comentario por su parte podia llevar a otra discusion.

– Las discusiones no conducen a un cortejo exitoso -murmuro.

– ?Que ha dicho usted, senor Stanton? -De pie en la puerta de carruaje, con la mano posada en la del criado, lady Catherine miro a Andrew por encima del hombro con una expresion interrogante.

– Ejem, que son muchas las ilusiones que… despierta en mi un buen retoce. -Dios mio, parecia un idiota. Tampoco eso llevaba a un cortejo con final feliz.

– ?Retoce?

– Si, en las calidas y terapeuticas aguas. -Rezo para que su piel no palideciera al pronunciar las palabras.

– Ah. -Lady Catherine parecio relajar su expresion, aunque aun quedaban restos en ella que indicaban que no habia renunciado totalmente a la nocion de que era un poco idiota.

Tampoco llevaba eso a un final feliz.

Despues de bajar del carruaje, Andrew se tomo unos instantes para mirar a su alrededor mientras lady Catherine daba instrucciones al criado sobre el equipaje. El camino quedaba a la sombra de enormes olmos y la luz del sol salpicaba la grava al colarse entre la boveda de hojas. Inspiro hondo. Los aromas del verano tardio le colmaron la cabeza de una placentera mezcla impregnada de hierba y de tierra calentada por el sol, y un penetrante aroma a heno que indicaba la proximidad de unos establos. Cerrando los ojos, Andrew dejo que una imagen cobrara vida, un destello de un tiempo pasado cuando habia disfrutado de la vida en un lugar similar a aquel. Sin embargo, como ocurria siempre que se permitia echar una mirada al pasado, la oscuridad velo rapidamente esos recuerdos de fugaz felicidad, cubriendolos con la sombra de la culpa y de la verguenza. De la perdida, del pesar y de la autocondena. Abrio los ojos y parpadeo en un intento por quitarse de la cabeza su vida anterior. Era una vida muerta y pasada. Literalmente.

Se volvio y vio, lleno de temor, que lady Catherine tenia los ojos fijos en el con una mirada interrogante.

– ?Esta usted bien? -pregunto.

Como en innumerables ocasiones anteriores, Andrew volvio a sepultar sus dolorosos recuerdos y la culpa en las profundidades de su corazon, donde nadie pudiera verlos, y esbozo una amplia sonrisa.

– Estoy bien. Simplemente disfruto de estar aqui fuera tras tan largo viaje. Y con muchas ganas de ver a su hijo.

– Estoy segura de que no tendra que esperar mucho.

Como si la hubiera oido, las dobles puertas de roble que conducian a la casa se abrieron de par en par y aparecio un joven vestido con pantalones de color gamuza y una sencilla camisa blanca. Sonrio y saludo con la mano, gritando:

– ?Bienvenida a casa, mama!

Spencer avanzo con paso extrano y la mirada de Andrew se desvio hacia el pie zopo del jovencito. La compasion le encogio el corazon por el sufrimiento que el chiquillo debia de padecer a diario, no solo producido por una incomodidad fisica, sino a causa del dolor interno de ser considerado distinto de los demas. Defectuoso. Se le tenso la mandibula, consciente de que, en gran medida, la decision de que lady Catherine y Spencer vivieran en Little Longstone se debia a la crueldad y al rechazo que el chico habia experimentado en Londres. Andrew recordaba perfectamente lo dificil que era esa edad, cercana a los doce anos, en la que un nino rozaba ya las puertas de la hombria. Bastante duro le habia resultado a el sin la carga adicional de una enfermedad.

Spencer se encontro a medio camino del sendero con su madre, que lo envolvio en un abrazo que el correspondio con gran entusiasmo. Una oleada de algo semejante a la envidia recorrio a Andrew ante aquella calida muestra de afecto. No recordaba lo que era verse envuelto en un abrazo materno, puesto que su madre habia muerto al traerle al mundo. Reparo en que Spencer era casi tan alto como su madre y sorprendentemente ancho de hombros, al tiempo que sus brazos larguiruchos indicaban que todavia le quedaba mucho por crecer. Tenia un gran parecido con lady Catherine, de quien habia heredado el pelo castano y esos dorados ojos marrones.

Madre e hijo se separaron y, entre risas, lady Catherine levanto la mano -con el brazo ileso, segun pudo ver Andrew- y la paso por el denso pelo de Spencer.

– Todavia estas mojado -dijo-. ?Como ha ido tu visita a los manantiales?

– Excelente. -Fruncio el ceno y se inclino hacia ella-. ?Que te ha pasado en el labio?

– Me lo he mordido por accidente. Nada de lo que preocuparse.

El ceno desaparecio.

– ?Como fue la fiesta del abuelo?

– Fue… agitada. Y te he traido una maravillosa sorpresa. -Miro hacia la parte posterior del carruaje, donde estaba Andrew.

Spencer aparto la mirada de su madre y, cuando reparo en Andrew, se le agrandaron los ojos.

– ?Es realmente usted, senor Stanton?

– Si. -Andrew se reunio con ellos y le tendio la mano al jovencito-. Encantado de volver a verte, Spencer.

– Lo mismo digo.

– El senor Stanton ha tenido la amabilidad de acompanarme a casa, y ha accedido ademas a quedarse unos dias de visita. Me ha prometido deleitarnos con historias de sus aventuras con tu tio Philip.

La sonrisa de Spencer se ensancho.

– Excelente. Quiero oir como logro enganar a los canallas que le encerraron en el calabozo. No logre que tio Philip me contara la historia.

Lady Catherine arqueo las cejas.

– ?Canallas? ?Calabozo? No sabia nada. Creia que Philip y usted se habian dedicado a desenterrar artefactos.

– Y asi fue -la tranquilizo Andrew-. Sin embargo, como su hermano hizo gala de una misteriosa inclinacion a meterse en lios, me vi obligado a realizar varios rescates.

La malicia brillo en los ojos de lady Catherine.

– Entiendo. ?Y usted, senor Stanton? ?No se vio nunca necesitado de alguien que le rescatara?

Andrew puso todo de su parte para parecer inocente y se senalo el centro del pecho.

– ?Yo? ?Se refiere a mi, que soy la personificacion del modelo de decoro…?

– Una vez tio Philip le ayudo a escapar de unos cortacuellos armados con machetes -intervino Spencer con un tintineo de animacion en la voz-. Lucho contra ellos utilizando solo su baston y su rapidez de ingenio. Les perseguian porque usted habia besado a la hija de un sinverguenza.

– Una gran exageracion -dijo Andrew con un ademan disuasorio-. Tu tio Philip es famoso por su tendencia a la hiperbole.

Lady Catherine fruncio los labios.

– ?Es cierto eso? Entonces, ?cual es la verdadera historia, senor Stanton? ?Acaso no beso usted a la hija de ese sinverguenza?

Maldicion. ?Por que ultimamente todas las conversaciones que tenia con ella tomaban esos desastrosos derroteros?

– Fue mas bien un amistoso beso de despedida. Totalmente inocente. -No habia necesidad de mencionar que las dos horas que habian precedido a ese amistoso beso de despedida habian tenido poco de inocentes-. Desgraciadamente, me temo que el padre de la joven se opuso de forma bastante energica. -Se encogio de hombros y sonrio-. Justo cuando parecia que iba a convertirme en un acerico humano, un desconocido se inmiscuyo en la refriega, totalmente encendido, blandiendo su baston y gritando en una lengua extranjera. Lo cierto es que crei que estaba loco, pero la verdad es que me salvo la vida. Resulto ser nuestro Philip, y desde ese dia somos amigos.

– ?Que diantre les dijo Philip? -pregunto lady Catherine.

– No lo se. Se nego a contarmelo, diciendome que era su pequeno secreto. Hasta la fecha sigo todavia sin saberlo.

– Con lo cual intuyo que debe de haber dicho algo absolutamente atroz de usted -dijo Spencer con una sonrisa de oreja a oreja.

– Sin duda -concedio Andrew, riendose.

– Bueno, Spencer y yo deseamos fervientemente saber mas cosas de sus viajes durante su estancia aqui, senor Stanton. ?Permite que le acomodemos? -Catherine tendio a Spencer su brazo ileso. Echaron a andar por el

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