Catherine le paso entonces las manos alrededor de la cintura y dio un paso adelante para apoyar la cabeza en su pecho.

– Tu corazon late casi tan deprisa como el mio, Andrew.

Antes de que el pudiera responder, ella levanto la mirada hacia el con ojos solemnes.

– Quiero que me desnudes.

Puesto que el deseaba aquello mas que volver a tomar aire, no lo dudo un segundo.

– Date la vuelta.

De pie tras ella, ahueco los dedos entre los largos y lustrosos rizos castanos de Catherine, apartandole los mechones de cabello por encima del hombro para dejar a la vista su palida nuca. Inclinandose hacia delante, pego los labios en esa suave y fragante isla de piel que le habia colmado miles de suenos e incontables momentos de vigilia. Un delicado estremecimiento recorrio a Catherine, que ladeo la cabeza, invitacion a la que el ni siquiera intento resistirse.

Tras rozar con un beso fugaz su dulce nuca, Andrew dio un paso atras y se puso manos a la obra a fin de desabrocharle los botones de la espalda del vestido. A medida que cada pequeno boton de marfil quedaba liberado de su ojal, el se veia recompensado con un torturador atisbo de la fina camisa que asomaba debajo. Cuando por fin termino, se movio hasta quedar frente a ella. El color habia encendido las mejillas de Catherine y el deseo brillaba en sus dorados ojos marrones. Andrew alargo la mano y tiro lentamente de la prenda hasta pasarsela por encima de los hombros. Se deslizo luego por sus brazos y sobre sus caderas para aterrizar con un suave shhhh a sus pies.

La avida mirada de Andrew la recorrio por entero. Catherine estaba dolorosamente hermosa, cubierta por una camisa de tan fina tela que dejaba a la vista sus oscuros pezones. Pasando los dedos bajo los tirantes de color crema, fue bajandole la camisola, observando atentamente su avance a medida que iba dejando a la vista cada delicioso centimetro de su piel. Cuando solto los tirantes, la camisola se arracimo a sus pies, encima del vestido.

Durante varios segundos, Andrew permanecio inmovil y se limito a beber de la vision que ella le ofrecia, elegantemente de pie en el centro de su ropa desechada como una rosa recien abierta elevandose de un inestimable jarron. Su mirada se poso en unos senos generosos y pesados coronados por unos pezones de tono coralino que se contrajeron bajo su mirada. La curva de su cintura dejaba paso a unas redondeadas caderas y a unos muslos torneados, abrazando el triangulo de rizos castanos anidado entre sus piernas. Ahora solo con sus medias y zapatos, Catherine le arrebato el control que durante tiempo el habia intentado denodadamente mantener. Cada uno de sus musculos se tenso con las necesidades que ya no podia seguir negandose. Catherine estaba madura, voluptuosa y absolutamente deliciosa, y, que Dios le asistiera, el estaba muerto de hambre.

Tendio la mano y la ayudo a salir del monton de tela que la rodeaba. En cuanto ella estuvo libre, Andrew doblo las rodillas, la tomo en brazos y la llevo hasta la manta de terciopelo, mas suave aun gracias al lecho de heno fresco que habia repartido debajo. La dejo suavemente sobre la manta, apoyando su cabeza sobre la almohada azul. Tras quitarle las medias y los zapatos y dejarlos a un lado, Andrew se levanto para quitarse sus botas bajas de cuero blando y los pantalones.

Catherine rodo hasta quedar de costado, apoyo la cabeza sobre la palma de la mano y le observo desnudarse con embelesada atencion. Cuando Andrew libero su ereccion del estrangulador confinamiento de sus cenidos pantalones, solto un suspiro de alivio.

– Oh, Dios -jadeo Catherine, poniendose de rodillas y excitandole aun mas con la avidez de su mirada.

Andrew lanzo descuidadamente su ropa al monton de prendas apiladas en el suelo y a continuacion se arrodillo en la manta delante de ella. Tomando el rostro de Catherine entre las manos, bajo la cabeza y froto sus labios contra los de ella.

– Catherine…

Todo lo que sentia, todo el amor y el deseo que ardian en el, todas las batallas que habia librado para reprimir esas emociones durante tanto tiempo quedaron expresadas en esa unica y sincera palabra. Y, en cuanto sus labios tocaron los de ella, todas esas batallas se perdieron.

Con un gemido que rayaba en el dolor, la atrajo hacia el. Cada nueva sensacion apenas tenia tiempo de parpadear en su mente antes de verse suplantada por otra. El cuerpo de Catherine pegado al suyo desde el pecho a las rodillas. Los dedos de ella abriendose paso entre su pelo. Sus propias manos deslizandose por la espalda de Catherine hasta cerrarse sobre sus nalgas. Catherine devolviendole el gesto. El peso de su seno llenandole la mano. Agachando la cabeza para lamerle el pezon hasta meterse en la boca el excitado capullo. Absorbiendo su gutural gemido al pronunciar su nombre. Otro profundo beso avido de su alma. La piel suave bajo sus manos. La carne humeda y lustrosa entre los muslos de ella, inflamada de deseo.

Catherine deslizo sus dedos a lo largo de su ereccion y Andrew interrumpio bruscamente el beso para tomar aliento.

– ?Te he hecho dano?

Incapaz de pronunciar palabra, Andrew nego con la cabeza.

– Quiero tocarte, Andrew.

Apretando los dientes, Andrew apoyo la cabeza en la de ella y se sometio a la dulce tortura de sentir los dedos de Catherine acariciandole todo el tiempo que fue capaz de soportar. Pero cuando ella envolvio su ereccion entre sus dedos y la apreto con suavidad, Andrew la cogio de la muneca. Sus labios capturaron los de ella en un beso intenso y apasionado, provocando una frenetica fusion de lenguas y labios. Sin interrumpir el beso, Andrew fue obligandola a descender hasta apoyar la espalda en la manta y luego cubrio el cuerpo de Catherine con el suyo. Ella separo las piernas y gimio y el bajo la cabeza para tocar con la lengua el sonido de intenso placer que vibraba en la base de su cuello.

Apoyando todo el peso de su cuerpo en las palmas de las manos, Andrew la miro bajo la parpadeante luz dorada mientras penetraba despacio su cuerpo. Un revuelo de rizos castanos, despeinados por las exploradoras manos de Andrew, rodeaban la cabeza de Catherine. Tenia los labios rojos, humedos y ligeramente separados mientras su pecho subia y bajaba con rapidos y superficiales jadeos. Tenia los oscuros pezones mojados y erectos por obra de su boca. Pero fue la cruda necesidad, el agudo deseo que asomo a sus ojos, lo que termino de deshacerle.

Despacio, Andrew fue penetrando en su calido y humedo calor aterciopelado y cerro los ojos con fuerza ante el tremendo placer. Deseaba ir despacio, hacerlo durar, pero su cuerpo, tanto tiempo negado, estaba fuera de su control. Sus embestidas se prolongaron, acelerandose. Mas profundas. Mas intensas. Catherine salia al encuentro de cada una de ellas, apremiandole para que la penetrara, al tiempo que sus dedos se enterraban en sus hombros. Se tenso debajo de el, echando adelante las caderas mientras exhalaba un largo «ohhhhh» de placer. Incapaz de contenerse por mas tiempo, Andrew hundio la cabeza en la fragante curva de su hombro e inundo el interior de ella con su humedo calor durante un eterno y milagroso instante que lo dejo sin aliento, debil, absolutamente satisfecho y condenadamente semimuerto.

Catherine siguio tumbada bajo su delicioso peso: sin aliento, debil, absolutamente satisfecha y mas viva de lo que se habia sentido en toda su vida.

A eso se reducia todo. Eso era lo que ella se habia perdido durante todo su matrimonio. Aquella era la esplendida maravilla descrita en la Guia femenina, aunque ninguno de los vividos comentarios ni de las vividas instrucciones que aparecian en el libro la habian preparado lo suficiente para una experiencia tan intima e increible.

Con los ojos cerrados, se tomo un instante para saborear los momentos siguientes, deseando que aquel asombroso placer no concluyera. Los jadeos entrecortados de Andrew palpitando contra ella. Su cuerpo cubriendola, piel acalorada contra piel acalorada. Los brazos de el todavia envolviendola, como si jamas fueran a soltarla. Los brazos de Catherine rodeando sus anchos hombros, tambien reticentes a soltarle. El corazon de el palpitando contra sus senos. Y la deslumbrante sensacion de su cuerpo todavia intimamente unido al de ella. No, no tenia la menor idea de que seria asi.

Ni de que Andrew se volviera tan pesado de pronto.

Y no es que no disfrutara sintiendolo encima, pero la necesidad de respirar hondo estaba a punto de superar el placer que le provocaba tenerlo cubriendola como una manta humana.

No habria sabido decir si el se percato de su necesidad o si simplemente hizo gala de una perfecta sincronizacion, pero lo cierto es que Andrew se movio. Tras acariciarle la mejilla con un beso, se retiro para apoyar todo su peso en sus antebrazos y la miro desde arriba con unos ojos oscuros e intensos y la respiracion

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