– Una semana -concedio.

La sonrisa de Spencer podria haber iluminado una habitacion oscura.

– Bien, y ahora que por fin esta decidido -dijo lady Catherine-, debo ir a visitar a la senora Ralston.

– ?Queda la casa de su amiga de camino al pueblo? -pregunto Andrew.

– Si, ya que lo menciona. ?Por que?

– ?Le importa que vaya con usted? Necesito comprar algunas cosas y me gustaria visitar las tiendas locales.

– ?Que desea comprar?

Andrew chasqueo la lengua y la senalo, agitando el dedo.

– No puedo decirselo. Es parte de la sorpresa.

– Quiza tengamos aqui ese material.

– Ya me he asegurado de comprobarlo por mi mismo y tengo la seguridad de que no. -Se volvio hacia Spencer-. ?Te gustaria acompanarme, Spencer? -pregunto despreocupadamente.

Andrew percibio al instante la tension que hizo insoportable el silencio del salon. Sabia que Spencer raras veces abandonaba la seguridad de la casa, y aunque quiza fuera demasiado pronto para animarle a ir al pueblo, habian hecho tan magnificos progresos esa manana durante la primera leccion de equitacion que Andrew intentaba por todos los medios mantener vivo el impetu del muchacho.

Transcurrieron varios segundos mas de silencio y Andrew se dio cuenta de que Spencer se debatia en un claro conflicto.

Lady Catherine se aclaro la garganta.

– Es muy considerado de su parte, senor Stanton. Sin embargo, a Spencer no le gusta aventurarse a…

– Me gustaria, si -la interrumpio el joven.

– ?En serio? -La perplejidad de su madre no dejo lugar a dudas.

Spencer asintio vigorosamente y Andrew se pregunto si el chiquillo estaria intentando convencer a su madre o a si mismo de su decision.

– Quiero ayudar con la sorpresa. -Levanto la barbilla-. Todo ira bien, mama. El senor Stanton cuidara de mi. Quiero ir. De verdad.

Catherine vacilo durante unos segundos y Andrew percibio con claridad la sorprendida satisfaccion que las palabras de Spencer habian causado en ella. Juraria haberla visto parpadear para contener las lagrimas. Por fin, sonrio a su hijo.

– Estare encantada de disfrutar de vuestra compania. Mandare preparar el carruaje. Podeis dejarme en casa de la senora Ralston y seguir despues hasta el pueblo. No hace falta que volvais a buscarme. Regresare a casa dando un revitalizador paseo.

– ?Y no podriamos utilizar el coche de dos caballos? -pregunto Spencer-. Asi el senor Stanton podria ensenarme a llevarlo. -Se volvio hacia Andrew con expresion esperanzada-. Sabe manejarlo, ?verdad?

Andrew asintio.

– Si, pero en un coche de dos caballos solo caben dos personas.

– Podemos estrecharnos un poco los tres en el asiento -insistio Spencer-. Yo apenas ocupo espacio. Ademas, la casa de la senora Ralston esta muy cerca y como mama desea volver caminando, solo quedaremos nosotros dos.

Andrew se volvio hacia lady Catherine, quien estaba claramente perpleja ante el giro que habian tomado los acontecimientos. Manteniendo una expresion y una voz serenas, dijo:

– Estoy dispuesto a dar mi consentimiento al plan de Spencer siempre que este usted de acuerdo, lady Catherine. Si descubrimos que vamos demasiado estrechos en el asiento, estaria encantado de caminar junto al vehiculo hasta la casa de la senora Ralston.

Catherine le miro con una mezcla de preocupacion y de esperanza.

– ?Promete no correr durante esta leccion?

Andrew se llevo la mano al corazon.

– Juro que jamas haria nada que pudiera poner a Spencer, ni a usted, en peligro.

La mirada de lady Catherine volvio a posarse en Spencer y sonrio.

– Muy bien. Sea entonces el coche de dos caballos.

Cuarenta y cinco minutos mas tarde, Spencer, bajo la paciente tutela del senor Stanton, logro detener con exito el par de identicos bayos delante de la casa de Genevieve. A Catherine se le encogio el corazon al ver el absoluto deleite y el triunfo que revelaba el rostro de su hijo.

– Lo consegui -dijo Spencer, con el color de la victoria sonrojandole las mejillas.

– Si, lo has conseguido -concedio Catherine-. Y maravillosamente bien. Estoy muy orgullosa de ti… -Se le inflamo la garganta, ahogandole la voz. Para enmascarar su emocion, lo atrajo hacia ella para darle un abrazo. Los brazos de Spencer la rodearon y, con su mejilla pegada a la de el, Catherine miro por encima del hombro de su hijo y sus ojos encontraron la mirada firme y de ojos oscuros del senor Stanton.

Su corazon se debatia contra sus costillas, y la miriada de confusas y conflictivas emociones que aquel hombre inspiraba en ella volvieron a asaltarla una vez mas. Sin embargo, una de ellas emergio presurosa a la superficie: la gratitud. Estaba profundamente agradecida a Andrew por haber dado a Spencer esa alegria. Parpadeando para contener la humedad que amenazaba ridiculamente tras sus ojos, le sonrio. «Gracias», articulo en silencio.

Los labios de Andrew esbozaron una calida sonrisa que la dejo sin aliento. «De nada», fue su silenciosa respuesta.

– Dios mio, ?es el senorito Spencer a quien veo tras las riendas de este magnifico carruaje?

Al oir la sensual y viva voz de Genevieve, Catherine aparto los ojos del senor Stanton y dejo de abrazar a su hijo.

– Buenas tardes, senora Ralston -dijo Spencer, con una sonrisa de oreja a oreja-. Si, asi es. Acabo de aprender a llevarlo.

Genevieve se acerco al coche de dos caballos desde el sendero bordeado de flores que llevaba a la casa al tiempo que su avida mirada envolvia a los tres pasajeros apretujados en el asiento del carruaje. Con un alegre vestido de muselina amarilla decorado con pequenos ramos de lilas bordadas, parecia un rayo de sol de finales de verano.

– Vaya, a punto he estado de no reconocerle, senorito Spencer -dijo, sonriendo directamente al joven-. Se ha convertido en un fornido jovencito desde la ultima vez que le vi.

Spencer se sonrojo de placer al oir sus palabras.

– Gracias, senora Ralston.

– ?Y a quien trae con usted hoy a verme? -pregunto con una sonrisa burlona.

– Bueno, a mi madre, aunque ya la conoce.

– Si, lady Catherine y yo nos conocemos bien.

– Y este es nuestro amigo, el senor Stanton. Viajo por todo Egipto con mi tio Philip. Deberia pedirle que le contara la historia de cuando unos bribones le robaron la ropa a punta de cuchillo.

El calor ardio en las mejillas de Catherine en cuanto la imagen del senor Stanton desnudo asomo a su cabeza. La sonriente mirada de Genevieve examino al senor Stanton con descarado interes.

– Soy la curiosidad misma.

Catherine se aclaro la garganta.

– Genevieve, permite que te presente formalmente al senor Andrew Stanton, el socio de mi hermano en el museo que estan creando juntos. Senor Stanton, le presento a mi gran amiga, la senora Ralston.

El senor Stanton se desencajo del asiento y salto agilmente al suelo. Ofrecio a Genevieve una inclinacion de cabeza formal y una amistosa sonrisa.

– Encantado, senora Ralston.

– Lo mismo digo, senor Stanton. Bienvenido a Little Longstone. ?Esta usted disfrutando de su estancia?

– Mucho. Hacia mucho tiempo que no tenia oportunidad de disfrutar de un aire tan puro y de un entorno tan tranquilo y colorido. -Indico la profusion de las bien cuidadas flores que les rodeaban-. Tiene usted un jardin excepcional.

El rostro de Genevieve se ilumino.

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