izquierda no habia nada excepto algunas estatuas de marmol, mientras que a la derecha estaba el belvedere. Y ese era el lugar al que Catherine pretendia llevarle. Quiso insistir en tomar el camino de la derecha. De hecho, deseaba galopar hasta el maldito belvedere, aunque ante la cortes solicitud de Andrew, no se le ocurrio forma alguna de negarse a su propuesta sin parecer grosera. Ni confesando la verdad de sus planes.

– Muy bien -accedio, con la esperanza de no sonar tan contrariada como realmente lo estaba. Vaya. Bueno, se limitaria a mirar educadamente lo que fuera que el queria mostrarle y luego le haria volver por donde habian ido. O tambien podia animarle a continuar andando por el mismo sendero, que en un momento dado dibujaba una curva que llevaba a la parte posterior del belvedere, aunque sin duda por una ruta mucho mas larga.

Ansiosa por terminar con aquello, Catherine echo a andar por el sendero de la izquierda, apenas resistiendose al deseo de coger a Andrew de la manga y tirar de el.

– ?Normalmente anda usted tan deprisa, Catherine? -pregunto Andrew con la voz salpicada de buen humor.

– ?Normalmente anda usted tan despacio?

– Bueno, en teoria esto iba a ser un paseo. Desgraciadamente, he olvidado traer conmigo un diccionario, y al parecer de nuevo lo necesitamos. Parece que usted ha confundido el significado del termino «paseo» por el de «carrera».

– No necesito ningun diccionario. Simplemente no soy mujer a la que le guste perder el tiempo.

– Ah, una cualidad admirable -dijo el, andando todavia mas despacio. «Dios santo, hasta los caracoles se movian mas deprisa»-. Sin embargo, hay ciertas cosas que si deberian ser tomadas con calma.

– ?Como por ejemplo? -Catherine no estaba especialmente interesada en la respuesta, pero quiza si seguia haciendole hablar, el se distraeria lo bastante como para avanzar un poco mas deprisa.

– El sonido de la brisa nocturna acariciando las hojas. El aroma todavia presente de las flores diurnas…

Apenas logro contener un suspiro de impaciencia. Que el cielo la ayudara. Ahi estaba el, poniendose poetico sobre las brisas y las flores mientras ella estaba mas frustrada con cada minuto que pasaba. ?Es que aquel hombre no se daba cuenta de que se moria de ganas de verse entre sus brazos y de ser besada hasta que las rodillas se le volvieran pure?

«Ohhh», bufo de colera en silencio. ?Que clase de maldita suerte habia caido sobre ella para maldecirla asi con la atraccion por un hombre que sin duda era mas espeso que la mas espesa niebla y que avanzaba mas despacio que una tortuga dormida?

– … el olor del cuello de una mujer.

Esa frase la arranco bruscamente de su ensimismamiento. ?El olor del cuello de una mujer? Eso sonaba… interesante. Prometedor. Maldicion, ?que se habia perdido? Antes de poder preguntarselo, Andrew se detuvo y la rodeo hasta quedar frente a ella. Catherine miro a su alrededor y reparo en que estaban en su rincon preferido del jardin: un pequeno y aislado semicirculo al que carinosamente habia bautizado con el nombre de La Sonrisa del Angel. Andrew debia de haber dado con el por mera casualidad, pues quedaba oculto del sendero principal por unos altos setos. Un paseante ajeno a la propiedad jamas habria reparado en el, a menos que supiera donde buscarlo.

– Este es su rincon favorito del jardin -dijo Andrew.

Las cejas de Catherine se arquearon bruscamente.

– ?Como lo sabe?

– Me lo ha dicho Fritzborne.

– ?Ah, si? No sabia que fueran ustedes tan… intimos.

– Tuvimos una larga charla el dia de mi llegada. Tambien hablamos bastante mientras limpiabamos la zona de los establos donde he montado el cuadrilatero de pugilismo, tras lo cual el me ofrecio un vaso de whisky. Es un buen hombre. Toma un whisky absolutamente espantoso, pero aun asi es un buen hombre.

– ?Se tomo un whisky con el mozo de cuadras? -Catherine intento imaginar a Bertrand haciendo algo semejante, sin exito.

– Asi es. Y, a juzgar por el sabor del licor, no estoy seguro de ser capaz de repetirlo. -Sonrio y sus dientes brillaron a la luz de la luna-. De hecho, fue solo el primer sorbo lo que dolio. Despues de eso, mis entranas dejaron de sentir.

– Y mientras tomaba usted ese whisky, el menciono por casualidad que este es mi rincon favorito del jardin.

– De hecho, fue mientras ejercitabamos a los caballos ese primer dia. Le pedi que me describiera su rincon favorito del jardin. Me dijo que era un lugar al que usted llamaba La Sonrisa del Angel y que era una replica del rincon favorito que su madre tenia en su propio jardin.

Catherine asintio, ligeramente perpleja.

– Le pedi a Fritzborne que plantara los setos y me encargue personalmente de las flores: basicamente rosas, asteres, delfiniums y lirios, las favoritas de mi madre. -Miro a su alrededor, sintiendose imbuida de la paz que aquel rincon siempre le producia-. Hay que verlo durante el dia para apreciar su belleza y serenidad. El modo en que el sol brilla entre esos arboles -dijo, senalando un bosquecillo de altos olmos situados a unos cinco metros de donde estaban- bana este pequeno rincon con un semicirculo de luz que parece…

– La sonrisa de un angel.

– Si. Antes de su muerte, mi madre y yo pasamos muchas horas felices juntas en los jardines. Cuando estoy aqui, me siento como si ella estuviera conmigo, sonriendome desde el cielo. -Repentinamente avergonzada de sus divagaciones, dijo-: No es mas que una tonta extravagancia.

Andrew la tomo suavemente de las manos y entrelazo sus dedos con los de ella, gesto que la reconforto y la excito simultaneamente.

– No es ninguna bobada, Catherine. Es importante tener sitios que signifiquen algo para nosotros, lugares a los que poder ir y poner en orden las ideas. O simplemente a disfrutar de un poco de tranquilidad.

– Usted debe de tener un lugar asi para comprenderme tan bien.

– He tenido varios durante mis viajes.

– ?Tiene alguno en Inglaterra?

– Si. -Sonrio-. La proxima vez que viaje a Londres, le ensenare mi banco favorito de Hyde Park, y mi sala favorita del Museo Britanico.

Catherine le devolvio la sonrisa e ignoro firmemente su voz interior, que volvio a la vida entre toses para recordarle que no tenia intencion de viajar a Londres en un futuro cercano.

– ?Por que le pregunto a Fritzborne por mi rincon favorito del jardin?

– Porque tenia que saberlo para su sorpresa.

– ?Otra sorpresa? No estoy segura de ser hoy capaz de soportar mas sorpresas.

– No tema. Venga.

Le solto una mano y luego, todavia con la otra firmemente cogida, la llevo hasta el bosquecillo de olmos. Curiosa, Catherine miro a su alrededor, pero no vio nada fuera de lo comun. No obstante, cuando Andrew se detuvo junto al arbol mas alto, el aroma de la tierra recien excavada le hizo cosquillas en la nariz y la obligo a bajar los ojos. Y se quedo helada.

Ante sus ojos, a la palida luz de la luna, se extendia un parterre de flores lleno de una profusion de plantas de varios tamanos que rodeaban los dos arboles mas alejados. Al instante Catherine reconocio el familiar follaje y contuvo el aliento.

– ?Que es eso?

– ?Reconoce la planta? Es una…

– Dicentra spectabilis -susurro-. Si, lo se.

– Segun me dijo, el corazon sangrante era su favorita. Me he dado cuenta en que tiene algunos corazones sangrantes repartidos por su jardin, pero ningun grupo numeroso.

Como aturdida, Catherine solto su mano y se agacho para pasar con suavidad el dedo por una delicada hilera de diminutos y perfectamente torneados brotes colgantes rojos y blancos.

– ?Usted ha hecho esto?

– Bueno, no puedo atribuirme todo el merito. He contado con la ayuda de Fritzborne y de Spencer.

– ?Estan ellos al corriente de esto?

– Si. Spencer me ayudo a elegir las plantas cuando visitamos el pueblo. Fritzborne las escondio en los establos y esta tarde las ha transportado hasta aqui. Spencer y yo las hemos plantado. -Se rio entre dientes-.

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