amigos.
Spencer levanto la cabeza con gesto brusco y su mirada seria encontro la de Andrew. Tendiendo el tambien la mano, estrecho la de Andrew con fuerza y asintio.
– Amigos. Pero… no mas secretos.
La culpa sacudio a Andrew como una bofetada y se limito a ofrecer una leve inclinacion de cabeza como respuesta, resistiendose a dar voz a tamana falsedad. Toda su vida estaba basada en secretos. Y mentiras.
Solto la mano del chiquillo y retrocedio para volver a coger el martillo.
– Terminare esto para que podamos empezar -dijo. Enterrando el pesar que provocaba en el su falta de honradez ante la confianza de Spencer, puso un clavo en la madera y lo golpeo con toda la fuerza de sus frustraciones.
Diez minutos mas tarde, Andrew completo la tarea y se levanto para supervisar su obra. Mientras Spencer habia quitado el polvo y las telaranas, Andrew habia clavado al suelo tres docenas de rectangulos de madera, de aproximadamente el tamano de un ladrillo, formando un amplio circulo. Si, funcionaria a la perfeccion.
– ?Preparado? -pregunto.
– Si. Y ansioso. -Senalo los bloques de madera con la barbilla-. Y ahora ?quiere decirme que son?
– Los hemos puesto para ayudarte a conservar el equilibrio durante nuestras lecciones pugilisticas. En cuanto te encuentres firmemente plantado sobre tus pies, no veo razon alguna para que no te desenvuelvas bien. Permiteme que te lo demuestre. Apoya el lado de tu pie debil a lo largo del madero y da un paso adelante con tu pie fuerte, manteniendo casi todo tu peso en la pierna adelantada.
En cuanto Spencer siguio sus indicaciones, Andrew dijo:
– Siempre que mantengas el peso hacia delante, la madera impedira que tu pie izquierdo resbale, impidiendote asi caer hacia atras.
Spencer flexiono despacio las rodillas varias veces y entonces una amplia sonrisa le ilumino la cara.
– Muy ingenioso, senor Stanton.
Andrew saludo sus palabras con una reverencia.
– Gracias. Estoy seguro de que no era tu intencion parecer perplejo.
La sonrisa se desvanecio del rostro de joven.
– Oh, no. Yo…
– Bromeaba, Spencer. Y ahora, empecemos con las nociones basicas. El pugilismo tiene dos principios basicos. ?Alguna idea de cuales son?
– Golpear al otro y no dejar que te golpee.
– Exacto. -Andrew ladeo la cabeza-. Al parecer, conoces bien la materia. ?Estas seguro de no haberlo practicado antes?
– Totalmente seguro -dijo Spencer con el rostro perfectamente serio.
Andrew reprimio una sonrisa.
– A fin de llevar a cabo esas dos cosas, debes saber como dar un punetazo y como bloquear o evitar el del adversario.
– Imagino que la velocidad es muy importante en este deporte -dijo Spencer con voz triste.
– Cierto. Pero no es lo unico. La coordinacion y la capacidad de adelantarte a las intenciones de tu oponente son igualmente importantes. Lo que quiza te falte en velocidad, lo compensaras con la inteligencia. Y no olvides que el objetivo no es convertirte en el pugil mas temido del reino… sino solo hacerlo lo mejor que puedas.
– Pero ?y si no puedo hacerlo?
– Si lo intentas y descubres que no puedes hacerlo, no pasa nada. No todo el mundo destaca en todo lo que intenta, Spencer. Lo importante es intentarlo. Estoy convencido de que puedes hacerlo. De no ser asi, no habria clavado aqui este cuadrilatero casero. Si resulta que me equivoco, no pasa nada. Al menos, habras descubierto que no te gusta.
– ?Y no pensara que soy… tonto? ?O estupido? -Miro al suelo-. ?Ni un fracasado?
La preocupacion y la resignacion implicitas en la voz del nino desgarraron el corazon de Andrew. Tendio los brazos, poso las manos sobre los hombros de Spencer y espero a que el nino levantara los ojos para encontrarse con su mirada.
– Tanto si esto se te da bien como si no, siempre me pareceras un joven valeroso, inteligente y exitoso.
La esperanza que asomo a los ojos del joven ahueco el espacio que rodeaba el corazon de Andrew. Spencer parpadeo y trago saliva.
– ?Lo dice de verdad?
– Te doy mi palabra. -Le solto los hombros y luego le paso la mano por el pelo-. No sabes hasta que punto envidio tu valor.
– ?Usted? -La palabra fue un bufido de incredulidad-. Tio Philip y usted son los hombres mas valientes que conozco.
– Gracias, aunque creo que somos los dos unicos hombres que conoces -bromeo.
El rostro de Spencer se tino de un rojo carmesi.
– No es cierto. Conozco…
– Estaba bromeando, Spencer.
– Oh… ya lo sabia. -Fruncio el ceno-. ?Que clase de valor tengo yo que usted envidie?
Andrew se paseo pensativo delante del nino varias veces y luego se detuvo en seco.
– Si te lo digo, ?prometes no considerarme un bobo ni un fracasado?
Spencer abrio los ojos como platos.
– Nunca pensaria eso de usted, senor Stanton. Se lo prometo.
– Muy bien. -Se paso los dedos por el pelo y a continuacion inspiro hondo-. No se nadar -solto apresuradamente. Ya estaba. Lo habia dicho. A viva voz.
– ?Perdon?
Maldicion. Al parecer tendria que volver a decirlo.
– No se nadar.
Los ojos de Spencer se abrieron aun mas.
– No me diga. ?Esta seguro?
– Totalmente. Nunca aprendi. Como bien sabes, mi padre no sabia nadar, ?y quien mas podria haberme ensenado? Cuando se ahogo, cualquier entusiasmo que yo pudiera haber albergado por el agua me abandono de golpe. La ultima vez que me meti en el agua, sin mencionar la banera, naturalmente, fue durante la ridicula celebracion de una antigua travesia en canoa por el Nilo en la que me vi obligado a participar por insistencia de tu tio. Me dio demasiada verguenza admitir que no sabia nadar y, en contra de lo que dictaba mi cordura, lo hice. La canoa volco y a punto estuve de ahogarme. -Le recorrio un escalofrio cuando revivio el espantoso terror del agua cerrandose sobre su cabeza. Llenandole los pulmones. Sacudiendose de encima el recuerdo, miro firmemente a Spencer-. Creeme, entiendo la inquietud que te provoca intentar algo sobre lo que crees no tener control. Pero te ayudare. Puedes hacerlo. Si realmente lo deseas.
– Y usted tambien.
Andrew sonrio.
– Yo ya se pelear.
– Me referia a nadar. ?Ha intentado aprender?
– No. Aunque odie reconocerlo, me da miedo el agua.
– ?Pero si ha cruzado un oceano entero!
– Y no creas que no me dio miedo. Creeme, en ningun momento me acerque a las barandillas.
– Yo podria ensenarle. ?Podriamos empezar hoy mismo! En cuanto terminemos con nuestra leccion de pugilismo.
Andrew sintio literalmente que la sangre le abandonaba el rostro.
– ?Hoy? No, no creo que…
– Podria ensenarle a nadar, senor Stanton -prosiguio Spencer con los ojos iluminados de pura excitacion-. ?Por que no me deja intentarlo? Seria para mi un honor ensenarle algo a cambio de todo lo que usted me esta ensenando. Y, en cuanto aprenda, podra tomar las aguas con mama y conmigo… aunque lo cierto es que no necesita saber nadar para tomar las aguas. El agua de los manantiales solo cubre hasta el pecho.
El «no» que habia merodeado por los labios de Andrew se alejo en cuanto considero esa oportunidad. Si
