Catherine no logro reprimir la sonrisa que asomaba ya a sus labios.
– Bien, aunque reconozco que quiza el metodo se me antoje algo incivilizado, le agradezco la idea. Confio en que la buena gente de Little Longstone no haya considerado oportuno poner a prueba su talento pugilistico.
– Han sido todos la personificacion de la amabilidad. De hecho, hasta hemos visto a alguien a quien conozco. A una de las inversoras del museo.
– ?Ah, si? ?A quien?
– A la senora Warrenfield. Sufre de diversas enfermedades y esta de visita en Little Longstone para tomar las aguas. Menciono la fiesta que el duque da esta noche, de modo que supongo que asistira. -Vacilo y luego anadio-: Le sorprendio que Spencer deseara aventurarse hasta el pueblo.
– Lo cierto es que me quede perpleja. A Spencer le encanta deambular por los terrenos de la propiedad, caminar hasta los manantiales y pasear por los jardines. La propiedad es privada y estoy muy agradecida de que tenga este lugar en el que poder moverse solo, fortaleciendose con ello y permitiendome asi no tener que preocuparme, que, me temo, suelo hacer con frecuencia. Pero siempre se ha mostrado remiso a aventurarse a salir de la propiedad. Hace unos anos simplemente deje de preguntarle si queria acompanarme.
– Entiendo que sufriera y que se preocupara por el, y le agradezco que confiara lo bastante en mi como para dejar que me acompanara. Spencer tambien se lo agradece.
– Nunca he dudado de que estuviera en buenas manos. Aunque debo admitir que me preocupaba que alguien hiriera los sentimientos de mi hijo, confiaba en que no dudaria usted en…
– ?Sacarles el pis a punetazos? No sabe el placer que eso me habria producido.
Catherine bajo los ojos y tironeo de las hebras de saten de su reticula.
– Cuando Spencer termino de contarme su tarde en el pueblo, le hable del disparo. -Levanto entonces los ojos y se enfrento sin ambages a la mirada del senor Stanton-. Le permito que me diga «ya se lo adverti».
– Se enfado.
– Por decirlo finamente. Insistio en que le contara todos los detalles, interrogandome como lo haria un investigador de Bow Street al sospechoso de un crimen. Me costo un gran esfuerzo convencerle de que estaba bien.
– ?Y lo esta?
– Si, estoy perfectamente.
– ?Y logro convencer a Spencer con su argumentacion?
– No exactamente. Exigio ver mi herida. Despues de comprobar con sus propios ojos que apenas se trataba de un rasguno, nuestra conversacion dio un giro a mejor.
– Le ha dolido que no haya confiado en el.
– Estaba dolido, enojado, preocupado. Espero no volver a ver nunca la expresion que he visto en su rostro.
– Spencer se preocupa por usted tanto como usted por el. No siempre podemos evitar que nuestros seres queridos se preocupen. A veces, tenemos que limitarnos simplemente a dejar que lo hagan.
– Spencer me dijo algo muy parecido… justo despues de recordarme que ya no era un nino. Luego me hizo prometerle que nunca le ocultare nada importante. -Un extremo de su boca se curvo hacia arriba-. Naturalmente, yo he conseguido de el la misma promesa.
– Entonces, al final todo se ha arreglado.
Asintio.
– Creo que, en el fondo, tenia plena intencion de contarselo, pero me ofendio que usted me dijera que debia hacerlo. Hace anos que no tengo a un hombre a mis pies diciendome lo que debo o no debo hacer.
– Sin duda, se refiere usted a la acepcion mas galante de la expresion «a mis pies» -dijo Andrew con un destello de sus hoyuelos-. Y no era mi intencion decirle lo que debe hacer. Simplemente era una sugerencia.
– Soy consciente de ello… ahora. Sin embargo, reaccione mal en su momento, y lo siento. -Esbozo una sonrisa timida-. Me temo que a la mujer moderna actual no le gusta que le den ordenes.
Andrew se echo hacia atras en una muestra de exagerada sorpresa.
– ?Es cierto eso? Nunca lo hubiera dicho.
Catherine se rio.
– En cuanto a Spencer, se ha mostrado muy varonil en su empeno por cuidar de mi.
– Ya, bueno, me temo que eso es lo que les gusta hacer a los hombres con las mujeres a las que quieren… cuidar de ellas.
Las palabras, pronunciadas desde la suavidad de su voz, provocaron un revoloteo de mariposas en el estomago de Catherine.
– Sin embargo, la mujer moderna actual puede cuidar de si misma.
– Aun asi, resulta muy agradable tener a alguien con quien compartir las cosas buenas y malas que ofrece la vida.
Catherine medito esas palabras durante unos segundos y luego asintio.
– Si, supongo que es cierto.
Andrew se inclino hacia delante, apoyo los antebrazos en las rodillas y la observo solemnemente. Catherine contuvo el aliento al tomar conciencia de la repentina proximidad del senor Stanton que le llenaba la cabeza con su aroma limpio y masculino. El corazon le latio con fuerza en el pecho al ver la expresion de seriedad que revelaron sus ojos oscuros.
El silencio se instalo en el interior del carruaje durante varios segundos hasta que Andrew dijo:
– ?Se da usted cuenta de que llevamos en este coche casi un cuarto de hora y todavia no hemos discutido? De hecho, a menos que me equivoque, acabamos de ponernos de acuerdo en algo.
Catherine parpadeo.
– Por Dios, tiene usted razon.
– ?De nuevo estamos de acuerdo!
– Y eso a pesar de que han sido pronunciadas las palabras «mujer moderna actual».
– Tres veces -dijo el senor Stanton.
– Dos.
– Ah. Ya sabia que era demasiado bueno para que durara.
Catherine no pudo reprimir una sonrisa, absorbiendo el calor que la bano cuando el le sonrio a su vez. El carruaje se detuvo con una sacudida y Catherine se obligo a apartar los ojos de Andrew para mirar por la ventanilla. Acababan de llegar a Kelby Manor.
Una casa llena de gente en la que no tendria que pasar una confortable noche a solas con el senor Stanton, que era precisamente lo que necesitaba.
Y es que, tal y como habia experimentado durante el agradable paseo en carruaje, cada vez resultaba mas dificil evitar e ignorar al senor Stanton.
Haciendo girar un brandy en una de las copas de delicado cristal del duque, Andrew se quedo entre un grupo de caballeros que hablaban de cierto tipo de tecnicas de explotacion granjera. O quiza hablaran de ovejas. ?O seria de finanzas? Tenia la atencion tan firmemente concentrada en el otro extremo de la estancia que no podia saberlo con seguridad.
Lady Catherine estaba cerca de la chimenea, hablando con su amiga, la senora Ralston, y, aunque habria estado feliz deleitandose con el hermoso perfil de lady Catherine durante toda la noche, estaba de hecho mas concentrado en los hombres que dirigian sus miradas en esa direccion.
A juzgar por el numero de caballeros presentes que Andrew habia conocido en la fiesta de cumpleanos de lord Ravensly en Londres, obviamente el duque habia cumplido con su promesa de invitar a sus amigos a tomar las aguas. Situados cerca de la ponchera, lord Avenbury y lord Ferrymouth tenian la mirada clavada en lady Catherine como quien mira un dulce desde el escaparate de una confiteria. Estaba tambien lord Kingsly, aquel reprobo casado, quien la miraba de un modo tal que Andrew no pudo evitar apretar la mano alrededor de la copa. Y, cerca de los grandes ventanales, estaba el doctor Oliver, quien le habia sido presentado a Andrew poco despues de su llegada a la fiesta, mirando a lady Catherine con lo que supuso eran sus «ojos sonadores». No costaria mucho convencer a Andrew para que pusiera morados esos dos malditos ojos sonadores…
– …?Esta usted de acuerdo, senor Stanton?
Andrew volvio abruptamente la atencion a la conversacion. El duque, lord Borthrasher, el senor Sydney
