Para Jack estaba muy claro lo que Nathan sentia por su madre. Tal vez se quejase de que le trataba como a un nino, pero la queria con locura. Podia llevar el pelo de punta y un piercing en el labio, pero Billy tenia razon. Daisy y Steven le habian educado bien, y se notaba. Era un buen chico.

Y Jack no tenia nada que decir a eso. Agarro una toalla y se seco las manos. Intento impedir que la amargura que le habia estado ocultando a Nathan surgiese e hiciese mella en el. Logro mantenerla bajo control, justo debajo del irreprimible deseo que sentia por Daisy y que amenazaba con volverle loco.

?Como era posible que siguiese deseandola? ?Por que queria tocarla y besarla? ?Por que deseaba enredar los dedos en su cabello dorado y sentir el calor de su piel bajo sus manos? ?Por que queria aduenarse del aroma de su cuello y sumergirse en sus ojos castanos? ?Como era posible que, al mismo tiempo, sintiese el impulso de hacerle el mismo dano que ella le habia hecho a el? No le encontraba el mas minimo sentido.

Jack se colgo la toalla del hombro y vio como Nathan buceaba hasta donde se encontraba Daisy. Ella grito cuando Nathan tiro de ella hacia abajo. Jack no pudo evitar sonreir. Daisy siempre se las ingeniaba para hacerle reir incluso contra su voluntad, para hacerle recordar cosas que dibujaban una sonrisa en sus labios incluso sin darse cuenta. Le recordaba una y otra vez los buenos ratos que habian pasado juntos en el pasado, antes de que todo se fuese al traste.

Si cerraba los ojos, podia rememorar lo que sentia cuando la tenia entre sus brazos. El peso de su cuerpo cuando se inclinaba hacia el. La textura de su cabello cuando Jack dejaba descansar el menton sobre su cabeza. El sonido de su voz al pronunciar su nombre, ya fuese con rabia o con deseo. Los sabores y las texturas de Daisy Lee. Lo recordaba todo con absoluta precision, aunque habia deseado olvidarlo.

Jack coloco el carbon en el hoyo para fuegos, lo prendio y saco una cazuela. Coloco un CD de Jimmy Buffet en el aparato de musica y mezclo harina, sal y pimienta para el pescado. Mientras en su cancion Jimmy hablaba de aletas que corrian en circulos, Jack no podia apartar la vista de cierto banador blanco que corria por el lago. Mojado era casi transparente, pero solo casi.

Cuando regresaron de pescar Nathan y el, Jack se coloco en la proa y vio a Daisy caminar hacia el agua. Hacia el, con el aspecto de una modelo de ropa interior con uno de esos picardias de una pieza que muestran la pierna hasta la cadera. Estaba sexy a mas no poder. Era como un sueno hecho realidad. Durante unos segundos, Jack se pregunto como serian las horas si lo que estaba viviendo fuese su vida cotidiana, su autentica vida. Regresar de una jornada de pesca con su hijo para encontrar a Daisy esperandolos. Rodearla con los brazos y estrecharla con fuerza. Tocarla todo cuanto quisiese. Siempre que quisiese. Alli donde quisiese. Durante un breve instante, al pensar en semejante tipo de vida casi se le aflojaron las rodillas.

Pero esa no era su vida. No era su autentica vida, y no tenia ningun sentido siquiera plantearselo.

Jack rebozo el pescado con harina y empezo a hacer el arroz en la cazuela. Daisy y Nathan salieron del agua y fueron a vestirse a la tienda. Cuando Daisy surgio del interior llevaba una ligera camisa de color azul con las letras GAP en la parte de delante, a juego con unos pantalones tambien azules y unas zapatillas Nike de lona azul. Se habia recogido el pelo en la nuca con uno de sus tipicos pasadores. Puso la mesa mientras Jack freia el pescado en una parrilla encima del carbon. Cenaron juntos, como una familia. Charlaron y rieron. Y Jack tuvo que volver a recordarse que esa no era su autentica vida.

Despues de cenar jugaron a poquer con cerillas de madera. Cuando oscurecio, Jack saco las lamparas y siguieron jugando hasta que Nathan empezo a bostezar y decidio irse a la cama.

– Todavia es temprano -senalo Jack mientras recogia las cartas.

– Estoy hecho polvo -dijo Nathan camino de la tienda.

– A veces hace eso. El otro dia se fue a acostar justo despues de cenar y no se desperto hasta la hora del desayuno -le informo Daisy mientras Jack iba metiendo las cartas en una cajita-. Supongo que esta creciendo tan deprisa que se le cansa todo el cuerpo.

Jack se puso en pie y se acerco a su camioneta. Cogio su chaqueta tejana y regreso junto al fuego. Las estrellas brillaban en el ancho cielo de Tejas mientras el avivaba las brasas. Echo un par de troncos y se sento en una de las sillas plegables que habia colocado junto al fuego. Estiro las piernas y se quedo mirando el fuego. Empezo a pensar en como iban a organizarse para dormir y se pregunto si tendria que haberse traido otra de las tiendas de Billy. Dormir juntos en la misma tienda no iba a resultar sencillo. Jack nunca habia dormido tan cerca de una mujer. Seria la primera vez y, gracias a Dios, Nathan dormiria entre los dos. Porque cada vez que pensaba en Daisy acababa pensando en sexo, y le inquietaba enormemente la idea de quedarse dormido y despertar con la nariz pegada a sus pechos.

– Hacia mucho tiempo que Nathan y yo no ibamos juntos a algun sitio y nos divertiamos tanto -dijo Daisy justo antes de sentarse en la silla de al lado-. Muchisimas gracias, Jack.

– No se merecen. -Jack apoyo las manos sobre el vientre y cruzo los pies a la altura de los tobillos. Intento apartar de su mente cualquier pensamiento relacionado con los pechos de Daisy. El fuego crepitaba. Entre silencio y silencio, Daisy le hablo un poco mas de sus planes de vender la casa que habia compartido con Steven y de montar su propio estudio fotografico. Estaba preparada para iniciar su nueva vida, realmente se sentia ansiosa por ponerse manos a la obra.

Hablaron de Billy y de su familia, y ella le puso al corriente de las ultimas novedades sobre Lily. El divorcio de su hermana se concretaria en cuestion de dias. Segun Daisy, Lily habia ordenado por fin y definitivamente sus pensamientos. Jack tenia sus dudas, pero no dijo nada al respecto.

– Estar en Tejas otra vez me trae un monton de recuerdos -dijo Daisy-. La mayoria buenos. -Jack sintio el peso de su mirada y volvio ligeramente la cabeza hacia ella. La luz del fuego danzaba en su cabello y en su rostro-. ?Te acuerdas de cuando Steven, tu y yo construimos aquella capsula del tiempo con una lata de cafe y la enterramos de tu casa? -le pregunto.

Si, por supuesto que se acordaba, pero nego con la cabeza y levanto la vista hacia el cielo, negro como el azabache y punteado de estrellas. Se limito a esperar que ella se olvidase de eso y pasase a otro tema, pero ya deberia conocerla mejor.

– Metimos nuestros mejores tesoros en aquella lata, y dijimos que la desenterrariamos al cabo de cincuenta anos -explico a Jack.

Daisy rio con gusto y Jack se volvio para mirarla.

– No recuerdo que meti yo -dijo Daisy; recapacito durante unos segundos y despues chasqueo los dedos-. ?Oh, si! Un anillo con un diamante falso que tu ganaste para mi en una feria. Tambien un pasador que Steven habia encontrado en alguna parte y que me habia regalado. Tu metiste un coche de juguete Matchbox, y Steven unos cuantos soldaditos de color verde. -Le miro fijamente y fruncio el ceno-. Habia algo mas.

– Tu diario -dijo Jack.

– Es verdad. -Daisy se echo a reir, pero se detuvo de pronto-. ?Como es posible que te acuerdes?

Jack se encogio de hombros y se puso en pie para ir a avivar el fuego.

– Supongo que tengo buena memoria -le respondio.

– ?Desenterraste la lata? -Jack se mantuvo en silencio, y Daisy se levanto y se acerco a el-. ?Lo hiciste? - insistio.

El empujo uno de los troncos con la punta de la bota, y un punado de destellos rojos se elevo en la oscuridad.

– Lo hicimos Steven y yo.

– ?Cuando? -pregunto ella.

– Una semana despues de que la enterrasemos. Teniamos que saber que habias escrito en tu diario. La curiosidad pudo con nosotros -confeso Jack.

Daisy se aclaro la garganta.

– Invadisteis mi intimidad. Abusasteis de mi confianza. ?No hay derecho!

– Si, y, por lo que recuerdo, tu diario era un autentico toston. Steven y yo estabamos convencidos de que leeriamos un monton de intimidades jugosas, como que estarias enamorada de alguien o que te habrias besado con algun chico. Tambien queriamos saber que pasaba en esas fiestas para chicas a las que solias asistir. -Jack se metio las manos en los bolsillos de sus Levi’s y se apoyo en la otra pierna-. Si mal no recuerdo, de lo unico que hablabas era de tu jodido gato.

– ?Te refieres al Senor Skittles? -Daisy abrio la boca de par en par, cogio a Jack por el brazo y lo obligo a volverse hacia ella-. ?Leisteis mis reflexiones privadas sobre el Senor Skittles?

– Odiaba a ese gato. Cada vez que iba a tu casa me lo encontraba en la entrada y me dedicaba un bufido -

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