satinada mejilla-. ?Me acompanara?

Catherine no dijo nada. Su mirada busco la de el, y el corazon de Andrew palpito tan fuerte que habria jurado que ella tenia que haberlo oido. El estaba pidiendo algo mas que un simple paseo y ambos lo sabian, aunque sin duda ella habia pensado en la conversacion de la noche anterior. Y el apenas habia pensado en otra cosa. Obviamente ella habia llegado a alguna conclusion. Aun asi, con cada segundo de silencio que pasaba, las esperanzas de Andrew se desvanecian, pues podia ver como ella seguia ponderando su decision.

Entonces, por fin, Catherine se aclaro la garganta.

– Si, Andrew. Le acompanare.

Aunque el suponia que en la historia de la humanidad se habrian pronunciado palabras mas dulces, no alcanzaba a imaginar que palabras podian haber sido esas.

Catherine se paso toda la tarde presa de un exaltado estado de conciencia que, ademas, la aboco a un estado cercano al vertigo. Todo le parecia mas claro, mas agudo, y tenia los sentidos totalmente alertas. No recordaba haber comido un cordero mas sabroso, unas zanahorias mas deliciosas ni haber tastado un vino mas embriagador. Con cada movimiento, su vestido de muselina aguamarina le acariciaba la piel, ahora extranamente sensible, provocandole pequenos hormigueos en sus terminaciones nerviosas. Las oscilantes y palidas velas de los candelabros de plata daban una luz mas brillante, el sonido de la risa de Spencer la deleitaba mas y el profundo timbre de la voz de Andrew le provocaba escalofrios de anticipacion en la columna.

?Algun hombre le habia resultado mas atractivo? ?Mas tentador? La muda luz de las velas ensalzaba su oscuro atractivo, envolviendo su rostro en un intrigante diseno de sombras que atraia la mirada de Catherine una y otra vez. Con una chaqueta azul marino, camisa blanca y pantalones de color gamuza, Andrew tenia un aspecto masculino, imponente y absolutamente delicioso.

Cada mirada entrecruzada entre ambos la inflamaba, encendiendole la piel. Cada sonrisa que el le dedicaba le llenaba el corazon de una palpitante excitacion. Catherine sabia que su inminente paseo con Andrew a la luz de la luna era responsable de una gran dosis del vertigo que la embargaba, aunque tambien era plenamente consciente de que el resto se debia a la estrategia que habia disenado. Estaba decidida. Sabia lo que queria. Y, tras varias horas dandole vueltas a sus diferentes opciones en lo que llevaba de tarde, por fin habia descubierto como conseguirlo. Ahora simplemente esperaba poder soportar la espera hasta poner en accion su plan.

Despues de la cena, los tres se retiraron al salon, donde Catherine vio a Andrew y a Spencer jugar una animada y altamente competitiva partida de backgammon.

– Es su ultima tirada, senor Stanton -se rio Spencer entre dientes, frotandose las manos con evidente regocijo-. Esta a punto de ser derrotado.

– Quiza. Aunque si saco un doble seis, gano yo.

Spencer solto un bufido burlon.

– ?Y que probabilidades tiene de que eso ocurra?

Andrew sonrio.

– Una entre treinta y seis.

– No demasiadas.

– Podria ser peor.

Andrew lanzo los dados sobre el tablero. Catherine observo perpleja el par de seises.

A Spencer los ojos se le salieron de las orbitas y se echo a reir.

– Diantre. No habia visto nunca tanta suerte, ?y tu, mama?

– No -dijo Catherine entre risas-. Sin duda el senor Stanton es un hombre muy afortunado. -Su mirada se poso en Andrew y, cuando los ojos de ambos se encontraron, el sonrio.

– Si, sin duda soy un hombre muy afortunado.

Su sonrisa la envolvio como una calida capa, rodeandola con un aura de placentero calor.

Spencer se levanto y tendio la mano.

– Excelente trabajo. Pero saldre victorioso la proxima vez que juguemos.

Andrew se levanto y estrecho su mano con gesto solemne.

– Espero ansioso la ocasion.

Spencer bostezo y dedico una timida mirada a Catherine.

– Estoy cansado -reconocio.

– Has tenido un dia ajetreado. -Catherine dedico a Andrew una mirada arqueada y de soslayo-. Debes de estarlo, sobre todo despues de haber hecho caer al senor Stanton de culo y todo lo demas.

El chiquillo se rio entre dientes y contuvo un segundo bostezo.

– Creo que me voy a la cama. Necesito descansar para las lecciones de equitacion y de pugilismo de manana.

Catherine hizo caso omiso del nudo de preocupacion que se hizo en su estomago al pensar en esas lecciones.

– Muy bien, carino. ?Quieres que te ayude a subir las escaleras?

– No, gracias. Puedo hacerlo solo.

Catherine se obligo a asentir y a sonreir. Y acepto una muestra mas en la necesidad de autoconfianza de su hijo.

– Que duermas bien.

– Siempre lo hago. -Spencer beso a Catherine en la mejilla, estrecho la mano de Andrew y luego salio de la sala, cerrando la puerta tras el con un silencioso chasquido.

La mirada de Andrew se poso entonces en la de ella con unos ojos colmados de silenciosa comprension.

– Cuanto mas nos acercamos a la edad adulta -dijo-, mas deseamos hacer cosas por nosotros mismos.

– Lo se. En el fondo estoy muy orgullosa de su incipiente independencia, aunque parte de mi echa en falta al nino que me necesitaba para todo.

– Siempre la necesitara, Catherine. No del mismo modo que cuando era pequeno, naturalmente, pero la necesidad de su amor y de su apoyo no desaparecera jamas.

– Si, supongo que es cierto. Y me alegro. -Sonrio-. Sentirte necesitada es una sensacion muy agradable.

– Cierto.

Algo en la forma en que el pronuncio esa palabra la llevo de pronto a preguntarse si en realidad seguian hablando de Spencer. Antes de poder decidirlo, Andrew pregunto:

– ?Le gustaria que diesemos nuestro paseo? O quiza… -Indico el tablero de backgammon con una inclinacion de cabeza-. Quiza antes preferiria recibir una paliza, ejem… me refiero a que quiza le apetezca jugar una partida.

Catherine arqueo las cejas.

– ?Con un hombre que acaba de demostrar que puede sacar un doble seis a voluntad? Gracias, pero no.

Andrew inclino la cabeza antes de extender el codo con un cortes floreo.

– En ese caso, salgamos al jardin.

Catherine poso la mano con gran correccion en el doblez de su codo, consciente de que si conseguia lo que tenia en mente, aquel iba a ser el ultimo gesto decente que haria en lo que quedaba de noche.

Salieron de la casa por los ventanales que daban a la terraza. Avanzaron despacio sobre las piedras del jardin y Catherine inspiro hondo, absorbiendo el bienvenido aire fresco sobre su acalorada piel y los reconfortantes aromas de la hierba, las hojas y las flores mezclados con el intrigante y sutil rastro de sandalo que desprendia Andrew. La luna llena brillaba en la oscuridad del cielo como una perla reluciente contra el terciopelo negro, cubriendo el paisaje con una tornasolada iluminacion plateada.

Tras bajar por los escalones, se dirigieron al jardin. El sendero se bifurcaba en varias direcciones, pero Catherine viro a la derecha.

– ?Le importa si tomamos el sendero de la izquierda? -pregunto Andrew-. Hay algo que quiero mostrarle.

Fruncio el ceno ante lo que parecia ser un inconveniente destinado a entorpecer el desarrollo de sus planes perfectamente disenados.

– ?De que se trata?

– Lo vera cuando lleguemos.

Demonios, ese hombre la fastidiaba en cada toma de caminos, literalmente hablando en este caso. A la

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