Carmichael y lord Nordnick le miraban con expresion expectante.

– ?De acuerdo?

– En que hoy en dia las mujeres expresan sus opiniones de manera demasiado directa -dijo el duque.

– He reparado en ello, si -dijo secamente-. Aunque prefiero que una dama diga lo que piensa.

– Sin embargo, a menudo lo que piensan no son mas que bobadas -protesto lord Borthrasher.

– Supongo que eso depende de la dama en cuestion -dijo Andrew.

– Bueno, si quieren saber mi opinion, son demasiado testarudas -dijo el duque-. Mis sobrinas, sin ir mas lejos. -Senalo con la cabeza al trio de jovencitas con vestidos de colores pastel que gorjeaban cerca de las puertas abiertas que llevaban a la terraza-. No hay un solo pensamiento inteligente entre ese grupo de bobaliconas. Hace un rato, la menor me ha informado de que no tenia la mas minima intencion de casarse para conseguir fortuna… de que solo se casara por amor. Menuda ridiculez. Es responsabilidad de un padre concertar matrimonios en base a las ventajosas uniones de fortunas y propiedades.

– Me resulta extremadamente pasado de moda estar enamorado de tu mujer -apunto lord Borthrasher. Se volvio hacia lord Nordnick-. Espero que tenga usted la intencion de elegir sabiamente, Nordnick.

Una sombra de profundo carmesi tino de rubor el cuello del joven.

– Sin duda es posible concertar una boda ventajosa con una mujer a la que tambien se ame.

– Bobadas -dijo el duque, agitando la mano-. Escoja esposa en base a su familia y fortuna y considerese afortunado si es alguien con quien pueda vivir sin excesivas preocupaciones. Reserve su amor para su amante.

Lord Nordnick miro a Andrew.

– Usted es norteamericano, senor Stanton. Como tal, ?tiene usted una opinion distinta?

– Si. Mas que casarme con una mujer con la que poder vivir, preferiria casarme con la mujer sin cuya presencia me resultara imposible vivir.

Lord Borthrasher carraspeo.

– ?Y usted, Carmichael? ?Cual es su opinion?

– Es deber y derecho de todo padre casar a su hija como lo considere oportuno -dijo el senor Carmichael.

Andrew se tenso. Antes de poder contenerse, pregunto con suavidad:

– ?Y si la hija no esta de acuerdo con el novio elegido por su padre?

El senor Carmichael se volvio hacia el con una mirada estimativa. Levanto la mano para acariciarse la barbilla y el diamante de su anillo destello.

– Seria una muestra de escasa sabiduria por su parte. Interferir en esa clase de disposiciones no es mas que pedir un desastre a gritos.

– Bien, espero que mi cunado pueda llegar a casar a esas tres tontuelas hijas suyas -dijo el duque-. Y, cuanto antes, mejor.

Un movimiento en el otro extremo de la sala capto la atencion de Andrew, que se volvio a mirar. El doctor Oliver se dirigia hacia lady Catherine.

– Les ruego me disculpen, caballeros. -Con una leve inclinacion de cabeza, Andrew abandono su circulo. Sin embargo, antes de cruzar la habitacion, se inclino por detras de lord Nordnick y dijo con voz queda-. Se de buena fuente que lady Ofelia siente predileccion por los tulipanes.

Satisfecho por haber hecho lo que estaba en su mano para dar alas a las tentativas de cortejo de Nordnick, habia llegado el momento de preocuparse por las propias. Mientras cruzaba el salon, su mirada envolvio al doctor Oliver, haciendole presa de su critica evaluacion. Esperaba que el doctor fuera un hombre viejo, decrepito y fragil. Calvo. Con una de esas espantosas panzas. Y con los dientes marrones. O, mejor aun, sin dientes. Con cara de podenco. Un podenco feo, calvo, gordo y desdentado.

Desgraciadamente, el doctor era un hombre alto, robusto y sin duda no mucho mayor de treinta anos, si los llegaba a tener. Andrew vio, taciturno, que el rostro del doctor Oliver, aquel rostro condenadamente hermoso, se encendia como una maldita vela al acercarse a lady Catherine. Su sonrisa revelo una fila de dientes perfectos e inmaculadamente blancos. Andrew fue presa de un irreprimible deseo de desnivelar esos dientes.

– ?Podria hablar con usted solo un instante, Oliver? -pregunto, deteniendo estrategicamente al hombre antes de que llegara a la chimenea.

El doctor Oliver se detuvo y saludo a Andrew con una inclinacion de cabeza.

– Por supuesto. No he tenido oportunidad de hablar mucho con usted cuando nos han presentado. Es un gran placer conocer al explorador que esta creando el museo con el hermano de lady Catherine. Los relatos de sus hazanas con lord Greybourne han sido fuente de largas horas de entretenida conversacion entre lady Catherine y yo.

– ?Es eso cierto? -dijo Andrew con suavidad-. ?Le ha contado lady Catherine la leyenda del desafortunado pretendiente?

El doctor Oliver fruncio el ceno y nego con la cabeza.

– No lo creo.

– Una historia realmente triste. Un joven mal aconsejado, quien, casualmente, era tambien medico, quedo prendado del objeto del afecto de otro hombre. Siendo la dama extremadamente hermosa, el hombre, que era ademas muy razonable, comprendio la fascinacion que el medico sentia por ella y decidio que le daria justo aviso. Miro al medico directamente a los ojos y le dijo: «La dama le considera tan solo un amigo, y seria un gran acierto por su parte recordarlo. Si le hace una sola insinuacion mas a mi mujer, me vere obligado a hacerle dano». - Andrew sacudio la cabeza con gesto triste-. Menuda pandilla de barbaros, los antiguos egipcios.

Lentamente, la comprension fue iluminando la mirada del medico y su mandibula se tenso.

– Ni que lo diga. ?Y que hizo el medico?

– Segun cuenta la leyenda, se batio en retirada. Una decision de lo mas inteligente.

Se miraron durante varios segundos y luego el doctor Oliver dijo:

– Estoy convencido de que si el medico se batio en retirada fue porque se dio cuenta de que la dama realmente lo veia solo como a un amigo. No porque fuera un cobarde. -Se inclino hacia delante y bajo la voz-. Porque si la dama le hubiera dado la menor indicacion de que lo veia como algo mas que un amigo, bien, en ese caso creo que el otro caballero se veria sin duda con una pelea entre manos.

Andrew mantuvo la expresion impasible, aunque mentalmente no pudo sino aplaudir al medico. De no haber sido por lady Catherine, de hecho quiza incluso habria sentido simpatia hacia ese hombre.

– Creo que nos entendemos.

– Si, creo que asi es. Y, si me disculpa, senor Stanton… -Con una seca inclinacion de cabeza, Oliver le dejo para dirigirse hacia la ponchera.

Excelente. Otro pretendiente fuera de juego. Andrew miro a su alrededor y, en cuanto su mirada se poso en lord Kingsly, sus ojos se entrecerraron. Era evidente que Kingsly, al igual que varios otros caballeros, harian bien en oir el relato del desafortunado pretendiente.

Catherine estaba sola junto a la chimenea, sorbiendo su jerez y esperando el regreso de Genevieve. De hecho, cuando Genevieve se habia excusado un instante, ella se habia sentido aliviada. Por primera vez en el curso de su larga amistad, le habia resultado dificil seguir el hilo de la conversacion de su amiga. Se habia visto obligada a decir «?Perdon?» en tres ocasiones, y todo por culpa de el. La noche no transcurria como habia imaginado. Oh, la parte de su plan basada en el arte de evitar funcionaba esplendidamente. Poco despues de su llegada a la velada, habia dejado al senor Stanton en compania del duque y de varios caballeros mas para ir a reunirse con Genevieve. Era la parte que se centraba en el arte de ignorar la que estaba fracasando miserablemente. Llevaba perfecta cuenta de las veces que el senor Stanton se movia por la sala. Las veces que hablaba con alguien nuevo. Las veces que se habia acercado a la ponchera. Presa de la desesperacion, habia por fin decidido situarse dando la espalda a la estancia. Sin embargo, se vio entonces aguzando el oido en un intento por captar el sonido de su voz y lanzando apresuradas miradas por encima del hombro para estar al corriente de la ubicacion del senor Stanton.

Nunca antes habia estado tan intolerablemente pendiente de nadie. Jamas le habia resultado tan absolutamente imposible ignorar a alguien. Era una sensacion inquietante y confusa, y no le cabia duda de que no le gustaba ni un apice.

Genevieve se reunio con ella y dijo, bajando la voz:

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