Jack, mas relajado. Jack se quito las gafas de sol y se seco el sudor de la cara con el hombro de la camiseta; efectivamente, la camiseta le habia traido suerte una vez mas, pues habia conseguido tres piezas.
– Voy a cambiarme, vuelvo enseguida -dijo Jack tras dejar las gafas y el sombrero sobre la mesa. Se metio en la tienda para cuatro personas que habian instalado junto a un alamo de Virginia-. Tened cuidado con las hormigas de fuego -les alerto arrastrando las vocales-. He visto un hormiguero junto a los lavabos. -Se quito la camiseta al tiempo que dejaba que la tienda se cerrase.
– Mama… -dijo Nathan.
Daisy aparto la mirada de la tienda y del retazo de espalda de Jack, de las ondulaciones de su columna, del elastico blanco justo por encima de la cintura de sus vaqueros…
– ?Si?
– ?Que son las hormigas de fuego?
Daisy rio con ganas y sacudio la cabeza.
– Son unas hormigas que, alli donde te muerden, sientes como si te quemasen con un tizon -respondio.
Nathan sonrio.
– Vaya con las hormiguitas -comento divertido.
Daisy sirvio algo de pollo y de ensalada en un plato y se lo paso a Nathan. Habia cogido tambien un termo con te helado, coloco algunos cubitos de hielo en unos vasos de plastico y lo sirvio.
– ?Lo has pasado bien? -le pregunto a su hijo.
Nathan se sento y se encogio de hombros de un modo que bien podria haber significado «supongo que si». Despues sonrio y bramo con acento tejano:
– ?Voy a llenar ese barco de peces cueste lo que cueste!
– Procura que no te muerdan las hormigas de fuego -replico su madre.
Nathan echo la cabeza hacia atras y se echo a reir.
– ?De que os reis? -pregunto Jack acercandose a ellos, al tiempo que se abrochaba los botones de la camisa. Era beige, de estilo tejano, con las mangas cortadas.
– Nathan dice que va a llenar tu barco de peces cueste lo que cueste -le explico Daisy.
Jack alzo la mirada y sus verdes ojos acariciaron el rostro de Daisy desde el otro lado de la mesa.
– Me parece muy bien. -Se hizo con un plato y puso en el varios pedazos de pollo-. ?Que es eso? -pregunto senalando la bandeja de ensalada.
– Ensalada.
Jack fruncio el ceno y dijo:
– Parece comida para ninos. Un revuelto de verduras y frutos secos.
Nathan rio y su madre le dedico una mirada reprobatoria.
– Esta muy bueno -aseguro Daisy.
– Te tomo la palabra -dijo Jack; dejo tres rebanadas de pan en su plato y despues miro de nuevo a Daisy-. ?Y la mantequilla?
– ?Todavia sigues comiendo mantequilla? -le pregunto Daisy; hacia ya mucho tiempo que ella no usaba mantequilla para nada, y ni siquiera se le habia ocurrido llevarla-. Tengo queso para untar.
Jack nego con la cabeza y se alejo de la mesa. Camino hasta la trasera de su camioneta, abrio la portezuela y rebusco en la nevera. Cuando volvio, traia consigo una barra de mantequilla. Abrio el envoltorio y la dejo sobre la mesa.
– Llevas demasiado tiempo en el norte, Daisy Lee. -Se saco una navaja del bolsillo y corto la barra en varios trozos-. ?Quieres un poco? -le pregunto a Nathan.
Nathan asintio y Jack extrajo unas cuantas virutas con la navaja y se las paso. Nathan las coloco sobre el pan de centeno y estuvo un instante observando la navaja antes de devolversela a Jack.
– ?Y tu, Daisy, quieres?
– ?Cuando fue la ultima vez que lavaste esa navaja? -le pregunto ella.
– Hmm. -Jack se sento y fingio recapacitar durante unos segundos-. El ano pasado…, no, el otro. Fue justo despues de destripar un armadillo.
Nathan se echo a reir y le dio un buen mordisco a su rebanada de pan.
Daisy estaba segura de que mentia. Bueno, casi segura.
– No, gracias -acabo respondiendo.
– Tu te lo pierdes -dijo Jack antes de dar buena cuenta de aquel pedazo de pan cubierto con amarillos trocitos de mantequilla.
Daisy opto por la ensalada.
– Cobarde. Te asustan unas pocas hojitas de rucula y un punadito de frambuesas -le dijo ella.
– Claro que si -dijo Jack y en los extremos de sus ojos se formaron unas pequenas arruguitas-. Cuando un hombre como de esas el siguiente paso es vestirse de color rosa y colgarse un jersey de los hombros.
Nathan y Jack chocaron los cinco.
– Creia que os gustaria mi ensalada de frambuesas.
– No -dijo Nathan-. Tengo hambre.
Daisy no podia creerlo. Jack habia convertido a su hijo en un traidor. Lo estaba convirtiendo en alguien como el.
– ?Que has traido tu para cenar? -pregunto Daisy.
Jack cogio su navaja para destripar armadillos y corto el pollo.
– Arroz salvaje -respondio.
– ?Eso es todo? -pregunto ella.
– No, compre un poco de autentica lechuga y algo de queso azul para aderezarla -aclaro Jack.
– ?Cenaremos arroz salvaje y ensalada? -quiso saber Daisy.
Jack la miro desde el otro lado de la mesa como dandole a entender que era una pesada y anadio:
– Y el pescado.
– ?Estabas tan convencido de lo que ibas a pescar que no trajiste nada mas para cenar?
– Pues claro. Llevaba mi camiseta de la suerte.
Daisy se volvio hacia Nathan; parecia muy sorprendido.
Jack bebio un largo trago de te y dejo el vaso sobre la mesa; entonces anadio:
– Lo rebozare con harina y lo freire.
– ?Que bien! -dijo Nathan.
Jack aparto la mano del vaso de plastico rojo y senalo hacia su hijo.
– Es la comida que hace que a los chicos les salga pelo en las bolsitas de te.
La confusion se adueno del rostro de Daisy, y Nathan se apresuro a aclarar:
– Las gonadas.
Vaya por Dios, Daisy podria haberse pasado todo el fin de semana para descubrirlo.
– Ya -dijo casi en un susurro-, pero yo no soy un chico.
– Y no tienes bolsitas de te -aclaro su hijo innecesariamente.
Daisy nego con la cabeza y se llevo la mano al pecho.
– A decir verdad, nunca he querido tener bolsitas de te.
– Es lo que dicen todas antes de probarlas -dijo Jack con una sonrisa burlona. Acto seguido, Nathan y el estallaron en una sonora carcajada, como si compartiesen una broma secreta de la que ella quedase excluida.
Al observar a su hijo riendo, Daisy se sintio prescindible. Apartada del club de los chicos. Pero eso era lo que ella deseaba, ?o no? ?No habia sido ese el motivo de volar hasta alli? ?Acaso no deseaba que ambos se conociesen, que Nathan conociese a su autentico padre? ?O sea, que se impusiese el rollo de las navajas y las bolsitas de te y ese tipo de cosas?
Si, pero no a sus expensas. No queria sentirse excluida. Queria formar parte tambien del club de las bolsitas de te. No era justo que la excluyesen por no disponer del material adecuado. Cuando eran jovenes, Jack habia empleado esa misma tactica para apartarla de un monton de cosas.
– Se lo que estas intentando hacer, Jack -dijo.
El la miro a los ojos.
– Intentas excluirme como haciais Steven y tu cuando no queriais que estuviese cerca -aclaro Daisy.
