– Aunque muy atractivo.
– Testarudo y obstinado.
– Algo que ambos teneis en comun -dijo Genevieve con una sonrisa burlona.
– Discutidor.
– Aunque bondadoso con tu hijo.
Esas palabras dejaron helada a Catherine.
– Si -concedio suavemente, desconcertada.
– Y no creo haber visto a un hombre con una boca mas atractiva.
Una afirmacion que la desconcerto aun mas. La imagen de la atractiva boca del senor Stanton parpadeo en su mente. Esa atractiva boca que con gran suavidad habia rozado su piel… ?o no era asi? Habia sido tan rapido, tan dulce… La sensacion de percibir el contacto de su cuerpo contra su espalda le detuvo el corazon en seco. Dejandola sin aliento. Lanzandole por todo su ser rayos de ardiente deseo que le debilitaron las rodillas.
Y todo habia ocurrido en el plazo de dos simples segundos.
Dios santo, ?que habria ocurrido si en vez de dos, los segundos hubieran sido tres? ?O media docena?
– ?Catherine? ?Estas bien? Te has ruborizado.
Sin duda, pues se sentia como si alguien hubiera prendido fuego a la falda de su vestido. Parpadeo para alejar de si sus errantes pensamientos y dijo:
– Estoy bien. Es simplemente que estoy acalorada, aqui, de pie al sol.
– Entonces entremos y tomemos una taza de te. Baxter acaba de sacar del horno una bandeja de pastas.
Aunque un te caliente distaba mucho de lo que Catherine anhelaba, consciente de que era mucho mas seguro que lo que temia estar anhelando, decidio que al fin y al cabo era una sabia eleccion.
Sin embargo, mientras disfrutaba de una tregua del senor Stanton en compania de Genevieve, sabia que no tardaria en enfrentarse a otra hogarena velada en casa esa misma noche. Una velada compartiendo la cena, historias y juegos. «Evita e ignora». Si, no podia olvidar en ningun momento sus contrasenas. Simplemente tenia que evitar e ignorar esos enfermizos anhelos que provocaba en ella la presencia del senor Stanton.
Pero ?como?
– Dime -dijo Genevieve al entrar en la casa-, ?asistireis el senor Stanton y tu esta noche a la velada en casa del duque de Kelby? Segun se chismorrea en el pueblo, ha llegado un grupo de invitados de Londres, asi que promete ser una interesante diversion.
Catherine se acordo entonces de la invitacion que habia encontrado entre la correspondencia de la manana. No tenia intencion de asistir, pues no deseaba dar al duque la menor esperanza.
– No creo que… -Su voz se apago en cuanto se dio cuenta de que la velada le proporcionaba la oportunidad perfecta para evitar otra hogarena noche en casa.
Sonrio.
– Creo que no me la perderia por nada del mundo.
Una mano enguantada se cerro sobre el pesado cortinaje de terciopelo de color verde bosque y aparto la tela a un lado. Al otro lado de la ventana, el pueblo de Little Longstone bullia de actividad, pero el unico sonido que llenaba la habitacion era el tictac del reloj que estaba sobre la repisa de la chimenea y un suspiro de frustracion lentamente expirado.
Ahi estaban esos idiotas, caminando, hablando, riendo, comprando, como si no tuvieran ninguna preocupacion. Como si ninguna vida se hubiera visto destrozada.
Pero ninguna mas lo seria. «Yo me encargare de eso.»
La cortina cayo de nuevo, volviendo a su sitio.
«Lograste sobrevivir la ultima vez. La proxima no lo conseguiras.»
Capitulo 10
La mujer moderna actual puede perfectamente verse convertida en blanco del afecto de uno o mas caballeros. Esa es una envidiable posicion, puesto que siempre es ventajoso tener eleccion. Sin embargo, si se da el caso de que uno de los caballeros deba ser el elegido entre los demas, la mejor forma de desanimar a los pretendientes sobrantes es dejar claro que sus afectos se reclaman en otro lugar.
Esa noche, Andrew iba sentado delante de lady Catherine en el carruaje de esta. Se dirigian a la velada ofrecida por el duque de Kelby. Aunque Andrew habria preferido disfrutar de otra noche hogarena y colmada de risas como la anterior en vez de asistir a una reunion en la que solo Dios sabia cuantos hombres se disputarian la atencion de lady Catherine, pensaba aprovechar todas las oportunidades para cortejarla que la noche pudiera ofrecerle. Y si una de esas oportunidades era la de desanimar a la competencia, mejor que mejor. Con su inminente partida de Little Longstone pendiendo sobre su cabeza como una oscura nube de condena, habia decidido aprovechar el tiempo.
Justo en ese momento, lady Catherine le sonrio y el corazon a punto estuvo de salirsele del pecho. Con un vestido de muselina de color turquesa claro y lazos a juego enlazados entre sus relucientes rizos castanos, Catherine quitaba el aliento. Por Dios, no veia el dia de poder estrecharla libremente entre sus brazos y besarla, dejando asi de tener que observarla desde la distancia.
Le devolvio la sonrisa y dijo:
– El color de su vestido me recuerda a las hermosas y centelleantes aguas del Mediterraneo. Esta usted -su mirada la recorrio, posandose en sus labios durante varios segundos antes de volver a sus ojos-, imponente.
Catherine sintio que el calor le arrebolaba las mejillas.
– Gracias. -Repaso con la mirada la chaqueta azul marino, la corbata pulcramente anudada y los pantalones de color crema de Andrew, y tuvo que apretar los labios para reprimir un suspiro de apreciacion femenina. ?Podia un hombre estar imponente? Una mirada a su companero le aseguro con claridad que asi era-. Podria decirse lo mismo de usted.
– ?Podria decirse? -la provoco-. ?O lo dice?
Su sonrisa a punto estuvo de cortarle el aliento.
– ?Esta usted intentando sonsacarme un cumplido, senor Stanton?
– Dios me libre. Simplemente intento comprobar si me ha dedicado usted uno de modo inconsciente.
Catherine arrugo los labios y fingio ponderar la cuestion en profundidad.
– Dios mio. Creo que asi ha sido.
– En ese caso, le doy las gracias, senora. Reconozco que nadie me habia llamado «imponente» hasta ahora. Digame, ?le ha contado Spencer nuestras aventuras en el pueblo?
– Si, aunque al parecer no me lo ha contado todo, pues no deseaba estropear su sorpresa. Por lo que me ha dicho, parece ser que se lo han pasado en grande.
– Cierto.
– Me ha dicho que varias personas lo han mirado con cara de extraneza, pero que «el senor Stanton lo puso todo en su lugar». Me ha dicho que se ha presentado, a usted y a Spencer, a todas las personas que han encontrado a su paso y a todos los duenos de las tiendas que han visitado.
El senor Stanton asintio.
– Cuando la gente se enteraba de que era su hijo, se mostraban muy amables. Todas las personas con las que hemos hablado le han mandado saludos. Algunos nos miraban, pero he tranquilizado a Spencer diciendole que lo mas probable es que le miraran por simple curiosidad y no por desconsideracion.
– Segun me ha contado, usted le ha dicho que si alguien se mostraba desconsiderado con el, le sacaria el… ejem… pis a punetazos.
– Esas han sido mis palabras exactas, si -concedio el senor Stanton sin el menor titubeo.
