Creo que guardar el secreto de esta sorpresa a punto ha estado de matarle.

– Si, puedo imaginarlo. -Catherine aparto la mirada de la asombrosa maravilla del parterre y miro a Andrew por encima del hombro-. ?Por eso queria ir al pueblo? ?Para comprarlas?

– Entre otras cosas, si.

Ella hizo ademan de levantarse y Andrew inmediatamente tendio la mano para ayudarla. Catherine deslizo su mano en la de el, absorbiendo la calida y callosa textura de su palma al rodear la suya. Cuando de nuevo estuvo de pie frente a el, no le solto la mano.

– ?Otras cosas? -repitio, sintiendo que el corazon le palpitaba en latidos lentos e intensos-. No me diga que hay mas sorpresas.

Andrew sonrio.

– Muy bien. No se lo dire. -Le aparto con el dedo un rizo errante de la frente, y su acelerado corazon dio un vuelco ante la intimidad que encerraba aquel gesto.

– No puedo creer que la pequena floristeria del pueblo dispusiera de tal abundancia de plantas -dijo.

– De hecho, tenian solo unas cuantas. Cuando le dije al florista que queria mas, sugirio que algunos de los habitantes del pueblo quiza estarian dispuestos a venderme sus plantas. Asi que Spencer y yo fuimos a llamar a algunas puertas -explico, echandose a reir-. Creo que conocimos a casi todos los habitantes del pueblo en nuestra busqueda de corazones sangrantes.

Catherine le miro sin salir de su asombro.

– ?Me esta diciendo que fue a casa de gente a la que no conoce a preguntar si podia comprarles las plantas de su jardin?

– Eso lo resume a la perfeccion. Todos se mostraron encantados de dejar que Spencer y yo nos llevaramos sus plantas para la «sorpresa de lady Catherine».

Cielos, al menos habia tres docenas de plantas alrededor de los olmos.

– Se ha tomado muchas molestias.

– No llamaria molestia a hacer algo por usted.

Catherine volvio a bajar los ojos y, al ver lo que Andrew habia hecho por ella, un torrente de ternura la embargo, inflamandole la garganta de emocion y haciendo asomar un velo de humedo calor tras sus ojos. Volviendo a posar en el la mirada, le apreto la mano y pronuncio la pura verdad:

– Ningun hombre ha hecho jamas por mi nada tan precioso y tan considerado.

«Ni romantico», canturreo su voz interior con un femenino suspiro. «Has olvidado anadir romantico.»

Andrew se llevo a los labios las manos entrelazadas de ambos y deposito un beso en la sensible piel de la cara interna de la muneca de Catherine.

– Ya le he dicho que me gusta ser siempre el primero.

El contacto de su boca en su piel, las suaves palabras exhalando aliento, enviaron diminutas lenguas de fuego por su brazo. Andrew bajo entonces la mano de Catherine hasta pegarla contra su pecho, donde su corazon palpito deprisa y con fuerza contra su palma. Casi tan deprisa y con tanta potencia como el de ella. Por la forma en que el la miraba. Por lo cerca que estaban el uno del otro. Y no solo por lo que el habia hecho, sino tambien por como lo habia hecho.

– Las flores son aun mas especiales porque ha incluido a Spencer en su sorpresa -dijo con voz queda-. Gracias.

– De nada.

Para mortificacion de Catherine, la humedad que habia asomado a sus ojos se desbordo y un par de lagrimas se deslizaron de sus ojos.

Los ojos de Andrew se abrieron con una expresion que solo podria haber sido descrita como de panico masculino.

– Llora usted.

Sus palabras sonaron tan horrorizadas y acusatorias que el sollozo contenido en la garganta de Catherine estallo en una carcajada.

– No es cierto.

– ?Y como llama usted a esto? -Andrew atrapo una lagrima en la yema del dedo mientras su otra mano palpaba freneticamente sus bolsillos, presumiblemente en busca de un panuelo.

Ya mas tranquila, gracias a Dios, Catherine hizo aparecer su propio panuelo de encaje de su larga manga y se seco con el los ojos.

– ?Sigue llorando?

– No estaba llorando.

– De nuevo necesitamos recurrir al diccionario. -Andrew alargo la mano y le cogio el panuelo, secandole con suavidad las mejillas. Cuando termino, ladeo la cabeza primero a la izquierda y luego a la derecha, mirandola atentamente-. Al parecer, ha dejado de llorar.

– No habia empezado. Simplemente… he sufrido una inesperada erupcion liquida de las pupilas. La mujer moderna actual no llora cuando un hombre le regala flores. Cielos, si fuera ese el caso, habria estado sumida en un estado de histerismo constante durante las ultimas dos semanas.

Pronuncio las palabras a modo de burla, pero en cuanto se oyo decirlas, fue consciente de que las que tenia ante sus ojos no eran unas flores cualquiera. Ademas, estaba empezando a resultar alarmantemente claro que el hombre que estaba de pie delante de ella no era un hombre cualquiera.

Andrew le devolvio el panuelo, que ella volvio a meterse en la manga.

– Bien, considereme entonces aliviado de que la… ejem… inesperada erupcion de sus pupilas se haya corregido.

Ciertamente parecia aliviado, y Catherine tuvo que reprimir una sonrisa. Incluso en los momentos posteriores al disparo, el se habia mostrado sereno y sosegado. Aun asi, el espectaculo de unas lagrimas femeninas habian desarmado visiblemente a ese hombre, rasgo que a Catherine se le antojo absolutamente enternecedor.

Dios santo. Si es que ella no deseaba ni por asomo encontrar en el nada que resultara enternecedor. Ya era bastante malo que le pareciera un hombre dolorosamente atractivo. «Por cierto -intervino su voz interior-, ya va siendo hora de que pongas en accion tu plan.»

La Sonrisa del Angel era tan perfecto como el belvedere, y Catherine no deseaba esperar mas para que el la estrechara entre sus brazos. Para que la besara. Lo que, por algun motivo que ella desconocia, el todavia no habia hecho. Deseo agarrarle de los hombros, sacudirlo y preguntarle que demonios estaba esperando. En fin, habia llegado la hora de pasar a la accion.

Dedicando a Andrew lo que, segun esperaba, pasara por una sonrisa despreocupada, aunque no exenta de una ligera sombra seductora, dijo:

– Su generosidad y su consideracion me hacen sentir aun mas culpable por la apuesta que hicimos.

– ?La apuesta?

– En relacion a su lectura de la Guia femenina.

La expresion confusa de Andrew se disipo.

– Ah, si, la apuesta. ?Que la hace sentirse culpable?

– Cuando hicimos la apuesta, acordamos un plazo de tres semanas. Desde entonces, hemos acordado los dos que usted estara en Little Longstone solo una semana. Me temo que, dados los imperativos temporales y el hecho de que resultaria practicamente imposible que se agencie un ejemplar de la Guia aqui, debemos renegociar los terminos de la apuesta.

La expresion de Andrew se torno pensativa y, retrocediendo dos pasos, apoyo la espalda contra el grueso tronco del olmo que tenia tras el y la observo atentamente.

– Si ya me es practicamente imposible conseguir un ejemplar de la Guia aqui, en Little Longstone, en el plazo de una semana, no veo como podria haber podido cumplir con la tarea en tres semanas. Ni siquiera en tres meses. Lo cual me lleva a preguntarme si quiza me he dejado embaucar.

– En absoluto. Disponiendo de tres semanas, habria tenido tiempo suficiente para enviar un pedido a alguna libreria de Londres para que le enviaran aqui un ejemplar. Eso en caso de que hubiera tenido realmente ganas de leerlo.

– Ah. Pero ahora solo dispongo de una semana…

– Me temo que ha dejado de ser una opcion viable -dijo Catherine, inyectando la nota justa de pesar a su voz. Sin embargo, su conciencia la llevo a preguntar-: Si aun dispusiera de tres semanas, ?habria hecho un pedido a

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