabana de vividos naranjas y oros. Inspiro hondo el calido aroma a flores que impregnaba el aire, permitiendo que la paz la colmara de la sensacion de tranquilidad que el resplandor amarillo, las multitudes y los olores de Londres siempre le robaban.

Sin embargo, sintio que la calma que buscaba y que siempre encontraba en aquel paraje la eludia. Obviamente, el disparo seguia perturbando su paz interior. Un poco mas de tiempo en casa, rodeada de Spencer y del ambiente familiar y de las cosas que amaba, la ayudarian a recuperar el equilibrio.

Las enormes y desgastadas puertas de madera del establo estaban abiertas de par en par. Tras cruzar el umbral, se quedo varios segundos de pie en la puerta, parpadeando para adaptar la vista a la penumbra en la que estaba sumido el interior del recinto. El murmullo de una voz grave llego a sus oidos desde el rincon mas alejado, donde Venus tenia su establo, seguido por un suave relincho. En los labios de Catherine se dibujo una suave sonrisa al percibir el familiar sonido de su yegua favorita cuando la cepillaban. Hacia alli se dirigio, anticipando la charla con Fritzborne y un amistoso hocicazo de Venus. Los fuertes aromas del heno fresco, el cuero y el pelo de caballo calentado por el sol llenaban su cabeza, aliviandola de todas sus tensiones.

Sin embargo, cuando se detuvo delante del establo, se quedo helada. No pudo apartar la mirada de la escena que presenciaban sus ojos.

No era Fritzborne, sino el senor Stanton quien estaba de pie en el establo, cepillando a Venus con movimientos largos y firmes. El senor Stanton, quien se habia quitado la chaqueta y la corbata, que se habia arremangado la camisa, revelando unos musculosos antebrazos que se flexionaban de un modo absolutamente fascinante cada vez que pasaba el cepillo por el lomo de Venus. El senor Stanton, vestido con unos pantalones de montar de color crema que se cenian a sus largas piernas de un modo que a Catherine se le seco la boca.

El sudor habia dibujado una T en la camisa blanca de lino que tensaban sus anchos hombros, descendiendo hasta el centro de su espalda. Tenia el pelo revuelto y los mechones oscuros le caian sobre la frente con cada movimiento. Aunque se le veia total y absolutamente relajado por alguna razon que Catherine no lograba adivinar, la palabra que asomo a su cabeza fue «fascinante».

Cualquier pizca de serenidad que hubiera logrado recuperar se disipo como el vapor. Se quedo donde estaba, traspuesta, recorriendo con la mirada el cuerpo de Andrew de un modo que tendria que haberla horrorizado -y que, de hecho, la horrorizo-, aunque no lo suficiente como para conminarla a dejar de mirar.

La vision de esas manos fuertes de dedos largos acariciando a Venus mientras su voz grave murmuraba palabras tranquilizadoras lleno a Catherine de un deseo que la asusto por su intensidad. Tenia que marcharse de alli…

Andrew levanto los ojos y las miradas de ambos se encontraron. Las manos de el se detuvieron y a Catherine le parecio que sus ojos se oscurecian. Una oleada de calor la invadio al verse presa de su intensa mirada y apenas logro contenerse para no pasarse el dorso de la mano por la frente. ?Y que demonios le pasaba a su estomago? Sentia una sensacion tan extrana… obviamente habia comido algo que no le habia sentado bien.

– Lady Catherine. No sabia que estuviera usted aqui.

– Yo… acabo de llegar.

Andrew dejo el cepillo en el suelo y se acerco a ella despacio. Los dedos de los pies de Catherine se encogieron en sus zapatos y tuvo que obligarse a no retroceder y huir asi de su presencia, una sensacion que la molesto. Bueno, al menos ahora estaba molesta. Sin duda era mejor, y mucho mas seguro que… no sentirse molesta.

– ?Donde esta Fritzborne? -Dios mio. ?Habia salido de ella esa voz ronca?

– Ha ido a hacer correr un poco a Afrodita. Nombres muy romanticos los de sus caballos.

Вы читаете Un Amor Escondido
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату