– Entonces probablemente sabras que es demasiado confiada. Haria cualquier cosa para ayudar a las personas que le importan.
Joe se pregunto si ayudar a los que le importaban incluia deshacerse de mercancia robada.
– Si, realmente es un encanto.
– Si, lo es, y odiaria ver como alguien se aprovecha de ella. Soy muy bueno juzgando a la gente y eres la clase de tio que trabaja lo justo para ir tirando, y nada mas.
Joe ladeo la cabeza y sonrio al pequeno hombre con delirios de grandeza. Lo ultimo que queria era que Kevin desconfiara de el. En realidad le interesaba lo contrario. Necesitaba que confiara en el, camelarlo para que fueran amigos.
– ?No me digas? ?Puedes deducir eso de mi cinco minutos despues de conocerme?
– Bueno, obviamente, un manitas no nada precisamente en la abundancia. Y si las cosas te fueran bien Gabrielle no habria inventado un trabajo para ti. -Kevin echo la silla hacia atras y se levanto-. Ninguno de sus otros novios ha necesitado un trabajo. Ese profesor de filosofia con el que salia el ano pasado podia ser un estupido, pero al menos tenia dinero.
Joe observo como Kevin se acercaba a uno de los archivadores y abria un cajon. Guardo silencio y dejo que fuera el quien hablara todo el tiempo.
– Ahora mismo cree que esta enamorada de ti -continuo mientras archivaba el formulario-. Y te aseguro que no esta pensando en el dinero cuando puede conseguir un cuerpo como el tuyo.
Joe se levanto y cruzo los brazos sobre el pecho. Eso no era exactamente lo que habia dicho la senora. La que decia que no mentia.
– Me sorprendi un poco cuando te vi entrar esta manana. No eres la clase de tio con el que suele salir.
– ?Si??De que clase son?
– Normalmente le van los tios tipo New Age. Esos que se dedican a holgazanear fingiendo que meditan o discutiendo sinsentidos sobre la conciencia cosmica del hombre. -Deslizo el cajon para cerrarlo y apoyo el hombro contra el archivador-. No pareces la clase de tio al que le guste meditar.
Hubo un momentaneo silencio antes de que Kevin continuara.
– ?De que estabais hablando en el callejon?
Se pregunto si los habia estado escuchando en la puerta trasera, pero suponia que de haber sido asi no estarian teniendo aquella conversacion. Dejo que una sonrisa curvara lentamente las comisuras de sus labios.
– ?Quien dijo que estabamos hablando?
Kevin sonrio, una sonrisa de esas «yo-tambien-soy-del-club-de-los-chicos», y Joe dejo la oficina.
La primera cosa que noto cuando se dirigio al frente de la tienda fue el olor, olia como un fumadero y se pregunto si Gabrielle le daba a la marihuana. Explicaria bastantes cosas.
La mirada de Joe vago por la estancia y observo el extrano surtido de cosas viejas y nuevas. En el mostrador de la esquina habia plumas, abrecartas y cajas con articulos de escritorio. En el mostrador del centro, al lado de la caja registradora, habia un despliegue de joyeria antigua bajo una campana de cristal. Tomo nota mental de todo antes de que su atencion fuera atraida por la escalera colocada delante del escaparate y la mujer subida en ella.
El brillo del sol iluminaba el perfil de Gabrielle, se filtraba a traves de su pelo castano rojizo y volvia transparente la blusa y la falda. Deslizo la mirada por la cara y barbilla, por los hombros delgados y la plenitud de sus senos. El dia anterior, habia estado muy cabreado y le dolia el muslo horrores, pero no estaba muerto. Habia sido muy consciente del cuerpo suave que se apretaba contra el suyo. Y de sus senos, que habia contemplado a hurtadillas algunos minutos mas tarde cuando caminaban al coche con la fria lluvia empapandole la camiseta, enfriandole la piel y endureciendo sus pezones.
Sus ojos se movieron por la cintura y las elegantes caderas. No parecia que llevara puestas bajo la falda mas que unas braguitas. Probablemente blancas o beis. Despues de haberla seguido durante toda la semana anterior habia desarrollado bastante aprecio por sus piernas largas y torneadas. No importaba lo que dijera su carnet de conducir. Ella media cerca del metro ochenta, y tenia piernas que lo probaban. El tipo de piernas que se enlazaban sin esfuerzo alrededor de la cintura de un hombre.
– ?Necesitas que te eche una mano? -pregunto, mientras se dirigia hacia ella alzando la vista de las exuberantes curvas femeninas de su cuerpo a su cara.
– Seria genial -dijo, echandose el pelo hacia atras y mirandolo por encima del hombro. Cogio un gran plato azul y blanco del escaparate-. Hay un cliente que vendra esta manana para recoger esto.
Joe tomo el plato de sus manos y se echo hacia atras mientras ella bajaba de la escalera.
– ?Creyo Kevin que eres un manitas? -pregunto en un susurro.
– Cree que soy mucho mas que tu manitas. -Espero hasta que estuvo delante de el-. Cree que estas loca por mi cuerpo. -Observo como se pasaba los dedos por el pelo, alborotando todos aquellos rizos suaves como si acabara de salir de la cama. El dia anterior habia hecho lo mismo en la comisaria. Odiaba admitirlo, pero era jodidamente sexy.
– ?Me tomas el pelo?
Dio varios pasos hacia ella y le susurro al oido.
– Piensa que soy tu juguetito personal. -Su pelo sedoso olia a rosas.
– Espero que le dijeras la verdad.
– ?Por que habria de hacerlo? -Se enderezo, y sonrio ante su cara horrorizada.
– No se lo que hice para merecer esto -dijo, tomando el plato y pasando por su lado-. Estoy segura de que nunca he hecho nada lo suficientemente odioso para merecer este karma tan malo.
La sonrisa de Joe murio y se le pusieron los pelos de punta. Lo habia olvidado. La habia visto subida en aquella escalera con la luz del sol derramandose en cada curva suave de su cuerpo y, durante algunos minutos, habia olvidado que estaba chiflada.
Gabrielle Breedlove parecia normal, pero no lo era. Creia en karmas y auras, y juzgaba el caracter de las personas por el horoscopo. Probablemente tambien creia que podia comunicarse con Elvis. Estaba chiflada, y supuso que debia darle las gracias por recordarle que no estaba en la tienda para admirarle el trasero. Por su culpa, su carrera como detective estaba en un brete. No podia pifiarla otra vez. Aparto la mirada de su trasero y recorrio la tienda con la mirada.
– ?Donde estan esas estanterias que quieres que mueva?
Gabrielle coloco el plato en el mostrador al lado de la caja registradora.
– Alli -dijo, apuntando hacia las estanterias de metal y cristal que estaban atornilladas a la pared del fondo-. Quiero que las traslades al almacen.
Cuando el dia anterior habia hablado de las estanterias, habia pensado que se referia a vitrinas. Ahora al ver que habia que montarlas y asegurarlas se dio cuenta de que el trabajo le llevaria varios dias. Y si lo hacia bien podria alargarlo dos, o tal vez, tres dias mas en los que podria buscar cualquier cosa que delatara a Kevin Carter. Lo atraparia. No tenia dudas al respecto,
Joe se dirigio hacia la estanteria contento de que el trabajo le fuera a llevar su tiempo. A diferencia de las series policiacas, los casos de la vida real no se solucionaban en una hora. Llevaba dias, semanas y algunas veces incluso meses reunir las pruebas necesarias para un arresto. Habia muchas cosas a tener en cuenta. Habia que esperar a que alguien hiciera un movimiento en falso, se delatara o se descuidara.
Joe dejo que su mirada vagara por las coloridas tazas de porcelana y los marcos de plata. Varias cestas de mimbre estaban apoyadas sobre un viejo baul al lado de los estantes. Cogio una de las bolsitas de tela que habia en el interior de una de las cestas y se la llevo a la nariz. Estaba mas interesado en lo que podia haber dentro del baul que en eso. No era que en realidad esperara encontrar la pintura del senor Hillard tan facilmente. Si bien era cierto que algunas veces habia encontrado alijos de drogas y mercancia robada en los lugares mas obvios, no creia que fuera tan afortunado en aquel caso.
– Es solo una mezcla de flores secas.
Joe la miro por encima del hombro y devolvio la bolsita a la cesta.
– Ya me he dado cuenta, pero gracias de todas formas.
– Pense que podrias confundirlos con alguna clase de alucinogeno.
El observo aquellos ojos verdes y creyo detectar una chispa de humor en ellos, pero no estaba seguro. Quiza solo era una muestra mas de su demencia. Aparto la mirada de ella y recorrio la habitacion. Carter todavia estaba
