– Creo que este mes no nos lo podemos permitir. Tenemos que pagar ese envio de Baccarat. Seria mejor el mes que viene.

El mes que viene podria ser mejor para ellos, pero no para el Departamento de Policia de Boise.

– Tiene que ser esta semana. Lo pagare yo. No te importa, ?no?

Kevin se recosto en la silla y cruzo los brazos.

– O sea, que hay que hacerlo ya. ?Por que ahora? ?Que pasa?

– Nada. -Fue la unica respuesta que se le ocurrio.

– ?Que me estas ocultando?

Gabrielle observo los perspicaces ojos azules de Kevin y, no por primera vez, penso en contarselo todo. Despues podrian trabajar los dos en secreto, hombro con hombro para limpiar el nombre de Kevin. Luego se acordo del acuerdo de confidencialidad que habia firmado. Las consecuencias de romperlo eran muy serias, pero malditas fueran todas ellas. Al unico a quien le debia lealtad era a Kevin, y merecia que fuera sincera con el. Era su socio, y mas importante aun, su amigo.

– Estas colorada y pareces molesta.

– Un sofoco repentino.

– No eres lo suficientemente mayor para tener sofocos. Me estas ocultando algo. Tu no eres asi. ?Estas muy enamorada de tu manitas?

Gabrielle apenas contuvo un jadeo horrorizado.

– No.

– Debe de ser lujuria.

– ?No!

Se oyo un golpe en la puerta trasera.

– Ahi esta tu novio -dijo Kevin.

Puede que todo lo que pensaba se le reflejara en la cara, pero lo que Kevin estaba pensando en realidad era que estaba loca por el manitas que habia contratado. Algunas veces su socio creia que lo sabia todo, aunque no tuviera la mas remota idea de nada. Claro que lo que ella sabia de los hombres demostraba que eso, generalmente, les pasaba a todos. Dejo las facturas sobre el escritorio y salio de la habitacion. Actuar como la novia de Joe resultaba perturbador. Atraveso el almacen de la parte trasera, que disponia de una pequena cocina, y abrio la pesada puerta de madera.

Y alli estaba el, con unos Levi's gastados, una camiseta blanca y su inconfundible aura negra. Se habia cortado el pelo y unas gafas oscuras tipo aviador le cubrian los ojos. Tenia una expresion indescifrable.

– Llegas justo a tiempo -dijo a su reflejo en las gafas.

Joe arqueo una ceja.

– Siempre lo hago. -La tomo del brazo con una mano y cerro la puerta tras ella con la otra-. ?Llego Carter?

Solo un hilo de aire separaba la pechera de su blusa del torso de Joe y se vio envuelta en el perfume a sandalo y madera de cedro, y a algo tan intrigante que deseo poder darle nombre para embotellarlo.

– Si -dijo, y se solto de su mano. Se deslizo por detras de el y bajo al callejon deteniendose en el lado contrario al contenedor. Todavia podia sentir la presion de sus dedos en el brazo.

El la siguio.

– ?Que le has dicho? -pregunto en voz baja.

– Lo que me dijisteis que le dijera. -Su voz era apenas un susurro cuando continuo-. Que contrate a mi novio para trasladar algunos estantes.

– ?Y te creyo?

Hablar a su reflejo la enervaba y bajo la mirada de las gafas de sol a la curva del labio superior.

– Por supuesto. Sabe que nunca miento.

– Aja. ?Deberia saber algo mas antes de que me presentes a tu socio?

– Bueno, una cosa.

Joe apreto los labios ligeramente.

– ?Que?

Como en realidad no queria admitir que Kevin creia que ella estaba enamorada de el, simplemente tergiverso un poco la verdad.

– Cree que estas loco por mi.

– Bueno, ?y por que piensa eso?

– Porque se lo dije -respondio, y se pregunto cuando mentir se habia convertido en algo tan divertido-. Asi que sera mejor que seas de lo mas agradable.

Sus labios se convirtieron en una linea dura. Para el no era nada divertido.

– Quiza deberias traerme rosas manana.

– Si, y quiza deberias esperar sentada.

Joe escribio una direccion y un numero de la seguridad social falsos en un formulario W2 y miro alrededor estudiando cada pequeno detalle con interes aunque exteriormente aparentara todo lo contrario. No habia trabajado de incognito desde hacia un ano, pero era como montar en bicicleta. No habia olvidado como memorizar todo lo que le rodeaba.

Escucho el ligero taconeo de las sandalias de Gabrielle que salia de la habitacion, y el molesto chasquido de la pluma de Kevin Carter al apretar repetidamente con el pulgar el pulsador de su Montblanc. Cuando Joe entro, lo primero que observo fueron dos archivadores altos, dos estrechas ventanas cerca del techo en el lado de Gabrielle y un monton de chismes encima del escritorio. En el escritorio de Kevin habia un ordenador, una papelera de alambre y un libro de nominas. Todo, en la parte de la habitacion de Kevin, parecia estrategicamente medido, cada cosa estaba en su lugar. Un fanatico compulsivo del control.

Cuando acabo con el formulario, Joe se lo dio al hombre sentado al otro lado del escritorio.

– Por lo general no me dan de alta -le dijo a Kevin-. Normalmente me pagan en negro y el fisco ni se entera.

Kevin miraba la hoja.

– Aqui lo hacemos todo legalmente -contesto sin levantar la mirada.

Joe se recosto en la silla y cruzo los brazos. Que jodida mentira. No le habia llevado ni dos segundos decidir que Kevin Carter era tan culpable como el pecado. Habia detenido a tantos delincuentes que reconocia a los infractores de la ley de un solo vistazo.

Kevin vivia por encima de sus posibilidades incluso siendo alguien que llevaba a extremos la filosofia de los noventa de ganar por gastar. Conducia un Porsche y llevaba un traje de diseno con una camisa italiana. Dos fotografias de Nagel colgaban en la pared detras de su escritorio y escribia con una pluma de doscientos dolares. Ademas de su participacion en Anomaly, llevaba la contabilidad de otros negocios en la ciudad. Vivia al pie de las colinas, donde un hombre valia segun la vista que tuviese de la ciudad desde la ventana de su sala de estar. El ultimo ano habia representado un ingreso de cincuenta mil dolares para hacienda. No era suficiente para sostener ese estilo de vida.

Si habia un hilo comun que apuntaba a un comportamiento criminal, era ese. Tarde o temprano todos los ladrones se volvian tan presuntuosos que acababan apuntando muy alto y endeudandose hasta sobrepasar la moderacion.

Kevin Carter era la viva imagen de los excesos de un criminal, estaba tan claro como si lo anunciara con una senal de neon sobre la cabeza. Como muchos otros antes que el, era lo bastante estupido para ser ostentoso y lo suficientemente presuntuoso para creer que no lo atraparian. Pero esta vez estaba con el agua hasta al cuello y debia de estar sintiendo la presion. Vender candelabros antiguos y salseras no era lo mismo que vender un Monet.

Kevin dejo a un lado el impreso y miro a Joe.

– ?Cuanto hace que conoces a Gabrielle?

Gabrielle Breedlove era otra historia. Ahora ya no importaba si era culpable o inocente tal y como proclamaba, aunque si tenia interes en saber cual era su punto debil. Era mucho mas dificil de clasificar que Kevin y Joe no sabia que pensar de ella, dejando aparte el hecho de que era mas irritante que Skippy.

– Lo suficiente.

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