CHARLES BRIGHTMORE
Presa de la necesidad de un energico paseo a caballo para aquietar sus pensamientos a la fuga, Catherine decidio detenerse en los establos de regreso a casa desde la villa de Genevieve. Encontro abiertas de par en par las puertas de roble de doble hoja y se adentro en las frescas sombras del interior. Motas de polvo bailaban en los rayos de sol que entraban a raudales por las ventanas, e inspiro hondo, encantada con el embriagador aroma del heno fresco, el olor a caballo y a cuero. El murmullo de voces masculinas llego a sus oidos y se le acelero el corazon. ?Estaria de nuevo Andrew en los establos con Fritzborne?
Se dirigio hacia las voces y reparo en que el sonido procedia de algun lugar al otro lado de la esquina: la vieja seccion trasera de los establos que no habia sido restaurada. A medida que se acercaba, las voces resultaron mas claras y Catherine se dio cuenta de que una de ellas pertenecia sin duda a Andrew. La otra era la de Spencer.
– Bien -dijo Andrew, cuyas palabras distinguio con mayor claridad con cada paso que daba-. Manten en alto la mano izquierda. Mas alto. Protegete la cara. Y ahora golpea con la derecha.
– No hay condenada manera de alcanzarle -sono la jadeante respuesta de Spencer, seguida de un grunido. Catherine se detuvo y arqueo las cejas al oir el lenguaje empleado por su hijo.
– Mueve un poco hacia atras tu pierna fuerte. Eso me atraera un poco mas hacia ti. Luego, cuando me tengas a tiro, lanzate hacia delante y golpea.
– ?Ja! Ya le tengo.
– ?Ja! Me gustaria verlo.
Catherine avanzo de puntillas, silenciosa con sus zapatillas sobre el suelo de madera. Al llegar a la esquina, echo una mirada por la puerta abierta. Y se quedo helada.
Andrew y Spencer parecian estar ocupados… ?dandose punetazos? Ninguno de los dos llevaba corbata ni chaqueta y ambos se habian arremangado la camisa hasta los codos. Se quedo boquiabierta al ver a Andrew botar sobre las puntas de los pies, fintando adelante y atras mientras Spencer, con los punos cerrados a la altura de la barbilla, le lanzaba varios punetazos con los que no le alcanzo. Luego fueron las manos de Andrew las que salieron despedidas hacia delante, a punto de estamparse en la mandibula de Spencer. Este se echo hacia atras para evitar el golpe y a punto estuvo de caer de espaldas.
Un grito de panico nacio en su garganta, pero antes de que pudiera salir, Andrew cogio a su hijo por la parte superior del brazo y le ayudo a recuperar el equilibrio.
– Manten el equilibrio, Spencer. Manten el peso hacia delante y levanta las manos para impedir…
– ?Que diantre esta ocurriendo aqui? -Catherine, con la voz temblorosa en una combinacion de ira y de temor, salio de las sombras y se planto las manos en las caderas.
Andrew se quedo de una pieza al oir su voz ultrajada y miro por encima del hombro con la esperanza de que Catherine no estuviera tan enojada como parecia indicar su voz. Sus miradas se encontraron y a Andrew se le cayo el alma a los pies. No solo parecia enojada, sino que ademas estaba claramente horrorizada.
Abrio la boca para responder, pero antes de poder pronunciar palabra, algo le golpeo directamente debajo de la barbilla con un golpe perfectamente colocado. Reparando al instante en que aquel algo era el puno de Spencer, dio un paso hacia atras, tropezo con su propio pie y fue a dar directamente con su trasero contra la dura madera del suelo. Sin poder evitar una mueca de dolor, tomo nota mentalmente de caer contra el monton de heno en la siguiente ocasion.
– Dios santo, Spencer ?acaso has… habeis… perdido el juicio? -trono la voz de Catherine a su espalda. Andrew la oyo correr hacia delante.
Spencer aparto su mirada estupefacta de su puno cerrado para fijarla en Andrew y devolverla luego a su puno. Miro entonces a su madre, quien parecia estar sacando vapor por las orejas. Trago saliva visiblemente y se acerco a Andrew.
– Lo siento, senor Stanton, no era mi intencion…
Andrew levanto una mano para hacer callar al nino mientras se frotaba la dolorida mandibula con la otra.
– A eso le llamo yo un golpe excelente y perfectamente ejecutado, y un magistral ejemplo de la segunda regla que te he ensenado, ?que es…?
– Aprovecharte siempre de la debilidad de tu rival.
– Exactamente. Me he visto momentaneamente distraido por la llegada de tu madre, y de pronto me he encontrado sentado en el suelo. Muy bien hecho. -Se puso de pie de un salto, se sacudio el polvo de los pantalones y, con una sonrisa, tendio su mano a Spencer-. Estoy orgulloso de ti.
El arrebol de inconfundible satisfaccion que asomo al rostro del joven, combinado con el asombro y la gratitud impresos en su expresion, caldearon el corazon de Andrew de un modo que no habia experimentado en mucho tiempo
– Gra… gracias, senor Stanton. -Su sonrisa se desvanecio con la misma celeridad con la que habia aparecido-. No le habre hecho dano, ?verdad?
Andrew movio la mandibula adelante y atras y luego le guino un ojo.
– Sobrevivire.
Luego volvio su atencion a Catherine y sonrio, fingiendo no reparar en su tormentosa expresion.
– Su hijo es un alumno excelente.
– ?Alumno? Por favor, le ruego que no me diga que le esta ensenando a pelear con los punos.
– Muy bien, en ese caso no se lo dire.
– ?Que esta haciendo entonces?
– Ya que me ha pedido que no le diga que le estoy ensenando a pelear con los punos, me va a resultar muy dificil responder a esa pregunta.
Catherine le dedico una mirada ante la que Andrew dio las gracias por no ser leche, de lo contrario se habria cuajado al instante. A continuacion aparto la mirada de Andrew para posarla en Spencer.
– ?Estas bien?
– Si, mama, claro. Es el senor Stanton quien ha ido a dar con el culo al suelo.
– Y estoy muy bien, gracias.
Su mirada de enojo fue alternandose entre Andrew y Spencer.
– Estoy esperando una explicacion.
– Le estaba ensenando a Spencer algunos conocimientos basicos sobre pugilismo -dijo Andrew-. Y, como puede ver, es un alumno muy aventajado.
– ?Y por que demonios iba a ensenarle usted algo semejante? ?Es que ninguno de los dos ha tenido en cuenta los riesgos que implica semejante actividad? Spencer podria haberse caido. Podria haber resultado gravemente herido. A punto ha estado de tropezar y caer de espaldas hace apenas un instante.
– Pero no me he caido, mama -intervino Spencer-. El senor Stanton me ha cogido.
– ?Y si no lo hubiera conseguido?
– Pero lo ha hecho -reitero Spencer-. Es muy fuerte y muy rapido. Ha construido este cuadrilatero especialmente para mi. Me ayuda a mantener el equilibrio. Mira. -Le hizo una pequena demostracion y luego anadio-: el cuadrilatero esta rodeado de heno para que caiga en blando si llega a darse la ocasion… algo que no ocurrira porque el senor Stanton es un maestro excelente. Y, en cuanto a la pregunta de por que el senor Stanton me esta ensenando… -levanto un centimetro la barbilla-. Porque yo se lo pedi. Era la sorpresa que te tenia reservada.
Catherine agito la mano, dibujando con ella un arco que incluyo la habitacion entera.
– Bien, pues ciertamente estoy sorprendida.
– Y ya que te has enterado de esto, quiza sea mejor que sepas el resto, mama.
– ?Hay mas?
– Tambien he pedido al senor Stanton que me instruya en la disciplina de la esgrima y de la equitacion.
Ayer dimos nuestra primera leccion de equitacion y fue muy bien. -Se volvio hacia Andrew-. ?O no fue asi?
– Ciertamente -confirmo Andrew.
El color se desvanecio del rostro de Catherine al tiempo que miraba a Andrew.
– ?Equitacion? Pero ?esta usted loco? ?Y si se cae de la silla?
