como le gustaban las margaritas, le gustaba Matt. Comprendio que, mientras se limitara a mirarlo de ese modo, no tenia motivos para preocuparse.

Entonces lo tomo de la mano y lo llevo hacia una mesa en la que habia botellas de vino y ceramica.

– ?Que estamos haciendo? -pregunto el.

– Decidiendo que comprar.

– Preferiria llevarte a la bodega y hacerte el amor detras de los toneles de roble.

Jilly hizo un esfuerzo por apartar la imagen de su mente y simulo una mueca de preocupacion.

– Estoy segura de que podria ser muy nocivo para los vinos -dijo, en tono burlon-. Probablemente, afectaria a los taninos.

– Sean lo que sean.

Ella puso voz de maestra de escuela y explico:

– Los taninos son unas sustancias que se encuentran en la piel, las semillas y los tallos de las uvas. Son importantes porque reaccionan ante el oxigeno y evitan que el vino se estropee como consecuencia de una oxidacion prematura.

El la miro con los ojos cargados de deseo y comenzo a besarle el cuello.

– Odio cuando suceden esas cosas. La oxidacion prematura es uno de los peores males de la humanidad.

Ella tuvo que contener las carcajadas.

– No me distraigas que aun no se que comprar.

A pesar de lo que acababa de decir, Jilly se recogio el pelo para que Matt pudiera besarle la nuca con facilidad.

– Puedo resolver el problema de la compra en cinco segundos -dijo el, sin apartar la boca-. Compremos una botella de cada vino y larguemonos de aqui.

Ella lo miro con el ceno fruncido.

– Evidentemente, no sabes lo que es vivir con un presupuesto limitado -protesto.

– Tienes razon. Te prometo que en cuanto nos desnudemos podras hablarme de tus problemas economicos.

– Y pensar que creia que yo era la insaciable…

– ?No te lo he dicho? Insaciable es mi segundo nombre.

– ?Si? ?Desde cuando?

De pronto, Matt se puso serio.

– ?De verdad quieres saberlo, preciosa? – pregunto.

Jilly se sorprendio por el repentino cambio de tono y, por mucho que supiera que lo mejor era responder que no, no pudo controlar lo que le pedia su corazon.

– Si -accedio, finalmente.

– Me he vuelto insaciable desde que entre en la habitacion 312 del hotel el viernes por la noche.

La respuesta de Matt la dejo sin aliento. Era exactamente lo que temia oir, aunque tambien lo que deseaba que dijera porque a ella le ocurria lo mismo.

– A ti te pasa igual -murmuro el, mirandola a los ojos.

El panico se apodero de Jilly. Sentia la imperiosa necesidad de mentir, de salir corriendo, de suplicar piedad. Sin embargo, no tenia sentido que mintiera porque el se daria cuenta. Por otra parte, no era una mentirosa.

De modo que relajo la frente y dijo:

– Es cierto, siento lo mismo.

Matt respiro aliviado, le tomo la cara entre las manos y le acaricio las mejillas.

– La pregunta es: ?que vamos a hacer con esto, Jilly?

Al escuchar lo que el mismo acababa de decir, Matt deseo poder volver el tiempo atras. Se dijo que no tendria que haber preguntado eso, que no deberia haber verbalizado aquello que lo venia inquietando. Jilly se habia quedado en silencio y lo miraba con recelo, y esa reaccion le confirmaba que acababa de cometer un error tremendo. Justamente, porque sabia que podia perder el control, habia hecho las reservas en el salon de belleza del hotel para asi poder pasar una hora alejada de ella y del poder que ejercia sobre el.

– Vamos a hacer lo que habiamos acordado -respondio Jilly-. Vamos a disfrutar juntos del resto del fin de semana y, el lunes, volveremos a la relacion laboral de siempre.

– Tienes razon.

El problema era que Matt sospechaba que iba a resultarle imposible respetar ese acuerdo despues de los momentos que habian compartido. De hecho, sabia que seria incapaz de volver a referirse a ella como «la princesa de hielo» o «la enemiga numero uno» y, en cierta forma, esos apodos eran uno de los aspectos fundamentales en la relacion que mantenian como companeros de trabajo.

Con todo, forzo una sonrisa y trato de parecer despreocupado.

– Ya que nuestro fin de semana se termina manana, propongo que volvamos al hotel y disfrutemos del tiempo que nos queda -dijo el-. ?Crees que podriamos usar todos los preservativos que he comprado?

Jilly lo miro con una expresion mas relajada.

– Solo hay una manera de averiguarlo. Sin embargo, son treinta y seis preservativos y apenas tenemos veinticuatro horas -senalo y nego con la cabeza-. Me temo que van a sobrar algunos.

– Eso no me preocupa, estoy dispuesto a batir el record. ?Que dices?

– Digo que terminemos de comprar y nos marchemos de aqui.

Matt eligio dos bandejas de ceramica pintada a mano para regalarles a su hermana y a su madre en Navidad, y Jilly, un juego de te para su familia y un par de tazas de cafe para ella.

– El cafe combina muy bien con el chocolate -comento ella, con una sonrisa traviesa.

Despues, escogieron varias botellas de vino y fueron hacia la caja. Mientras les envolvia los paquetes, Joe los entretuvo contandoles algunas historias de su infancia en Italia.

En cuanto termino, les senalo una enorme copa de cristal junto a la caja registradora y dijo:

– Hacemos un sorteo todos los meses y el ganador se lleva seis botellas de vino. Para participar, lo unico que teneis que hacer es meter una tarjeta con su nombre.

Tanto Matt como Jilly sacaron sus tarjetas comerciales y se las pasaron a Joe, que las observo con sumo interes.

– Agencia de publicidad Maxximum – leyo-. ?Trabajais juntos?

Matt se sintio incomodo porque, en aquel momento, no deseaba que le recordasen el tema.

– Si -contesto Jilly.

Con un ademas solemne, Joe introdujo las tarjetas en el recipiente.

– Mi esposa tambien trabaja en la bodega -comento-. En ocasiones es dificil, pero en general suele ser gratificante.

Acto seguido, les entrego los paquetes y agrego:

– Buena suerte, Mathew y Jillian. Espero volver a veros. Si venis en verano, cuando las vides estan verdes y cargadas de uvas blancas y moradas, prometo que os llevare a recorrer los vinedos Galini personalmente.

– Gracias, Joe. Es una oferta muy atractiva -dijo Jilly, con una sonrisa.

A Matt se le hizo un nudo en el estomago al pensar en la posibilidad de que ella volviera a ese lugar con otro hombre.

Se esforzo para disimular la irritacion y se despidio de Joe amablemente. Despues, Jilly y el caminaron hacia la salida. Cuando Matt abrio la puerta, sonaron las campanillas y los dos miraron hacia arriba. Otra vez estaban parados debajo del muerdago. Jilly sonrio, acerco la cara esperando el beso de rigor y Matt no pudo resistir a la tentacion. La atrajo hacia el y la beso apasionadamente. Al enderezar la cabeza, descubrio que ella lo miraba con deseo y se lleno de satisfaccion.

– ?Guau! -jadeo Jilly-. Este muerdago funciona de maravilla.

Por el rabillo del ojo, Matt pudo ver que Joe sonreia de oreja a oreja.

– El muerdago siempre funciona -aclaro el italiano.

Volvieron a despedirse y salieron rumbo al coche. En cuanto cerro el maletero, Matt comento:

– Estoy ansioso por que lleguemos a la habitacion, nos desnudemos y comencemos a gastar los treinta y seis preservativos. ?Que opinas?

– Opino que es bueno tener metas en la vida.

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