Cuando finalmente cerro la tienda, Gabrielle se sentia como si tuviera aire en el cerebro y la cabeza le fuera a estallar. Aunque no podia saberlo con total seguridad, creia que estaba al borde de un colapso cerebral por culpa de la tension nerviosa.

Llegar a casa en coche -algo que normalmente le llevaba diez minutos- no le llevo ni cinco. Su Toyota azul zigzagueo entre el trafico y hasta que no lo metio en el garaje de la parte trasera de su casa, no se sintio tranquila.

La casa de ladrillo que habia comprado hacia un ano era pequena y estaba llena de pequenos retazos de su vida. Ante una ventana salediza que daba a la calle, un enorme gato negro se estiraba encima de unos cojines de color melocoton demasiado gordo y perezoso como para exigirle un saludo en condiciones. Los rayos de sol que entraban por la ventana formaban charcos de luz sobre el suelo de madera y las alfombras de flores.

El sofa y las sillas estaban tapizados en tonos verdes y melocoton, y la habitacion estaba repleta de plantas florecientes. Un retrato a acuarela de un gatito negro sentado en una silla colgaba sobre una chimenea de ladrillo.

En cuanto Gabrielle habia puesto los ojos en esa casa se habia enamorado de ella. La casa era vieja al igual que sus primeros duenos, pero poseia el tipo de ambiente que solo podia conseguirse con el tiempo. El pequeno comedor tenia armarios empotrados y se comunicaba con una cocina con grandes alacenas desde el suelo al techo. Tenia dos dormitorios, uno de los cuales usaba como estudio.

Las tuberias rechinaban. El suelo de madera era frio y el agua goteaba en el lavabo del cuarto de bano. El inodoro vertia agua continuamente a menos que se cerrara la llave de paso, y las ventanas del dormitorio se habian encajado justo despues de pintarse. Pero la casa le encantaba a pesar de sus defectos, o precisamente por ellos.

Mientras se quitaba la ropa Gabrielle se dirigio al estudio. Atraveso el comedor y la cocina sin prestar atencion a los pequenos frascos y recipientes con ingredientes esenciales y otros aceites que habia preparado. Cuando llego a la puerta del estudio, lo unico que llevaba puesto eran las bragas.

Del atril del centro de la estancia colgaba una camisa salpicada de pintura. Una vez que se la abotono hasta la altura del pecho empezo a preparar las pinturas.

Sabia que solo habia una forma de expulsar la furia demoniaca que la envolvia ennegreciendole el aura. Cuando fallaba la meditacion y la aromaterapia, solo habia una forma para expresar la colera y el desasosiego. Solo una manera de expulsarla del alma.

No se molesto en preparar la tela ni en esbozar un perfil. No se molesto en trabajar la pintura al oleo ni trato de aclarar los colores oscuros. No tenia ni idea de lo que queria pintar. No se tomo tiempo para calcular cuidadosamente cada pincelada, ni le importo que se mezclaran todos los colores.

Solo pinto.

Varias horas mas tarde no se sorprendio al ver que el demonio de la pintura tenia un notable parecido con Joe Shanahan, ni que el corderito atado con esposas de plata tenia un sedoso pelo rojo en lugar de lana en la cabeza.

Dio un paso atras y con ojo critico observo la obra. Gabrielle sabia que no era un genio. Pintaba por amor al arte, pero, a pesar de eso, sabia que este trabajo no era de los mejores. Los oleos habian sido aplicados en exceso y el halo que rodeaba la cabeza del cordero parecia mas un malvavisco. La calidad no era tan buena como en otros retratos o pinturas que tenia apilados contra las paredes blancas del estudio. Y lo mismo que en las demas pinturas habia dejado para mas adelante las manos y los pies. Sintio el corazon mas ligero y una sonrisa le ilumino la cara.

– ?Me encanta! -anuncio a la habitacion vacia; luego mojo el pincel en pintura negra y agrego un horripilante par de alas al demonio del cuadro.

Capitulo5

A Gabrielle se le pusieron los pelos de punta al mirar como el detective Shanahan colocaba un microtransmisor dentro del auricular del telefono. Luego, Joe tomo un destornillador y volvio a ponerlo todo en su lugar.

– ?Ya esta? -susurro.

Habia una caja de herramientas abierta a sus pies y dejo caer dentro el destornillador.

– ?Por que estas susurrando?

Ella se aclaro la garganta y dijo:

– ?Acabaste, detective?

El la miro por encima del hombro y coloco el telefono en el soporte.

– Llamame Joe, soy tu amante, ?recuerdas?

Gabrielle habia pasado toda la noche tratando de olvidarlo.

– Novio.

– Da lo mismo.

Ella intento no poner los ojos en blanco, pero fracaso.

– Dime… -hizo una pausa y exhalo un suspiro-, Joe, ?estas casado?

El se volvio a mirarla y descanso el peso en un pie.

– No.

– ?Alguna chica afortunada de la que estes enamorado?

El cruzo los brazos sobre la camiseta gris.

– En este momento, no.

– ?Has roto con alguien recientemente?

– Si.

– ?Cuanto tiempo llevabais juntos?

La mirada de Joe bajo a la blusa color turquesa con grandes mariposas verdes y amarillas en el pecho.

– ?Que importancia tiene eso?

– Solamente trato de mantener una conversacion agradable.

El levanto la mirada a la cara otra vez.

– Dos meses.

– ?En serio? ?Como es posible que tardara tanto en recuperar la cordura?

El entorno los ojos y se inclino hacia ella.

– ?Estas loca? ?Es eso lo que te pasa? Estas de mierda hasta el cuello y soy el unico que puede ayudarte. En lugar de cabrearme, deberias intentar buscar mi lado bueno y llevarte bien conmigo.

Apenas eran las nueve de la manana y Gabrielle ya habia tenido suficiente detective Shanahan para nueve anos. Estaba harta de que le dijera que estaba loca, y de que se burlara de sus creencias personales. Harta de que la tratara mal, obligandola a ver como ponia un micro en el telefono o a ser su colaboradora. Lo miro fijamente, para provocarlo todavia mas. Normalmente trataba de ser una buena persona, pero no se sentia demasiado amable esa manana. Apoyo las manos en las caderas y decidio jugarse el todo por el todo.

– Tu no tienes lado bueno.

Joe deslizo la mirada lentamente por su cara, luego miro un punto por encima del hombro de Gabrielle. Cuando volvio a clavar los oscuros ojos en ella hablo con voz ronca y sexy.

– Eso no es lo que decias anoche.

«?Anoche?»

– ?De que estas hablando?

– Desnuda en mi cama, rodando entre las sabanas, gritando mi nombre y alabando a Dios al mismo tiempo.

Gabrielle apreto los punos.

– ?Eh? -Antes de que pudiera comprender lo que estaba haciendo, Joe le tomo la cara entre las manos y la atrajo hacia el.

– Besame, carino -dijo calentandole la mejilla con el aliento-. Dame tu lengua.

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