– Gracias. Lo cierto es que el merito es solo de Catherine. Fue ella quien resucito toda esta zona del desastre de hierbajos y maleza que era cuando compre la casa. No ha querido dejarme contratar a un jardinero.
– ?A un desconocido? -intervino Catherine con la voz colmada de un horror fingido-. ?Cuidando de mis pequenas? ?Jamas!
– ?Lo ve usted? -dijo Genevieve al senor Stanton con una arqueada sonrisa-. Una mujer increiblemente testaruda.
– ?Es cierto eso? -dijo el senor Stanton con la viva imagen de la mas exagerada de las conmociones en el rostro-. No habia reparado en ello.
De labios de Genevieve gorjeo una risa encantada.
– ?Tomara el te con nosotras?
– Gracias, pero Spencer y yo vamos de camino al pueblo.
– ?En otra ocasion entonces?
– No quisiera interferir en su velada con lady Catherine.
– Bobadas. Tiene usted que contarme la historia de esos rufianes y sus cuchillos.
Andrew se rio.
– En ese caso, sera para mi un honor unirme a ustedes otro dia. -Tras una breve inclinacion de cabeza de agradecimiento, se dirigio a la parte del coche que ocupaba Catherine y levanto la mano-. ?Quiere que la ayude, lady Catherine?
Catherine clavo la mirada en su mano y trago saliva. No queria tocarle. La brutal sinceridad de su voz interior la califico inmediatamente de mentirosa, y tuvo que apretar los dientes. Maldicion. Muy bien, deseaba tocarle, pero temia sobremanera hacerlo. Temia su propia reaccion, sobre todo si era algo semejante a lo que habia experimentado cuando el senor Stanton habia tropezado contra ella en el pasillo…
«Oh, dejate de ridiculeces», se reprendio. No era mas que su mano, una mano que la ayudaria para evitar que cayera ignominiosamente al suelo desde el asiento. Ademas, tampoco era exactamente que tuviera que tocarle, pues ambos llevaban guantes. Esbozando lo que, segun esperaba, pudiera pasar por una sonrisa despreocupada y tranquila, puso su mano en la de el.
Los dedos de Andrew envolvieron los suyos con fuerza y firmeza, y el calor traspaso el tejido de sus guantes, subiendole por el brazo. Un calor adicional le arrobo las mejillas y Catherine rezo para que nadie se diera cuenta de ello. En cuanto sus pies tocaron el suelo, retiro la mano como si Andrew la hubiera quemado.
– Gracias. -Se protegio los ojos contra la luz del sol que se colaba entre los arboles y sonrio a Spencer-. Disfruta de la excursion.
– Asi lo hare, mama.
El senor Stanton se volvio, como si estuviera a punto de volver a subir al coche. Sin embargo, en vez de hacerlo, se inclino hacia ella.
– No se preocupe -dijo en voz baja para que solo ella pudiera oirle-. Cuidare bien de el.
Subio de un salto al asiento del coche y, dedicando una sonrisa y una leve inclinacion de cabeza a Genevieve y a ella, indico a Spencer que podian marcharse. Segundos despues, el coche se alejaba hacia el pueblo.
Catherine siguio mirando el vehiculo hasta que desaparecio tras la esquina al fondo de la calle. Luego se volvio hacia Genevieve y dijo:
– Tengo novedades. -Saco la carta de su padre de su reticula y se la paso a Genevieve.
Tras leer la carta, Genevieve se la devolvio con una sonrisa de alivio.
– Entonces no hay de que preocuparse.
– Asi es. Bueno, salvo del investigador contratado por lord Markingworth y sus amigos, aunque no veo modo de que pueda descubrir nuestra identidad.
– Excelente. -Genevieve miro de nuevo a la calle por donde habia desaparecido el coche de dos caballos-. Asi que ese es el senor Stanton -dijo con la voz colmada de… algo-. Es muy distinto a como lo habia imaginado despues de oir tu descripcion.
– ?Ah, si? ?Y como lo habias imaginado?
Genevieve se rio.
– Desde luego no como ese hombre alarmantemente atractivo con esa sonrisa devastadora y esos ojos conmovedores. Querida, tu descripcion no le hace en absoluto justicia. Podria describir a ese glorioso hombre en dos palabras: absolutamente divino.
Un sentimiento semejante al de los celos hizo presa en Catherine.
– Nunca dije que fuera feo.
– No, pero tampoco dejaste entrever en ningun momento que fuera tan… -dejo escapar un suspiro sonador- tan absolutamente divino. Masculino y fuerte. ?Es que no te has fijado en esos maravillosos hoyuelos cuando sonreia?
«Dios, si.» Le habia costado Dios y ayuda apartar los ojos de ellos.
– Lo cierto es que no habia reparado en ellos, aunque ahora que lo mencionas, si, supongo que tiene hoyuelos.
– Parece haber intimado mucho con Spencer.
– Si. Estan preparando juntos cierta sorpresa que quieren darme.
– ?Es eso cierto? ?Que clase de sorpresa?
– Si lo supiera, ya no seria una sorpresa -dijo Catherine con una sonrisa, haciendose eco de las palabras que el senor Stanton le habia dirigido poco antes-. Cuando el senor Stanton ha pedido a Spencer que le acompanara al pueblo, estaba segura de que nos enfrentariamos a un instante incomodo. Y cual ha sido mi sorpresa cuando Spencer ha aceptado. Hace anos que deje de pedirle que me acompanara porque sabia que se negaria a salir de los jardines de la casa. -Una sonrisa timida asomo a sus labios-. De no haber estado tan satisfecha con el cambio de animo de Spencer, estaria molesta con el senor Stanton por haber conseguido en apenas veinticuatro horas lo que yo no he podido conseguir en todo este tiempo.
– Obviamente, el motivo que se esconde tras la inusual decision de tu hijo hay que buscarlo en el senor Stanton. La presencia de tu invitado esta sin duda teniendo un efecto positivo sobre Spencer.
– Si. -Desgraciadamente, no solo estaba provocando un claro efecto sobre Spencer.
La mirada de Genevieve busco la suya, y todo rastro de diversion desaparecio al instante.
– Siente algo por ti.
Catherine sintio que el fondo del estomago se le caia a los pies. Adopto un tono desenfadado para decir:
– Por supuesto que siente algo por mi. Es mi hijo.
Genevieve la observo con una mirada tan penetrante que Catherine a punto estuvo de estremecerse.
– No me referia a tu hijo.
Catherine ordeno los rasgos de su rostro hasta esbozar con ellos una expresion que rezo para que pasara por sorpresa.
– Ah. Bueno, cualquier sentimiento que el senor Stanton pueda tener por mi no va mas alla de una mera demostracion de cortesia hacia la hermana de su mejor amigo.
– Te equivocas, Catherine. No entiendo como no te das cuenta. ?Es que no ves como te mira? Creeme si te digo que no se trata solo de una muestra de cortesia.
Las mejillas de Catherine se ruborizaron.
– Me temo que necesitas anteojos, querida.
– Te aseguro que no. ?No te ha dicho lo que siente por ti?
– Ahora que lo mencionas, si. Me cree testaruda y fastidiosa. «Y hermosa.»
Genevieve se rio.
– Oh, si, esta total y perdidamente prendado. Querida, puede que te considere testaruda, lo que es cierto, y fastidiosa, algo que puede decirse de cualquiera en ocasiones. Aun asi, te desea.
– Bah -se mofo Catherine, poniendo todo su empeno en hacer caso omiso del repentino palpito que asalto su corazon. Cielos, ?estaria en lo cierto Genevieve? Y, de ser asi, ?por que la posibilidad de que el senor Stanton la deseara le aceleraba el corazon en vez de horrorizarla?
– Puedes soltar cuantos «bah» desees, pero, como bien sabes, tengo gran experiencia en estas lides, Catherine. Ese hombre siente una gran atraccion hacia ti. Y el hecho de que te niegues a ver lo que tienes ante los ojos no hace mas que sugerirme que tambien a ti te importa el.
– ?Te aseguro que no! Como ya te he dicho, es un hombre absolutamente irritante.
