La tentacion que suponia pasar horas disfrutando de la deliciosa sensacion de girar alrededor de la pista con el a punto estuvo de abrumarla.
No, volver a bailar con el seria un error mas que evidente. Y no haria sino probar de nuevo el fracaso de su tactica de «evita e ignora». Aun asi, no tenia el menor deseo de bailar con ningun otro de los presentes.
El sonido de risas femeninas capto su atencion y Catherine se volvio. Las tres sobrinas del duque se acercaban en ese instante a ellos con las miradas prendidas en el senor Stanton, cada una de las jovenes a la espera de una invitacion para bailar.
Alarmada, Catherine se dio cuenta de que no solo no tenia el menor interes en bailar con ningun otro caballero que no fuera el senor Stanton, sino que no deseaba que este bailara con nadie que no fuera ella. Las anteriores palabras de Andrew resonaron en su cabeza: «Identificar al contrincante y superar su estrategia». Levanto los ojos para mirarle y dijo con suavidad:
– Me temo que me encuentro un poco… acalorada. ?Le importaria que volvieramos a casa?
Al instante, la preocupacion asomo a los ojos de Andrew. A pesar de que la mirada del senor Stanton aguijoneo la conciencia de Catherine, lo cierto es que se sintio tremendamente acalorada.
– Por supuesto que no -fue la inmediata respuesta de Andrew-. Nos vamos ahora mismo.
Catherine intento por todos los medios pasar por alto el arrebol de placer que la invadio ante la innegable disposicion de Andrew, arrebol que nada bueno presagiaba para su estrategia basada en las premisas de «evita e ignora».
Lo intento, pero fracaso.
Capitulo 11
A menudo el destino sonrie, presentando a la mujer moderna actual la inusual y preciosa oportunidad de obtener el deseo mas secreto de su corazon. De encontrarse en tan afortunada y gloriosa circunstancia, deberia pronunciar las sabias palabras Carpe Diem y no dudar en aprovechar el dia, pues quiza sea su unica oportunidad. Ser una mujer de accion, y no de lamentos, pues son las cosas que no hacemos las que nos causan pesar.
Andrew recorria su habitacion de un extremo al otro, alternando la mirada entre las candentes brasas de la chimenea y el jardin iluminado por la luna al otro lado de la ventana. Paso con andar majestuoso por delante de la cama y lanzo una oscura mirada cenuda al edredon azul marino. A pesar de lo comodo que parecia el lecho, no tenia ganas de acostarse, pues sabia bien que el sueno no llegaria. Su mente, sus pensamientos estaban abrumadoramente colmados. Por ella.
Catherine. Con un gemido, se detuvo delante de las brasas encendidas de la chimenea y se paso las manos por la cara, recordando vividamente la expresion de jubilo de ella mientras bailaban esa noche al ritmo de vals. El exquisito contacto de sus brazos, sus hermosos ojos iluminados de pura felicidad, su delicado aroma floral llenandole la cabeza. Habia tenido que echar mano de hasta el ultimo gramo de su poder de autocontrol para evitar atraerla hacia el y profesarle su amor en presencia de toda aquella coleccion de invitados.
A pesar de que el delicioso recorrido en el carruaje y el posterior vals le habian proporcionado un atisbo de esperanza en relacion a su plan para cortejarla, esa luz se habia extinguido del todo en cuanto habian regresado a villa Bickley y Catherine se habia disculpado inmediatamente, retirandose en el acto.
Una semana. Disponia de una condenada semana para cortejarla. Para lograr que se enamorara de el. Que cambiara de opinion y considerara la posibilidad de volver a casarse. Para convencerla de que se pertenecian. De que, a pesar de su cuna plebeya, seria para ella un buen marido y un buen padre para Spencer. Que la amaba tanto que vivia en una nube de dolor.
Cerro con fuerza los ojos, al verse presa del miedo. Una semana… y es que, a menos que algo drastico ocurriera, presentia con claridad que ella no le invitaria a quedarse mas tiempo, y, en cualquier caso, el tenia que volver a Londres para supervisar la marcha del museo. No, en el plazo de una semana, el regresaria a su vida en la ciudad y ella se quedaria alli.
Una semana. Incluso aunque, por un milagro, fuera capaz de llevar a termino todas esas tareas aparentemente imposibles y lograra convencerla para que accediera a compartir su futuro con el, no podia ignorar lo que ocurriria cuando revelara su pasado. ?Le rechazaria Catherine cuando le confesara los secretos que nunca habia contado a nadie? ?Las circunstancias que le habian obligado a abandonar Norteamerica?
Abrio los ojos y clavo la mirada en el fuego, buscando inutilmente respuestas en las oscilantes llamas anaranjadas. Su conciencia se debatia en la misma duda a la que se enfrentaba cada vez que ponderaba la desalentadora pregunta de si revelar o no su pasado. Odiaba la idea de mentirle o de que existieran secretos entre ambos. Le gustaba pensar que, si surgia la ocasion, se lo diria.
Pero ?lo haria? Dios santo, no lo sabia. Si era tan afortunado como para obtener finalmente su favor, ?se arriesgaria, podia permitirse arriesgarse a perderla diciendole la verdad? La conciencia le apremiaba a decirselo. Catherine merecia la verdad. Pero luego se imponia la racionalizacion que siempre le retorcia las entranas hasta hacer con ellas un nudo imposible: nadie, salvo el, lo sabia. Si no se lo decia, ella jamas se enteraria.
Con un largo suspiro, se meso los cabellos y aparto la cuestion de su cabeza, dejandola sin respuesta una vez mas. Ahora tenia que concentrarse en revisar su estrategia para cortejarla, porque, hasta el momento, su cuidadoso plan no estaba dando el deslumbrante exito que habia esperado. Necesitaba uno nuevo, y, teniendo en cuenta las restricciones temporales y el hecho de que habia otros pretendientes amenazando en el horizonte, tenia que ser un plan no solo drastico, sino brillante. Pero ?cual? «Maldicion. Necesito ayuda. Necesito…»
De pronto una idea asomo a su mente y Andrew se quedo paralizado durante unos segundos. Si… quiza fuera eso lo que podria ayudarle. Con paso decidido, cruzo la alfombra persa azul y dorada hacia el armario y saco la maleta de cuero marron del rincon trasero. Metio dentro la mano y con sumo cuidado abrio el bolsillo oculto en el forro, del que saco el objeto que habia escondido dentro despues de comprarlo en Londres la manana que habian salido en direccion a villa Bickley.
Hizo girar el fino ejemplar forrado en piel en sus manos. Aunque Catherine habia apostado a que el no lo leeria, Andrew le demostraria que estaba equivocada. No solo lo leeria, sino que, con suerte, aprenderia algo del tal Charles Brightmore que quiza inspirara en el un nuevo plan para cortejarla. Como minimo, ganaria su apuesta con lady Catherine, teniendo asi derecho a un pago… una perspectiva colmada de posibilidades.
Acerco el sillon de orejas al fuego y se acomodo en la confortable butaca. No debia de llevarle mas de una hora leer el libro. Luego disenaria su nuevo plan.
Esta vez acudiria a la batalla armado hasta los dientes.
Arrellanada en su dormitorio en el confort de su sillon de orejas favorito junto al fuego, Catherine apoyo la cabeza en la blanda butaca y cerro el fino ejemplar forrado en piel. Pego el libro a su pecho, cerro los ojos, apretandolos con fuerza, y de nuevo maldijo su estupidez al leer las palabras que la llenaban de oscuros anhelos. Crudas necesidades. E insaciable curiosidad.
Algunos retazos de la
«La pausada caricia de la mano de un hombre recorriendo por entero el muslo de una mujer… las increibles sensaciones experimentadas por ambos cuando la mujer es lentamente penetrada por su dureza… hacer el amor a plena luz para ver asi cada matiz de la pasion que embarga a su amante… aprender los secretos mas intimos del otro con las manos, los labios y las lenguas… un hombre desnudo se convertira en un festin de deleites para aquella mujer deseosa de explorar…»
Un suave gemido escapo de sus labios. Un calor que nada tenia que ver con el fuego de la chimenea la inundo. Sintio palpitar el pulso en la base del cuello. Entre los muslos. Sintio los pechos pesados e inflamados, y casi dolorosamente erectos.
