– Querida, acabo de oir una conversacion de lo mas fascinante.
– ?Ah, si? ?Entre quien?
– Entre tu senor Stanton y el doctor Oliver.
El calor se adueno de las mejillas de Catherine.
– No es mi senor Stanton, Genevieve.
– A juzgar por lo que acabo de oir, creo que lo es, quieras o no. Acaba de manifestar sus pretensiones ante el doctor Oliver, y de forma notablemente inteligente, debo anadir, al amparo de un relato titulado «la leyenda del desafortunado pretendiente».
– ?Manifestar sus pretensiones? ?A que te refieres?
Catherine escucho atentamente mientras Genevieve relataba la conversacion que acababa de escuchar.
Cuando termino, Genevieve dejo escapar un suspiro encantado.
– Ese hombre es sencillamente divino, Catherine.
El calor abrasaba a Catherine, quien a su vez intentaba convencerse de que no era mas que el calor fruto de la verguenza. Del ultraje ante la manifiesta temeridad del senor Stanton. Sin embargo, por mucho que se empenara, no podia negar el estremecimiento femenino y casi primitivo que la recorrio.
– Oh, volver a ser deseada de ese modo… -Una sonrisa lenta y maliciosa curvo los labios de Genevieve-. Si no fuera por mis manos, estoy convencida de que competiria contigo por las atenciones del senor Stanton.
Una intensa y rauda inyeccion de celos se abrio paso en Catherine.
– Todo tuyo -dijo con expresion rigida.
Genevieve se rio.
– Querida, ojala tus palabras fueran sinceras y mis manos no estuvieran tullidas ni el caballero tan profundamente enamorado de ti… -Interrumpio sus palabras y se acerco a Catherine para susurrar-. Aqui viene.
Antes de que Catherine pudiera tomar aliento, el senor Stanton aparecio ante sus ojos.
– ?Puedo acompanarlas, senoras?
– Por supuesto, senor Stanton -dijo Genevieve con una deslumbrante sonrisa-. Una fiesta deliciosa, ?no le parece?
– Sin duda. Estoy disfrutando inmensamente.
– Esta usted siendo muy sociable, senor Stanton -dijo Catherine, encantada al comprobar lo fria que sonaba su voz en contraste con el calor que la abrasaba-. Diria que ha hablado usted con todas las personas de la sala.
– Solo intentaba animar un poco la velada.
– Estabamos hablando de la competicion -dijo Genevieve, cuyos ojos se mostraron llenos de un interes inocente.
La certeza por parte de Catherine de que la temperatura que alimentaba el calor de sus mejillas no podia subir ni un grado mas resulto incorrecta, y lanzo una mirada represiva a su amiga, mirada que Genevieve ignoro alegremente.
– ?De la competicion? -repitio el senor Stanton-. ?En relacion a los eventos deportivos?
Genevieve nego con la cabeza.
– En relacion a los asuntos del corazon. ?Seria tan amable de darnos su opinion?
La mirada del senor Stanton se poso entonces en Catherine y la atractiva mirada de sus ojos oscuros la paralizo. Luego, Andrew volvio su atencion para incluir a Genevieve en su respuesta.
– Identificar al contrincante -dijo- y superar su estrategia.
– Excelente consejo -dijo Genevieve, asintiendo de modo aprobatorio-. ?No estas de acuerdo, Catherine?
Catherine tuvo que tragar saliva dos veces para encontrarse la voz.
– Ejem, si.
– La musica esta a punto de dar comienzo -dijo Genevieve-. ?Conoce usted los pasos de nuestros bailes campestres, senor Stanton?
– Pasablemente.
– ?El vals?
El senor Stanton sonrio.
– Extremadamente bien.
– Excelente. Estoy segura de que no le faltaran parejas. -Genevieve se inclino hacia delante y bajo la voz en un gesto conspirador-. Las sobrinas del duque muestran un vivo interes por usted.
– ?Como? -dijeron Catherine y el senor Stanton al unisono.
– Las sobrinas del duque. Se las ve muy encaprichadas.
La mirada de Catherine se clavo en el trio de jovenes damas. Tres miradas fascinadas estaban prendidas del senor Stanton como si fuera una nueva especie de animal exotico. Sintio un calambre desagradable e indeseado que Catherine estaba empezando a reconocer demasiado bien.
El cuarteto de cuerda toco una serie de arpegios y se lanzo a tocar su primera pieza, un vals.
El senor Stanton se volvio hacia Catherine y le ofrecio una formal inclinacion de cabeza.
– Ya que nos fue imposible compartir un baile en la fiesta de cumpleanos de su padre, ?puedo ahora solicitar tal honor?
El sentido comun le indico que bailar con el, dejarse estrechar entre sus brazos, no encajaba en su tactica de «evitar e ignorar». Pero todo lo que habia en ella de femenino anhelaba aceptar su oferta. Hacia mucho tiempo que no bailaba. Y deseaba tanto bailar con el…
– Sera un placer -dijo.
Posando suavemente los dedos en el antebrazo que le ofrecia el senor Stanton, ambos se dirigieron a la pista de baile. Andrew la hizo girar hasta que ella quedo de cara a el y Catherine tuvo que contener el aliento al ver la expresion de sus ojos. Antes de poder descifrar esa mirada, su mano quedo envuelta en la de el al tiempo que la palma de Andrew se poso con firmeza en la base de su columna y la de ella sobre su ancho hombro. Luego… pura magia.
El salon empezo a girar en un remolino irisado mientras el la guiaba con mano experta alrededor del brillante suelo de la pista. Alli donde la mano de Andrew tocaba su espalda, el calor se expandia por todo su ser, envolviendola en un ardiente halo, como si estuviera bajo un rayo de sol. Catherine notaba la flexible fuerza de su hombro bajo las yemas de los dedos y placenteros hormigueos ascendian por su brazo desde el imperceptible espacio que encerraban las manos entrelazadas de ambos. El olor del senor Stanton, esa deliciosa mezcla de lino, sandalo y algo mas que le pertenecia solo a el, le llenaba la cabeza, casi mareandola.
Tenia la sensacion de flotar sobre la pista, volando entre sus fuertes brazos al tiempo que todo, todos, se desvanecian en un plano secundario salvo aquel hombre cuya mirada en ningun momento se aparto de la suya, cuya expresion embelesada la hacia sentir de algun modo hermosa y mas mujer. Femenina y excitante. Joven y despreocupada. Estimulada, con el corazon latiendole de puro regocijo, infundiendole una sensacion de libertad como no habia conocido hasta entonces, obligandola a hacer uso de toda su educacion para no echar atras la cabeza del modo menos apropiado para una dama y simplemente reirse presa de la mas pura y absoluta felicidad.
Cuando el senor Stanton finalmente la detuvo, Catherine ni siquiera habia reparado en que la pieza habia concluido. Durante el espacio de varios segundos, ninguno de los dos se movio y siguieron de pie en la pista cual presas de una danza inmovil. Errantes jadeos hicieron su aparicion entre los labios separados de Catherine, aunque no habria sabido decir si su laboriosa respiracion se debia al esfuerzo del baile o a que el hombre seguia tocandola. Al mirarle, le parecio que esos ojos oscuros ocultaban cientos de secretos, miles de pensamientos, y de pronto se vio desesperada por conocer cada uno de ellos.
El aplauso dedicado a los musicos la saco de su estupor. Andrew la solto despacio y al instante ella lloro la perdida de su calor y de su fuerza. Tras serenarse, no sin evidente esfuerzo, aplaudio cortesmente y sonrio al senor Stanton.
– Baila usted muy bien, senor Stanton.
– He encontrado la inspiracion en mi encantadora pareja.
– Me temo que estoy tremendamente desentrenada.
– Nada asi lo indica. Pero, se lo ruego, considereme a su disposicion si desea poner en practica sus habilidades.
