horrorizado segundo, no pudo moverse. Ni respirar. El calor le abraso la cara y sintio un calambre en las entranas. Luego forzo una carcajada, rezando para que no sonara a oidos de el tan nerviosa como lo hizo a los de ella.

– Lei -dijo, intentando desembarazarse del sonrojo que le abrasaba las mejillas-. Quiero decir cuando lei la Guia crei que sabia lo que podia esperar. Pero me equivocaba.

Forzo los labios hasta esbozar con ellos una serena sonrisa, aunque sabia que su rostro seguia rojo como la grana. ?Acaso la mirada de el se habia tornado repentinamente vigilante? ?Especulativa? No, no. Sin duda eran imaginaciones suyas. La lengua le habia jugado una mala pasada. La gente cometia constantemente esa clase de errores. Simplemente tenia que cambiar de tema. Y dejar de sonrojarse.

No obstante, antes de poder hablar, Andrew dijo:

– Sin duda habras pensado en algun momento que en nuestro encuentro podrias concebir un hijo.

Aliviada al ver que el no le habia dado ninguna importancia a su tropiezo verbal, dijo:

– Si. No temas. Ya he tomado mis medidas para que no ocurra.

– Entiendo. Y eres consciente de que todavia corres el riesgo de que alguien descubra que somos amantes.

– Por supuesto. Aunque no me negaras que eso queda ostensiblemente minimizado por el hecho de que tu resides en Londres y de que regresaras a la ciudad dentro de una semana.

– En otras palabras, no temes que nos descubran porque esto es solo una disposicion temporal.

– Si. -Por razones que Catherine se nego a examinar, esa sencilla palabra le supo casi amarga.

Entre ambos se acomodo el silencio y Catherine se dio cuenta de que estaba conteniendo el aliento. Por fin, el asintio como muestra evidente de su acuerdo y, por alguna razon inexplicable, se sintio decepcionada al ver que no discutia con ella. Que no sugiriera que, de algun modo u otro, encontrarian la manera de continuar su relacion despues de la semana de su visita. No podian ni debian, naturalmente. Aun asi…

Dejo vagar la mente mientras el le pasaba los dedos por el pelo, provocandole un cosquilleo de la cabeza a los pies que le aparto cualquier idea de la cabeza.

– Tu pelo -dijo Andrew en voz baja- y tu piel son increiblemente suaves. -Su mano bajo por su hombro y luego por su brazo-. Nunca habia tocado nada tan suave, tan sedoso. -Clavo los ojos en los de ella, que se quedo inmovil al ver la seriedad que encerraba su mirada-. Tengo que confesarte algo, Catherine.

El corazon le dio un vuelco al oir la gravedad de su tono. ?Desearia Andrew que su aventura continuara despues de su visita?

– Te escucho.

– Nunca imagine que tendria la oportunidad de tocarte, y ahora que la tengo… -Rodeo su seno con la mano y una mirada maliciosa destello en sus ojos-. Y ahora que la tengo, debo confesar que no puedo parar.

Catherine contuvo el aliento cuando el llevo su pezon al borde del dolor. Poniendole la mano en el muslo, ella se inclino hacia delante hasta que apenas un escaso milimetro separo sus labios.

– Mi querido Andrew, no recuerdo haber recibido mejores noticias.

Con la mirada fija en las llamas bajas que crepitaban en la chimenea, una lenta sonrisa curvo hacia arriba las comisuras de los labios de la solitaria figura. Los planes seguian su curso. Todo estaba preparado…

El tictac del reloj situado en la repisa de la chimenea no era sino un irritante recordatorio del paso del tiempo. «Pero debo tener paciencia. Mi presa esta ya a la vista. Se quien eres. Pronto, muy pronto, todos los danos seran reparados.»

Capitulo 15

Puesto que los hombres tienden a ser criaturas olvidadizas, la mujer moderna actual debe dejar una indeleble impresion en la mente de su caballero de modo que el nunca llegue a apartarla totalmente de sus pensamientos. La forma mas efectiva de conseguirlo es decir o hacer algo que resulte deliciosamente travieso… de forma muy discreta, para que solo el repare en ello. Si un hombre cree que existe un encuentro sexual en su futuro inmediato, su atencion no se alejara demasiado.

Guia femenina para la consecucion

de la felicidad personal y la satisfaccion intima

CHARLES BRIGHTMORE

A la manana siguiente Andrew se preparo para salir de su habitacion con una sola cosa en la cabeza: Catherine. Tras un ultimo y prolongado beso, la habia dejado a reganadientes en su habitacion cuatro horas antes. Para ser mas exactos, cuatro horas y once minutos, y no es que llevara la cuenta.

Muy bien, si, llevaba la cuenta. Y esas cuatro horas y once minutos se le antojaban cuatro anos. Necesitaba tocarla. Besarla. Estrecharla entre sus brazos para confirmar el milagro de la noche anterior. Hacerle el amor habia sido una revelacion. En sus suenos, la habia tocado y amado innumerables veces, pero nada le habia preparado para la realidad de sentirla debajo de el, mirandole con los ojos velados de deseo. Su cuerpo uniendose al de ella mientras expresaba en silencio todas las emociones que habia mantenido bloqueadas durante tanto tiempo. Todas las cosas que no podia decir… todavia.

Salio de su habitacion y avanzo a paso firme por el pasillo, empujado por la impaciencia. Cuando mirara a Catherine a los ojos esa manana, ?veria en ellos reflejada toda la magia que habian compartido? ?El deseo de experimentar mas de lo mismo? ?O habria pasado Catherine las ultimas cuatro horas y ya once minutos decidiendo que la noche pasada era suficiente?

Apreto los labios. Si ella habia decidido que era suficiente, tendria que cambiar de condenada opinion. Era suya. Y Andrew estaba firmemente decidido a poseerla.

Cuando giro la esquina, alcanzo a ver a Milton acercandose a lo alto de las escaleras.

– Senor Stanton -dijo el mayordomo con sus precisos tonos de voz-. En este momento me dirigia a su habitacion. Ha llegado esto para usted. -Le presento una pequena bandeja de plata que contenia una nota sellada.

Andrew tomo la misiva. Se le tenso el estomago cuando reparo en su nombre garabateado con la irregular letra de Simon Wentworth. Dudaba de que el secretario que compartia con Philip le escribiera para darle buenas noticias.

– ?Ha dicho algo el mensajero?

– Solo que la nota era para usted y que no requeria respuesta. Ya se ha marchado.

– Entiendo. ?Estan en casa lady Catherine y Spencer?

– El senorito Spencer esta de camino al lago a tomar las aguas. Lady Catherine ha pedido que le suban el desayuno a su habitacion. El suyo esta servido en el comedor, senor.

– Gracias. Primero tengo que leer esta nota. Bajare enseguida.

Milton inclino la cabeza y a continuacion bajo las escaleras mientras Andrew regresaba a su habitacion. Despues de cerrar la puerta a su espalda, rompio el sello de cera y rapidamente leyo las palabras de la misiva.

Senor Stanton:

Le escribo para informarle de que alguien entro al museo anoche y lamento tener que comunicarle que las instalaciones se han visto seriamente perjudicadas. El juez cree que cuando el ladron -o los ladrones- se dieron cuenta de que no habia ningun objeto en el museo, fue presa de la rabia e infligio todo el dano que pudo a las instalaciones. Ataco con un hacha el suelo y las paredes y todas las ventanas recien instaladas estan rotas. El juez no tiene muchas esperanzas de que el rufian sea apresado, a menos que aparezca algun testigo que pueda aportar alguna informacion. Pondre a los obreros a trabajar para que reparen los danos, de modo que no necesita preocuparse de eso, pero no tengo ninguna experiencia con el manejo de los inversores y me temo que sus reacciones son ya, como poco, desfavorables. Lord Borthrasher y lord Kingsly han estado haciendo sus propias pesquisas, asi como la senora Warrenfield y el senor Carmichael. Por tanto, creo que lo mejor seria que regresara a Londres lo antes posible. Mientras tanto, intentare contratar a mas obreros. Siguiendo las instrucciones que me

Вы читаете Un Amor Escondido
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату