su casa, pero, como bien sabia la mujer moderna actual, ella no tenia por que acceder a los planes de ningun hombre si no lo deseaba.
Y, a juzgar por los secretos que debia salvaguardar, Catherine no tenia la menor intencion de hacerlo.
Capitulo 5
La mujer moderna actual debe admitir que en ocasiones las restrictivas normas de la sociedad deberian ser clara y rotundamente ignoradas. Y, cuanto mas atractivo sea el caballero en cuestion, mas clara y rotundamente deberia ser tal muestra de ignorancia… en toda su discrecion, naturalmente.
CHARLES BRIGHTMORE
– Villa Bickley aparecera a la vista en cualquier momento -dijo lady Catherine dos horas mas tarde, senalando a la izquierda-. Justo tras esa arboleda.
«Gracias a Dios.» Andrew esperaba que esa sensacion de alivio no resultara demasiado obvia. Las cuatro horas de viaje habian alternado silencios incomodos y una absurda conversacion. Ella se habia concentrado en su labor, pero Andrew se tenia por un hombre que sabia leer en la actitud de la gente y Catherine estaba claramente preocupada por algo. El instinto le decia que estaba pensando en el incidente de la noche anterior, que, segun sospechaba, la preocupaba mas de lo que ella habia querido reconocer.
Concentro su atencion en el paisaje que se veia al otro lado de la ventanilla, deleitandose con la verde campina. No veia la hora de salir del pequeno espacio del carruaje, donde habia estado encerrado las ultimas cuatro torturantes horas, respirando la delicada fragancia floral de Catherine. Dejo escapar un largo y discreto suspiro. Dios, ?existia en el mundo una mujer que oliera mejor? No. Imposible. Habia tenido que hacer acopio de cada gramo de sus fuerzas para no tocarla, inclinarse hacia ella y aspirar el olor de su piel. Si, habia cedido a la atormentadora tentacion, acercandose a ella en una ocasion, y el esfuerzo que habia tenido que hacer para no besarla habia sido terrible.
Paciencia. Tenia que recordar que su plan para cortejarla debia ser sutil y pausado. Presentia que si se movia demasiado deprisa, ella se retiraria como una liebre asustada. Naturalmente, el hecho de que Catherine estuviera claramente irritada con el a causa de la
A pesar de que su mision de encontrar al hombre habia quedado temporalmente suspendida mientras estuviera en Little Longstone, se aplicaria por entero a la tarea en cuando regresara a Londres. Charles Brightmore quedaria al descubierto, Andrew recibiria por ello una buena gratificacion y todas esas tonterias sobre la mujer moderna actual se desvanecerian, a la vez que desapareceria la tension que habia surgido entre lady Catherine y el. Mientras tanto, aprovecharia la oportunidad para pasar tiempo con ella y poner en marcha su plan para cortejarla.
Menos de un minuto mas tarde, al dar una curva del camino, aparecio ante sus ojos una majestuosa casa de ladrillo y columnas blancas comodamente anidada contra un fondo de arboles enormes, suaves colinas y verdes prados. Las distintas tonalidades de verde quedaban rotas por serpenteantes senderos de vividos violetas y rosas, entremezclados con mantos de flores silvestres de tonos pastel. Retazos del sol de ultima hora de la tarde quedaban reflejados en las brillantes ventanas abovedadas, sumiendo la suavizada fachada de ladrillo en un resplandor dorado. La escena al completo denotaba una pintoresca y campestre tranquilidad. Un puerto tranquilo y seguro para ella y su hijo, lejos de la cruel mezquindad de la sociedad.
– Ahora entiendo por que le gusta tanto esto -manifesto el.
– Es mi casa -respondio ella en voz baja.
– Es mucho mas grande y majestuosa de lo que habia imaginado. Llamarla «villa» es como llamar barca de remos a un barco.
– Quiza. Pero el entorno, el entranable ambiente y los convencionalismos mucho menos formales que imperan aqui dotan a la casa de una comodidad que contradice su tamano. Me enamore de ella en cuanto la vi.
Andrew se volvio y paseo la mirada por el delicado perfil de Catherine. La blanda curva de su palida mejilla, la suave linea de su mandibula. La leve inclinacion ascendente de la nariz. La lujuriosa carnosidad de sus labios. «Enamorarte en el instante mismo en que ves algo… si, se exactamente lo que es eso.»
– Comprar esta propiedad, donde Spencer dispone de un acceso facil y privado a los curativos manantiales de agua caliente de la zona, fue el unico gesto de generosidad que Bickley mostro con su hijo. -Catherine hablaba suavemente, con una voz totalmente desprovista de expresion. Se volvio a mirarle y Andrew se quedo perplejo al ver que sus ojos parecian totalmente vacios. Maldicion, como deseaba borrar todas las sombras que los anos de infeliz matrimonio habian dejado en ella.
– Naturalmente, como sabe todo el mundo, la verdadera razon que llevo a Bickley a comprar la casa fue simplemente la de instalar a Spencer -y a mi- lejos, donde no tuviera que ver a su hijo imperfecto ni ser visto con el. Ni con la mujer que, segun sus propias palabras, le habia impuesto ese hijo.
Gracias a su intima amistad con Philip, Andrew estaba al corriente del egoista, insensible e indiferente bastardo en el que se habia convertido el marido de lady Catherine con su calida y vibrante esposa, y en el precario progenitor que habia sido para un nino que tan desesperadamente necesitado estaba de un padre. Apenas pudo contenerse y decir: «Nada me habria gustado mas que poder vermelas durante cinco minutos con el bastardo con el que estuvo casada». En vez de eso, dijo:
– Lamento que su matrimonio no fuera feliz.
– Tambien yo. Empezo con grandes promesas. Sin embargo, tras el nacimiento de Spencer… -Su voz se apago y durante varios segundos sus ojos se colmaron con las sombras que sin duda seguian acechandola. A Andrew le picaban los dedos, tal era la necesidad de alargar la mano y tocarla. Reparar todo aquel dolor. Aliviarla y consolarla del mismo modo que para el era ya un consuelo pensar en ella.
Sin embargo, antes de que pudiera moverse, ella se recompuso y sonrio.
– Pero eso forma parte del pasado -dijo-. A Spencer y a mi nos encanta Little Longstone. Espero que disfrute de su estancia.
– No me cabe duda de que asi sera.
– Y debe usted disfrutar de las aguas calientes mientras este aqui. Son muy terapeuticas. No veo llegado el momento de tomarlas yo misma para calmar la rigidez de mi hombro.
Andrew se trago la aprension que iba subiendole por la garganta. No le atraia el plan de pasar tiempo cerca del agua. Descartado quedaba imaginarse dentro.
Se vio libre de responder cuando el carruaje se detuvo con un remezon, indicando que habian llegado a su destino.
– Antes de que bajemos -dijo Catherine, bajando la voz y hablando deprisa-, tengo que pedirle algo. Le agradeceria que no le comentara el incidente de anoche a Spencer. No quiero alarmarle.
Andrew no pudo ocultar su sorpresa.
– Pero sin duda vera que esta usted herida.
– La manga del vestido oculta mi vendaje.
– ?Que me dice de su labio?
– Apenas esta inflamado. Estoy segura de que no lo notara.
– ?Y si lo hace?
– Le dire que me lo he mordido, lo cual es cierto.
– Quiza, aunque de todos modos lleva a engano.
– Prefiero llevarle amablemente a engano que preocuparle.
Se abrio la puerta, y un criado formalmente vestido tendio la mano para ayudar a descender a lady Catherine, dando asi la conversacion por terminada. En realidad fue mejor asi, puesto que Andrew sospechaba que cualquier
